12/05/2016

Estados Unidos y Europa, el gran mercado mundial

La Asociación Transatlántica para el Comercio y la
Inversión (ATCI), conocida en lengua inglesa como TransatlanticTrade and
InvestmentPartnership (TTIP) o Área de Libre Comercio Trasatlántico, fue
lanzada por Estados Unidos en el año 2013 y aún hoy continúan las negociaciones
dentro del bloque europeo en busca de su aprobación final.

 

Para que el TTIP entre finalmente en vigor debe ser
aprobado en el Consejo Europeo por una mayoría calificada, o sea, el 55% de los
Estados que representen el 65% de la población del viejo continente. Posteriormente,
deberá contar con el visto bueno del Parlamento europeo y la ratificación de
los Congresos nacionales. Además, claro, de la aprobacióndel Congreso de
EEUU.Un largo camino que hasta ahora ha mostrado más dificultades que certezas.

 

Además, como la nueva sociedad comercial no prevé la
aprobación de la ciudadanía a través de un referendo, en Europa, y sobre todo
en Alemania, se produjeron importantes movilizaciones el mes pasado. ONG´S,
sindicatos y otras organizaciones sociales y civiles han hecho sentir su voz
frente a las negociaciones secretas que los gobiernos se niegan a mostrar.

 

Antes de la llegada a Europa del principal promotor de
TTIP, el presidente Barack Obama, miles de manifestantes se reunieron en la
ciudad de Hanover el 23 de abril, donde no sólo expresaron  su rechazo sino que pidieron a la canciller
alemana, Ángela Merkel, que brinde información sobre el estado de las
negociaciones y consulte a la población y las organizaciones sobre los
supuestos beneficios que tendrá la economía de una de las potencias de la UE.

 

Mientras tanto, y ante la falta de respuestas, los
manifestantes remarcaron que el acuerdo supone una “verdadera ofensa
contra la sociedad civil”, una “amenaza para la democracia” y
que podría llegar a “poner en peligro los estándares sociales y
ecológicos” de la región.

 

Del otro lado del océano también se alzan algunas
voces opositoras al proyecto. El economista, escritor y periodista
estadounidense Paul Craig Roberts, declaró en diversos medios de comunicación
que los acuerdos como el TPP y el TTIP “no tienen nada que ver con el
comercio”, porque son tratados que se negociaron “en secreto” y conceden
“inmunidad a las grandes compañías respecto a las leyes de los países en los
que operan”. 

 

El economista asegura que estos tratados establecen
que las compañías podrán demandar y multar a los Gobiernos soberanos por
cualquier ley existente o futura, cualquier regulación de los beneficios
empresariales o cualquier restricción comercial que establezcan. Así, “se
sustituirá la democracia por la reglamentación empresarial“, indicó Craig
Roberts.

 

Los objetivos
del TTIP

 

Los impulsores del proyecto explicaron que el nuevo
acuerdo busca aumentar el comercio y la inversión entre la UE y los EEUU,
generar nuevas oportunidades económicas, empleos y crecimiento mediante un
mejor acceso al mercado transatlántico, con una mayor compatibilidad
reglamentaria y la eliminación de barreras arancelarias. A pedir de empresarios
y multinacionales.

 

“No estamos retrocediendo en nuestras normas, protegemos
lo que se está haciendo en la actualidad en Europa en materia de medio ambiente
y de protección de los consumidores”, declaró en un mensaje de video
AngelaMerkel frente a la denuncia de diferentes organizaciones ecologistas.

 

La mandataria se mostró además muy segura y no ocultó
su decisión de ser punta de lanza para que el acuerdo sea aprobado en Europa.
Dijo que Berlín espera firmar el acuerdo con Estados Unidos antes de fin de año
y que las otras potencias “lo tendrán muy difícil para quedarse atrás
durante mucho tiempo”. Y mientras el primer ministro británico, David
Cameron, implicado en el escándalo de “Panamá Papers” asegura que el TTIP
“haría ganar miles de millones a nuestras economías”, el presidente
francés François Hollande anunció esta semana que Francia rechaza, en el
“estado” actual, la firma del acuerdo porque su país no es partidario
del “librecambio sin reglas”.

 

Y es que, aunque muchos mandatarios se niegan a
asumirlo, uno de los puntos más conflictivos del TTIP tiene que ver con los
arbitrajes. El capítulo sobre la protección de los inversores se ha convertido
en el más polémico y en el caballo de batalla de los enemigos del tratado, que
acusan a la UE y a EE UU de colocar los intereses de las multinacionales por
encima de la soberanía de los Estados. Frente a ello, la Comisión Europea propuso
la creación de un tribunal profesionalizado y con garantías de neutralidad. Y
ahora debe EEUU resolver si acepta el cambio.

 

A pesar de todo esto, los más entusiastas se reúnen en
la ciudad de Nueva York y quieren poner fecha para el lanzamiento oficial de
una propuesta que se ha convertido en la bandera política de Obama antes de
dejar la Casa Blanca. Alemania apura los motores porque sabe que tanto el
candidato republicano Donald Trump como la mismísima Hillary Clinton no serían proclives
a impulsar la medida.

 

El impacto en
América Latina

 

Mientras tanto, en Latinoamérica, el avance de acuerdos
de libre comercio en el que participan distintos países, como el TISA y el TPP,
sumado al debilitamiento de bloques económicos regionales como el Mercosur,
ponen a la región en un delicado equilibrio frente al avance de las grandes
potencias y su voracidad económica. Según el Banco Interamericano de Desarrollo
(BID), las exportaciones de América latina cayeron un 14 por ciento en 2015,
porque a pesar de que hubo un crecimiento de los volúmenes exportados, no se pudo
compensar la caída de los precios internacionales de los bienes que esta región
vende al mundo.

 

En ese marco, algunos gobiernos locales ya buscan
acercarse a la propuesta y abren el camino a la importación sin barreras. Sin
ir más lejos, durante su visita oficial a Alemania, el presidente mexicano,
Enrique Peña Nieto, respaldó el acuerdo transatlántico y dijo que su país
también podría adoptarlo porque ofrece “una oportunidad de agilizar el comercio”
con el bloque de 28 miembros que forman la UE. Falta saber que pasará luego del
golpe a DilmaRouseff en Brasil, integrante del BRICS, y socio de otras
potencias como China y Rusia. Y en Argentina, donde avanzan las políticas de
ajuste de Mauricio Macri, quien además ya mostró su política de alianzas con el
viejo continente y los Estados Unidos.

 

Frente a todo ello, y como dijo la CLATE,“los
estatales de Latinoamérica y el Caribe seguiremos luchando por Estados que
garanticen derechos, no negocios, y por una integración regional libre,
democrática y soberana”.

 

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