16/12/2012

Una presentación valiente de la Madre de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas: ¿Dónde están los desaparecidos?

 

Monopolios, gobierno y otras sorpresas.

“Quiero que me digan qué pasó con mi hijo Gustavo. Recurro al hábeas corpus
como lo hice desde el mismo día en que se lo llevaron. Pero pasaron 35
años y hasta hoy no tuve respuesta. La diferencia es que hay un gobierno que sirve a los derechos humanos, con los juicios por ejemplo, y me
parece un momento oportuno para presentarlo” dice Nora Morales de
Cortiñas en el hall de Tribunales. A los 82 años sostiene que es
“mínima, vital y móvil”. Va del brazo con Josefa “Pepa” Noia (92,
también integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora), que ha
firmado junto con ella el pedido que debería obligar a las autoridades a decir dónde está una persona detenida, aunque se sabe que lo que hizo
el Estado fue secuestrar y desaparecer personas como parte de un plan
sistemático.
Por eso una de las más antiguas consignas de las movilizaciones por
derechos humanos fue: “Los desaparecidos, que digan donde están”. En el
escrito el planteo es similar: “tengo el derecho absoluto e
imprescriptible a conocer la verdad sobre la suerte y paradero de mi
hijo Gustavo y, como consecuencia, tengo derecho a que las autoridades me proporcionen
la información sobre su paradero”. La presentación coincidió con dos
símbolos: lleva fecha del 10 de diciembre, Día Internacional de los
Derechos Humanos, en el que además Nora fue nombrada Doctora Honoris
Causa de la Facultad de Ciencias Económicas.

“Nosotros no torturamos”
El hábeas corpus resulta una interpelación al Estado, que como tal hizo
desaparecer a miles de personas en tiempos de la dictadura, sin que se
sepa muchas veces qué ocurrió en cada caso. Los militares y policías
siguen guardando secreto sobre los archivos que, se estima, reúnen esa
información: “Claro, nosotros no torturamos a los militares para que
hablen. Depende de ellos. Y no hablan porque es parte de su culpabilidad y la demostración del crimen que cometieron”.
Nora agrega: “Lo mío es una pregunta sencilla y de madre. No tiene ninguna otra intención que saber dónde está mi hijo”.
Otro dato: “En otros gobiernos no hubiera hecho esto porque no tenía
confianza. Ahora tengo confianza en que vamos a dar un paso importante.
No es contra nadie sino a favor de que se sepa qué pasó”.
¿Existen archivos?
Ana Careaga acompañó a Nora a Tribunales. Ana fue secuestrada de
adolescente, lo que llevó a su madre, Esther Careaga, a sumarse al grupo fundador de Madres de Plaza de Mayo. Esther pudo recuperar a Ana, pero
siguió en Madres “hasta que encontremos a todos nuestros hijos”. La
propia Esther fue desaparecida en el operativo en la Iglesia de la Santa Cruz –diciembre de 1977-, junto a Mary Bianco y Azucena Villaflor de
Devincenti. Ana militó siempre en el movimiento por los derechos
humanos, y dirigió estos últimos años el Instituto Espacio para la
Memoria.
Dice sobre el tema de los archivos: “La desaparición forzada de personas fue el corazón del plan represivo, que perseguía generar terror en la
sociedad para desarticular todo lazo solidario y crear las condiciones
para implementar un modelo económico neoliberal. Pero esas fuerzas de
seguridad en las que, como ellos mismos dicen, todos pusieron el dedito
(la huella digital), no dan información, es un pacto de silencio que se
perpetúa y es proporcional a la magnitud que tuvo la desaparición de
personas. En los juicios me impactó el alegato de los fiscales Alejandro Alagia y Gabreila Sosti en el caso del Batallón 601 de inteligencia
porque se explicó que allí se centralizaba la información, se abría un
expediente o ficha de cada persona y todo en algún momento se
microfilmó. Algo parecido pasó en la ESMA. Por eso creo que se puede
investigar. No es lo mismo que las Madres y los actores sociales
sostengan esa posibilidad, a que lo hagan los poderes actuales del
Estado”.


Justicia y monopolios
Además de Pepa Noia firmaron el hábeas corpus Mirta Baravalle (Madre Línea
Fundadora) y Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz). Sus
abogados son Verónica Heredia y Eduardo Soares.
Dice Nora sobre el tema de los archivos militares. “Hubo pruebas de que
existen, y algunos se pudieron conocer. El tema es que se necesita una
decisión política de que se presenten y se abran”. Esa decisión es del
Poder Ejecutivo, que comanda las Fuerzas Armadas a través de la
Presidente de la Nación. “Creo que si este pedido llega a la Presidente
podremos saber dónde está Gustavo. Los juicios están caminando, pero no
se aclara la situación y lo que ocurrió con los desaparecidos”.
En el hall de Comodoro Py el único medio presente fue lavaca, hasta que se acercó un movilero de TN. ¿Qué declaró Nora a dicho canal? “Le dije que queremos una justicia equitativa, aunque parezca una
obviedad, y ética, le dije también que queremos que la Ley de Medios se
instale definitivamente para que haya libertad y que no queremos que
haya monopolios de ningún orden, ni de Clarín ni de los otros”.

El DNI y la lágrima
Por el sorteo judicial, hubo que ir desde Comodoro Py hasta el palacio de
Tribunales en la calle Talcahuano. Por esas carambolas del destino, Nora presentó el hábeas corpus en el Juzgado de Instrucción n° 12 acompañada por el periodista de lavaca, ante el juez Ricardo Warley y la secretaria Miriam Halata.
El trato fue muy correcto, pero para Nora fue más que eso. “Nos trataron
excelentemente. Estoy feliz” decía, en lo que quizás sea un reflejo de
lo que era presentar hábeas corpus en tiempos de la dictadura. “Esos ni
te dirigían la palabra, te hacían hacer cola, te maltrataban. Aquí nos
podemos sentar y explicar” decía Nora, mientras la doctora Halata
contestaba: “Es lo que corresponde”.
Le consultó por qué estaba presentando el hábeas corpus. “Es que sigo sin
saber qué le pasó a mi hijo. Y yo quisiera que él, de algún modo…” La
emoción hizo callar a Nora, que me miró con los ojos inundados haciendo
un gesto con su mano, tipo “no puedo”. Hubo unos segundos de silencio.
Nora se repuso: “Quisiera que él sepa que siempre lo buscamos”.
Luego Verónica Heredia daría esta explicación a tanta emoción: “Nunca vi
llorar a Nora, pero creo que ella siempre puso delante lo colectivo, y
ahora está con algo que es específico de Gustavo”. Cuando la secretaria
Halata estaba sacando unas fotocopias Nora me dijo: “Nunca pensé que me
iba a pasar esto en un juzgado. Yo ni siquiera sabía si nos iban a
recibir. Mirá cómo son las cosas”. Hay cosas que no se piensan. Se
sienten.
La doctora Halata quedó asombrada por el DNI de Nora: 0.019.538. Nora
sonrió: “¿Viste? Fui de las primeras en la cola para sacarlo”.

Lo que contó Víctor Heredia
Acompañó también a Nora Adolfo Mango, del equipo de Derechos Humanos de la
Iglesia de la Santa Cruz (donde desaparecieron tres Madres y dos monjas
francesas tras un trabajo de infiltración realizado por Alfredo Astiz).
Adolfo: “Yo hubiera hecho lo mismo que Nora. No dejaría de buscar hasta el
último momento de mi vida. La justicia se está abriendo a escuchar la
inquietud del pueblo. Hubo gente que no estaba enterada, o no se
animaba, y que con los años empieza a contar. El otro día vino a Santa
Cruz Víctor Heredia y contó que después de tantos años apareció un
testigo que vio dónde había estado secuestrada su hermana, y por eso
también él iba a presentar un hábeas corpus”.
Lo que se traga la tierra
Ana Careaga: “La presentación que hizo Nora es algo que está madurando
desde hace tiempo. Estuvo muy con movida y emocionada. Ella me decía que durante años se presentaron muchos hábeas corpus que caían como en un
agujero negro, en medio de esa incertidumbre, como si se los hubiera
tragado la tierra. Y lo quiso hacer ahora porque esta temática tiene
otro lugar, otro espacio, y entonces apela a la sensibilidad oficial que hay sobre ese tema para volver a pedir una respuesta sobre el paradero
de su hijo. Es un puente con su propia historia”.
En una de las esperas en los oscuros pasillos del palacio de Tribunales,
Nora repasaba algunos no y algunos sí que luego plantearía al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Facultad de Ciencias Económicas de la
UBA: “No a la Ley Antiterrorista. No a Clarín ni a ningúntipo de
monopolio. No a la megaminería a cielo abierto. No al glifosato, no a
Monsanto. No a la discriminación a los pueblos indígenas. No al pago de
la deuda externa inmoral, impagable y odiosa. Sí a la Justicia. Sí a la
verdad. sí a la memoria.Sí al apoyo a los juicios hasta que se condene
al último genocida. Sí a la recuperación de la identidad para todos los
jóvenes que fueron niños apropiadospor el terrorismo de Estado. Sí a la
reivindicación de la lucha de nuestras hijas, hijos, y del pueblo”.
Gustavo Cortiñas estaba casado, tenía un hijo pequeño. Militó en Juventud
Peronista en la Villa 31 junto al padre Carlos Mugica. Cuando el
sacerdote fue asesinado por la Triple A (1974), Gustavo pasó a trabajar
socialmente en villas de Morón. Tenía 24 años cuando desapareció, el 15
de abril de 1977 a las 8.45, en la estación Castelar del Ferrocarril
Sarmiento. Iba a su empleo en el INDEC, al que nunca llegó.

FUENTE: lavaca.org

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