10/03/2016

De la derrota del ALCA a la lucha contra el TTP

Entrevista a Alberto Arroyo Picard (*)


¿Por qué un tratado que sólo incluye a 12 países tiene el potencial de
incidir sobre el mundo entero?


La estrategia del capital global impulsada, especialmente por Estados
Unidos, es romper el sistema institucional y formal de negociaciones
comerciales (la OMC) y sustituirlo por negociaciones bilaterales o
plurilaterales basadas en una gran asimetría de poder. La OMC promueve el libre
comercio al que nos oponemos, pero al menos es un espacio institucional en el
que cada país tiene un voto y ello ha permitido actuar a las alianzas de países
del Sur global para impedir que la OMC amplíe su mandato y los países
desarrollados impongan acuerdos. De hecho las negociaciones en la OMC están
estancadas.


En un informe para los Senadores de Estados Unidos, se reconoce que la OMC no logra avanzar y que
el TTP pudiera ser una forma de liberalizar el comercio y la inversión mundial.
Plantean que no se logra avanzar en la OMC debido a que en ella participan
también los que no se convencen de dejar todo a la ley del mercado, es decir a
la ley del más fuerte.  Por ello al TTP solo se invita a fanáticos de
libre comercio y así se puede “lograr el TLC más ambicioso que jamás se ha
soñado”.  La zona del TTP representa cerca del 40% de la economía mundial
y si a ello le agregamos el Tratado Estados Unidos-Europa, la enorme mayoría de
la economía global estaría regida por la lógica del libre comercio.  Ante
esta situación, los países que se han resistido a firmar acuerdos de libre
comercio se verán aislados y obligados a adherirse (sin siquiera negociar, solo
sumarse a lo negociado por los fanáticos del libre comercio).  En palabras
de Obama, el TTP logrará que nosotros impongamos las reglas del comercio y no
China.


¿Por qué si solo 3 países de América Latina están actualmente en
el TTP todos debemos luchar por evitar su ratificación legislativa?


En primer lugar porque aún antes de que entre en vigor, ya la lista
de países que plantean adherirse TTP crece todos los días.


En segundo lugar porque para América Latina, el TTP representa un avance de
la estrategia seguida en Estados Unidos ante la derrota del ALCA.  Al no poder lograr el ALCA, buscó los
mismos objetivos por la vía de negociaciones bilaterales o regionales y ello
dio por resultado una América polarizada.  Todos los que tienen costa
hacia el Pacífico: Norte América, Centro América, Chile, Perú y Colombia,
tienen TLC con Estados Unidos (y también con Europa).
Con ello fue consolidando su zona de influencia y aislando y ejerciendo presión
sobre la zona en resistencia a este modelo agrupada en Mercosur y los países
del ALBA.


Desgraciadamente, ello ha ido dándole algunos frutos. Ecuador firma y busca
ratificar un TLC con Europa y ha congelado los procesos de denuncia de sus
acuerdos de inversión (TBI); Brasil inicia un proceso de negociación y firma de
Acuerdos de Protección de Inversiones (APRIs) y muestra de nuevo posturas
ambiguas sobre si se sentará a la mesa para negociar como Mercosur un TLC con
Europa.  La caída de los precios de las
materias primas y especialmente del petróleo acaba con el período de bonanza
vivido en casi toda América Latina y crea mejores condiciones para que
fructifiquen las presiones para aceptar el modelo de libre comercio y los
intentos de desestabilización impulsados por Estados Unidos en los países que
se resisten a su hegemonía.


América Latina es hoy distinta a los memorables momentos de la derrota del
ALCA en que se rompió el dominio casi total de Estados Unidos sobre “su
traspatio” al otro lado del Río Bravo y algunos países avanzan en proyectos de
recuperar soberanía y buscar caminos propios fuera del llamado Consenso de
Washington.  América Latina se polarizó entre la resistencia y el avance
del modelo del libre comercio; a la vez, dejó de ser zona bajo dominio casi único
de Estados Unidos para convertirse en una zona en disputa entre Estados Unidos,
Europa y recientemente China.  No se puede negar que la estrategia
multiforme del capital global ha ido ganando terreno. El polo de gobiernos que
resisten o resistían al modelo del libre comercio y en general los movimientos
sociales no están, por decir lo menos, en su mejor momento. En este nuevo
contexto, debemos enfrentar la nueva oleada de mega TLCs como el de
Europa-Estados Unidos, Europa-Canadá, el tratado sobre servicios (TISA) y el
TTP.


¿Cuáles son las principales novedades del TTP?


Avanza en la liberalización de los servicios, incluidos aquellos
vinculados a los derechos humanos.


Bajo el disfraz de reglas de propiedad intelectual y comerciales, se
esconde el interés de ejercer control político social en el uso de internet.
Contiene medidas de remoción de contenidos en internet bajo pretexto de
protecciones a los derechos de autor, contiene prohibiciones a usuarios finales
de modificar código informático o productos tecnológicos para sus fines y
necesidades bajo penas de sanciones penales. Además, el TTP permitiría a
empresas proveedoras de telecomunicaciones el poder fragmentar internet creando
segmentos asequibles sólo para algunos, se vulnera la protección a los datos
personales de los usuarios y da pie a distintas afectaciones a la privacidad de
las comunicaciones.


Acrecenta el monopolio sobre medicinas mediante la ampliación de los años
de dominio de las patentes y los datos de prueba. Esto pone en riesgo y amenaza
la vida de millones de desposeídos por el encarecimiento de medicamentos y
equipos médicos e impide el desarrollo autónomo del abasto de medicinas y
dispositivos.

Es un atentado flagrante a los Derechos de los Pueblos reconocidos por el
Protocolo Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC),
pues pretende legalizar el despojo, el patentado, y la mercantilización de la
biodiversidad y bio-culturalidad, los conocimientos y saberes y los derechos
consuetudinarios de los pueblos originarios, ya que obliga a los gobiernos a
suscribir convenios de rapiña y lucro (como la Convención Internacional para la
Protección de las Obtenciones Vegetales de 1991, UPOV-91) en beneficio de las
empresas transnacionales y hace referencia a otros mecanismos de despojo como
el Protocolo de Nagoya.

Hace aún más amplio lo que entiende por inversiones, por lo que profundiza
y extiende los derechos de los inversionistas y refuerza los mecanismos para
hacerlos cumplir mediante demandas en tribunales internacionales de arbitraje.
Además el sujeto obligado a hacer cumplir estos derechos abusivos de los
inversionistas no es solo el gobierno nacional, sino todos los niveles de
gobierno (estados, provincias, municipios).

Perfecciona los mecanismos y disciplinas a los que deben someterse los
Estados y con ello limita, aún más que otros TLCs su capacidad de impulsar una
política o proyecto económico soberano.

Limita la capacidad de legislar, ya que esta facultad soberana la somete a
“que no contravenga” lo pactado en el tratado.


Lo han firmado los ejecutivos de los 12 países, pero no ha sido ratificado
por ningún parlamento. Es posible derrotarlo como ya derrotamos el ALCA.


La afirmación de que es posible derrotarlo no es solo voluntarista, hay
oportunidades reales para logarlo a condición de que reconstruyamos formas de
articulación nacional e internacional y sepamos aprovechar las debilidades y
obstáculos que el capital global tiene para lograr sus objetivos.


Hoy contamos con 22 años de efectos negativos de estos TLCs, ya no existe
el pensamiento casi único al que nos enfrentamos al inicio de la lucha contra
el ALCA.


Organismos internacionales que antes eran promotores del libre comercio e
inversión hoy son críticos (UNCTAD, CEPAL), incluso hay crecientes voces oficiales en el
sistema internacional de derechos humanos que afirman que estos tratados son
violatorios del derecho internacional al poner los derechos comerciales por
encima de los derechos humanos.


Según el propio TTP, para entrar en vigor tiene que ser ratificado por al
menos 6 países que juntos representen el 85% del PIB integrado de los 12 países
que lo negociaron. Ello no es posible si no lo hacen tanto Estados Unidos, como
Japón y en ambos países la oposición, tanto social como parlamentaria, hace
pensar que es perfectamente posible que no se logre su ratificación.

 

Es cierto que los gobiernos aliados de los movimientos sociales en la
derrota el ALCA están en problemas; tampoco los movimientos sociales tenemos la
unidad y fortaleza que tuvimos entonces. Pero no es hora de llorar por los
retrocesos, sino de profundizar los proyectos alternativos y re-articularnos
para derrotar el TTP, el TISA y toda la nueva ola de TLCs que pretenden
imponernos. El  Encuentro Internacional de Organizaciones Sociales en
Oposición al Tratado de Asociación Trans-Pacífica, realizado en la Ciudad de
México del 27 al 29 de enero de 2016, fue un paso importante en esta
articulación y para acordar un plan de acción.


 (*) Alberto Arroyo
Picard
es investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de
México y miembro de la
Red Mexicana de Acción frente al
Libre Comercio (RMALC)

Artículo publicado en la edición
de marzo 2016 (No. 511) de la revista América Latina en Movimiento:
“América Latina en la coyuntura mundial”.

 

 

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