14/03/2012

“Hay procesos que apuestan a transformar el Estado y otros que se inclinan a administrarlo”

La CLATE se instala en el continente en un
momento de ebullición en Latinoamérica y el Caribe, sobre todo en Cuba,
Uruguay, Venezuela, México.

 

Es entonces
cuando la Confederación
surge como una Central unitaria de todos los estatales. Además se decide a abrir
espacios, teniendo en cuenta que había países, como Brasil y Bolivia, donde
estaba prohibida la sindicalización de los estatales.

 

La CLATE tiene la particularidad desde su
comienzo, y es la de ser unitaria, estando más allá de las diferencias
esgrimidas por las otras centrales internacionales que había a fines de los 60
y principios de los 70.

 

 

La semilla ya estaba sembrada

 

Tiempo
después de fundada la CLATE,
desde el Imperio pusieron en marcha la famosa “Doctrina de la seguridad
nacional”, con sus consiguientes gobiernos dictatoriales, y esto generó un
parate hasta la recuperación paulatina de la democracia en la región.

 

Sin
embargo, la semilla estaba puesta. En aquellas épocas duras, nosotros hicimos
campañas por la libertad de Luis Iguini, de la COFE de Uruguay, o acciones de repudio al
asesinato de Tucapel Jiménez Alfaro, en Chile. O la solidaridad que
manifestaron los estatales venezolanos y peruanos con las luchas de los
estatales argentinos contra la dictadura militar, o lo que fue después ante los
hechos de Malvinas.

 

 

La impronta latinoamericana

 

Cuando
nosotros finalmente recuperamos ATE, lo hicimos también con esa vieja historia
y alentamos la participación latinoamericana. Allí con nosotros estaban los
dirigentes de todo el continente, y con todos ellos discutíamos la forma de
enfrentar la deuda externa y los primeros amagos de privatizaciones, que luego
vendrían en oleada en todo el continente.

 

No nos
olvidemos que los trabajadores estatales tenemos una particularidad: dependemos
mucho de la conducción política del Estado. Ahí no hay vueltas: uno tiene una
carrera sanitaria, si hay salud popular. Se tiene una gran carrera
científico-técnica, si hay investigación en ese campo. Por lo cual, la
reivindicación está muy ligada a la cuestión política y Latinoamérica es el
lugar donde todo ello se lleva adelante.

 

 

La batalla contra el neoliberalismo

 

Hay que
reivindicar que terminó la etapa de los 90, donde los estatales, gracias a
estas interrelaciones latinoamericanas, fuimos uno de los arietes fundamentales
de la resistencia al neoliberalismo. No hay país donde los gremios estatales no
hayan estado a la cabeza de las luchas populares. No por casualidad, muchos de
los dirigentes llegamos a ser conducción de las centrales sindicales. Eso se ve
ahora en México, Brasil, Argentina, Uruguay, cuando antes, esto correspondía a
trabajadores de la producción. Fue un cambio cualitativo, hay conciencia de la
capacidad de resistencia en nuestros ámbitos.

 

 

Latinoamérica y los nuevos gobiernos

 

Más allá de
las definiciones que se pudieran tener sobre el carácter de los gobiernos
actuales, sobre si son de derecha neoliberal, progresistas o revolucionarios,
diría que hay procesos que apuestan a transformar el Estado y otros que se
inclinan a administrarlo. Quienes convocaron Asambleas Constituyentes y
cambiaron sus Cartas Magnas, y quienes sólo se conforman con administrar y
proyectar el Estado.

 

Con toda la
transformación que hay en Brasil, donde evidentemente se dio un proceso de
nacionalización del país, no hubo cambio de la estructura de la Constitución. En
cambio, eso se ha dado en Bolivia, Venezuela y Ecuador.

 

Aquí en
Argentina, no se han hecho esos cambios para echar abajo el andamiaje
neoliberal, que fue el pacto Alfonsín-Menem (Pacto de Olivos), que hace que hoy
las provincias sean Emiratos que están entregando la minería, el petróleo, la
tierra, los recursos naturales, y se permita la vergüenza del saqueo de la Nación.

 

La
diferencia que hay ahora con respecto a la otra época es que el movimiento de
los trabajadores debe ser autónomo. La caída del socialismo enseñó que no hay
vanguardia iluminada que puede subordinar los trabajadores auto-organizados.

 

Sin embargo,
son distintos los roles en cada lugar. Hay países con gobiernos que se dicen
progresistas y no dejan elegir delegados en los lugares de trabajo. Aquí en
Argentina, se pueden elegir, concejal, intendente, diputado o Presidente; pero
todavía hay sectores de trabajo donde no dejan votar  por los representantes de los trabajadores.
En cambio, hay otros países donde convocan a los trabajadores porque necesitan
esa fuerza organizada y autónoma para impulsar las transformaciones.

 

 

La pelea por democratizar al Estado

 

Creo que
los trabajadores debemos democratizarnos a nosotros mismos y exigir
democratización del Estado.

 

En la
década del 80 nosotros levantábamos naturalmente en Argentina, una consigna que
luego se extendió por toda Latinoamérica. Contra las privatizaciones, decíamos:
fortalecer el Estado para liberar la
Nación.

Hoy se
trata de democratizar al Estado para avanzar en ese proceso liberador.

 

En muchos
países del continente, hay Bancos centrales con muchas reservas. Si eso se
utiliza para pagar la deuda externa, como acaba de plantear el gobierno
argentino, vamos mal. En cambio, si se usa ese dinero para desarrollar los
ferrocarriles, o invertir en determinadas industrias, eso sí ayuda al
fortalecimiento de la sociedad. Si pudiéramos democratizar la discusión sobre
esas reservas, seguramente gana el ferrocarril y no el pago de la deuda
externa.

 

 

Con CLATE en tiempo de ofensiva

 

En la etapa
actual, la CLATE,
tiene potencialidad, ya no de unirse defensivamente (como hicimos en otro
momento contra las dictaduras o las privatizaciones, o contra el ALCA), sino
para avanzar y definir qué tipo de Estado y de sociedad queremos. Por eso, necesitamos
una CLATE que sea capaz de recuperar, no sólo el poder del Estado, sino el para
qué.

 

 

Información y medios propios

 

En
cualquier organización que se precie, siempre hay tres elementos que conviven
permanentemente, pero que pasan a ser prioritarios de acuerdo al momento:

 

1) El  tema de organizarnos mejor para resolver las
reivindicaciones y transformar la sociedad.

 

2) La
institucionalización de esa fuerza organizada, la construcción de las
organizaciones gremiales en resistencia y la CLATE.

 

3) La
ofensiva, que hoy significa salir a disputar el sentido. Ello consiste en la
formación, la investigación y la comunicación.

 

La década
que viene muestra como vital la lucha por quien gana el consenso de la mayoría
de las ideas que se llevan adelante.

 

¿Qué hace
el enemigo? Concentra los medios de comunicación de una manera espectacular,
para decirnos que todo lo que hacemos no sirve, o que no se puede hacer nada, o
que ya no hay otra alternativa. Nosotros tenemos que demostrar que sí se puede,
mostrar respuestas, y también la lucha y la resistencia. Además, ayudar a
visibilizar algo que ocultan, y es que todos los días hay capacidad de
gobernarnos de una manera distinta. De allí, la necesidad de medios de
comunicación y de formación propia. En el Estado tenemos muchas posibilidades,
porque tenemos militancia, trabajadores, que pueden aportar en este rumbo.

 

Hoy existe
cada vez más conciencia que el debate hay que darlo allí. Esta sociedad que nos
venden sobre que no hay ninguna alternativa, y que todo consiste en pisarle la
cabeza al de al lado, que hay que aguantar el hambre, el saqueo, o la capacidad
de transformar, está obligada a encontrar mecanismos de respuesta diferente.

 

Siempre me
pareció interesante una frase de los compañeros de UTPBA (Trabajadores de
Prensa de Buenos Aires), que dice que “las ideas que no se conocen, no luchan”.
Me parece clave, pero también digo que la idea que no tenga organización
popular que la sustente, tampoco sirve.

 

Actualmente,
la mayoría de nuestro pueblo no cree que el capitalismo sea solución. Lo que
está en discusión es por qué se cambia, y si se puede cambiar.

 

En este
sentido, hay algo que me acompañó en todos estos 30 años de militancia que tuve
con respecto a lo latinoamericano, algo que se entiende  en los momentos de disputa con el imperio y
que va mas allá de los gobiernos y las superestructuras. Se están por cumplir
30 años de la última incursión en Malvinas, que no tuvo que ver con un
sentimiento nacional, porque fue ejecutada desde la dictadura. Se dio incluso,
como contraparte de un hecho de masas producido el 30 de Marzo de 1982 por los
trabajadores, que mostró el síntoma de que se estaba acabando esa dictadura. En
esa instancia, los militares apelaron a un sentimiento que va mucho más allá de
lo que la racionalidad a veces indica.

 

En ese
momento de Malvinas, los dictadores pensaron que EEUU, para quienes ellos
habían sido tan importantes, iban a apoyar su aventura presionando a
Inglaterra. Sin embargo, la OTAN
alineó a todos en defensa de los ingleses. Más allá de la confusión y de
quienes eran los que habían promovido lo de Malvinas, los únicos que estuvieron
solidariamente fueron los pueblos latinoamericanos. Se anotaban voluntarios en
Cuba, en Brasil, en Perú, se producía un apagón en Caracas, hubo movilizaciones
en Uruguay. Pinochet era el único que tenía otra actitud, no el pueblo chileno
que también fue solidario. Por eso, reafirmo que hay algo en nuestra historia
que es la unidad latinoamericana, hay algo de lo anti yanqui que nos movió para
enfrentar al ALCA. Hay algo de esa gran Patria Grande que se expresa cuando
conformamos la CLATE.

 

Por eso
reafirmo que la CLATE
no es solamente una unidad de los trabajadores estatales, es un ariete más de
esa Patria donde la clase trabajadora emerja triunfadora construyendo una nueva
sociedad.

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