10/03/2012

“Vivimos en Latinoamérica un momento clave para reafirmar el rol del Estado”

Repasando
la historia de la CLATE

 

La CLATE se fundó al término de su Congreso
en Chapadmalal, provincia de Buenos Aires (Argentina), el 25 de Febrero de
1967, en un contexto difícil, ya que estábamos bajo la dictadura del general
Juan Carlos Onganía.

 

A pesar de
ello pudieron hacer el Congreso, y además de Argentina, concurrieron la COFE de Uruguay, ANEF de
Chile y la CSPB
de Brasil. También participaron otros países latinoamericanos, pero los
primeros fueron fundamentales en la fundación y desarrollo posterior de la CLATE.

 

Hay que
destacar el espíritu pluralista y unitario que privó en ese primer encuentro,
porque ya se daban distintas corrientes de pensamiento y el sindicalismo en el
campo internacional tenía divisiones históricas de carácter ideológica y hasta
partidaria. Sin embargo, se hizo un gran esfuerzo para que en la CLATE participaran todos los
compañeros y compañeras que provenían de organizaciones representativas y
democráticas.

 

 

Tres claves
fundamentales

 

Nos pusimos
de acuerdo en tres líneas claves…

 

La primera,
pasaba por dignificar la carrera de los trabajadores del Estado. Este era un
aspecto fundamental que comprendía: salarios dignos, buenas condiciones de
trabajo, la carrera profesional para que el trabajador estatal tenga posibilidades
de mejorarse y mejorar el servicio, la estabilidad (generalmente en el área del
Estado, los cambios de gobierno lo sufren los trabajadores) Es decir, buscar
que el trabajador pueda cumplir un rol profesional importante al servicio del
Estado y de la Comunidad.

 

Es segundo
aspecto era el de la defensa de la democracia y el Estado. Ya asomaban peligros
de orden institucional en América Latina, que más adelante derivaría en la
larga noche del fascismo, con los golpes militares en Chile, Uruguay,
Argentina, Bolivia, o la continuidad de la dictadura de Stroessner en Paraguay
o en Brasil.

 

Eran los 15
años más negros para el continente, hasta que llegara el proceso de
democratización que comienza recién a principios de los 80.

 

La defensa
de la democracia, la reivindicación de los derechos humanos y de las libertades
sindicales era sustantivo.

 

Y lo otro,
la defensa del Estado, porque seguimos creyendo que el Estado es el instrumento
más eficaz para el desarrollo de una sociedad, para asegurar el bien común.

 

El tercer aspecto,
que va implícito en el nombre de la
CLATE
, era el latinoamericanismo, la unidad y la integración
de América Latina. En realidad fuimos precursores en la idea de fortalecer en
el mundo del trabajo esta consigna, y tener una posición abierta con las Centrales
de distinto signo ideológico que existían en la época. Era el caso de la CLAT, la Central Latinoamericana
de Trabajadores (de orientación progresista, cristiana), la Organización
Interamericana
de Trabajadores (ORIT), muy ligada al
sindicalismo norteamericano, lo que la hacía adoptar, muchas veces, posiciones
equívocas respecto a los pueblos del 
continente, y por último, el Congreso Permanente de la Unidad Sindical de
América Latina (CEPUSTAL), que era una Central de orientación marxista, próxima
a los partidos comunistas de la época.

 

Había una
cuarta corriente, que era la
Autónoma
, ya que en un momento Perón creó el ATLAS
(Asociación de Trabajadores y Sindicalistas latinoamericanos), como una
herramienta que superará las diferencias ideológicas. Lamentablemente, esta
experiencia termina con la caída del peronismo en Argentina.

 

En la CLATE participaba gente de
las tres grandes corrientes y lo convertía en una organización atípica.

 

Quiero
recordar que el primer presidente de la CLATE fue Luis Iguini, de Uruguay.

 

 

Reivindicaciones
comunes

 

Hay que
recordar que cuarenta y cinco años atrás, ni las comunicaciones ni las propias
estructuras sindicales, tenían la solidez que han adquirido en estos años.
Sobre todo en el área del Estado. Eran tiempos en que la sindicalización de los
trabajadores del estado estaba prohibida en varios países.

 

Frente a
estas grandes dificultades, comenzamos a articular luchas o a enviar
delegaciones solidarias. Es importante tener en cuenta que anteriormente no
había ningún tipo de conexión entre nosotros, y ese es el gran mérito de la Confederación: haber
comenzado a recorrer el camino de aunar reivindicaciones, en un momento en que
el tema de la unidad latinoamericana no aparecía, en general, como algo
prioritario.

 

Después, a
lo largo de los años, hemos conseguido, que la OIT aprobara 2 (dos) Convenciones claves: la de
la sindicalización de los trabajadores estatales, y la de los Convenios
Colectivos de estatales.

 

Ese tema de
los Convenios fue ratificado por el Congreso Argentino, en 1991, y lo llamamos
“La Ley Abdala”,
porque nuestro compañero de ATE, Germán Abdala, que era diputado nacional,
impulsa en el Parlamento esos derechos, que fueron aprobados.

 

Esta fue
una de las banderas históricas de la
CLATE
y tal vez uno de los puntos nodales de nuestra
organización, que hoy en día aprovechan los trabajadores estatales del mundo
entero.

 

 

La CLATE como referencia

 

Cuando en
marzo de 1968 echamos a andar la
CGT
de los Argentinos, fue electo Secretario General Raimundo
Ongaro. Como Secretario General Adjunto, estábamos Amancio Pafundi, que fue uno
de los fundadores de la CLATE,
y yo, por lo cual todo lo que habíamos desarrollado a nivel de unidad sindical
latinoamericana, lo trasmitimos a esa recién nacida CGTA.

 

 

Gobiernos
progresistas y revolucionarios, y la autonomía de los trabajadores

 

Uno de los
signos fundamentales de quienes estamos dentro de la CLATE es la autonomía a la
hora de defender los derechos de los trabajadores. No se pueden convertir en
representantes de los Gobiernos y los Estados, sino que tiene que seguir siendo
siempre representantes de los trabajadores ante los Gobiernos y los Estados.

 

Obviamente
que hay países donde se están dando procesos de transformación en serio, y allí
pueden darse mayores coincidencias, pero sin perder nunca la autonomía y la
prioridad de la representación de quienes nos han elegido en las organizaciones
sindicales.

 

Hay gobiernos
progresistas a los que les cuesta entender este punto, porque asumen que ellos
son los garantes casi absolutos y excluyentes de determinadas reformas, y no
dejan abierto el camino de participación y autonomía para aquellos sectores que
también quieren la transformación.

 

Esto que es
básico, encuentra escollos porque también depende de la concepción de la
democracia y del papel del Estado que se tenga, de cómo juegan las
especificidades y las autonomías, aún en procesos revolucionarios.

 

Yo siempre
tuve mis reservas cuando se confunde Estado, Gobierno, Partido y Sindicato.
Creo que hay que mantener cierta especificidad y converger hacia objetivos
comunes. Sostengo que los objetivos trascendentes se construyen de manera más
colectiva. Hay que buscar vías de consenso, ya que no se puede uniformar el
pensamiento y disciplinarlo en función de estrategias que determinan ciertos
poderes. Eso hace a la construcción de la democracia.

 

 

El poder de
la información

 

Lamentablemente,
a veces no podemos ganar mayor poder social porque no tenemos todos los medios
de información adecuados, y los trabajadores terminan procesando la información
que les brindan los mal llamados grandes medios.

 

Esta es una
de las preocupaciones más grandes de nuestro compañero Víctor de Gennaro, que
durante dos períodos fue presidente de la CLATE. El es uno de los más fervientes
partidarios de hacer esfuerzos para lograr medios de comunicación propios.

 

Hoy, la
tecnología nos da una mano, ya que es cierto que hacer un gran medio de circulación
masiva no es nada fácil, pero tenemos otras nuevas posibilidades, como es la
página web de la CLATE
que permite llegar a miles de compañeros.

 

En la
construcción de estos medios, va la posibilidad de asegurar información y
concientización popular, de los sindicatos y de las otras fuerzas sociales.

 

 

Expectativas
ante el nuevo Congreso de la
CLATE
 

Todos
coincidimos que este es un momento muy importante en América Latina para
reafirmar el rol del Estado.

 

No queremos
un Estado clientelar, ineficiente, que sea reservorio de mano de obra
desocupada. Nos interesa un Estado muy eficiente, democrático y
participativo,  con posibilidad de formar
a los trabajadores estatales, para que cumplan con responsabilidad la tarea de
hacer que este Estado sea la única contraparte de los grandes intereses
multinacionales. O sea, luchar por un Estado fuerte que pueda garantizar un
país soberano.

 

Me estoy
refiriendo no solo al Estado nacional, sino a la propuesta del Estado supranacional
que son los distintos organismos de integración, como UNASUR, la CELAC, el ALBA, o el
MERCOSUR. Son canales para asegurar la integración latinoamericana. Estamos
luchando para que estas estructuras sean ágiles y permitan mayor participación,
y que allí se exprese la sociedad civil y especialmente, los trabajadores. Esto
es clave para que los procesos de integración no queden solo en formas
burocráticas, sino que se conviertan en referencias de los pueblos y que
expresen el anhelo de la unidad latinoamericana.

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