19/01/2016

Plaguicidas: Una permanencia peligrosa

Investigadores
del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), espacio de referencia
del sector, confirmaron que los agroquímicos permanecen durante meses en el
suelo y afectan cursos de agua, cuestionan que Argentina es el país con más uso
de químicos y menos “eficiente” en la producción de granos, alertaron que se
está explotando el suelo hasta “agotarlo”, afirman que se favorece
principalmente a las grandes empresas y llaman a impulsar otra forma de
producción. “El principal objetivo del modelo actual es maximizar la renta con
una mirada de corto plazo, poniendo en situación crítica al sistema
agroalimentario”, alertaron los investigadores del INTA.

 

“Los
plaguicidas agregados al suelo y su destino en el ambiente”, es el título del
libro publicado por el INTA en diciembre pasado. Firmado por seis
investigadores de trayectoria en la institución (del INTA Balcarce, Famaillá y
Reconquista), Virginia Aparicio, Eduardo De Gerónimo, Keren Hernández Guijarro,
Débora Pérez, Rocío Portocarrero y Claudia Vidal.

 

El INTA,
creado en 1956, es el espacio de referencia del agro argentino y, desde la
década del 90, tuvo como política macro impulsar el modelo transgénico con uso
masivo de agroquímicos. La reciente investigación va en otra dirección, toma
como base argumental 142 publicaciones científicas y recopila tres jornadas de
capacitación que realizó la institución en 2015. “El actual modelo de
agricultura industrial o modelo extractivo ha pretendido que la química (los
plaguicidas) controle a la biología, simplificando así la toma de decisiones.
Sin embargo, dentro de este modelo, no se ha tenido en cuenta que el uso
excesivo de plaguicidas pone en serio riesgo al recurso suelo”, afirman los
investigadores.

 

El libro
precisa quiénes ganan con el actual modelo agropecuario: “La captación de
ganancia por parte del productor agropecuario es menor debido a que hay una
transferencia de esa rentabilidad a las empresas que producen y venden los
paquetes tecnológicos de insumos. Sumado a que las empresas que producen y
venden plaguicidas son en su mayoría multinacionales. Por lo que esa ganancia
no queda dentro del país y contribuye a una fuga de divisas al exterior”.

 

En base a
datos de la FAO (organización de Naciones Unidas para la Alimentación y
Agricultura) afirma que, respecto de la utilización de herbicidas por
superficie arable, Argentina está en el segundo lugar de mayor utilización de
herbicidas por hectárea (luego de Chile). Y desmiente una de las banderas
argumentales del agronegocios: “Este uso intensivo de herbicidas no se ve
reflejado en un mayor rendimiento por hectárea comparado con otros países
(Argentina se ubica detrás de Estados Unidos, Australia, Francia, Brasil y
Chile, entre otros). Argentina es el país menos eficiente en producir granos”.

 

La publicación
es una iniciativa del Proyecto Nacional de Suelo del INTA y contó con dos
revisores, José Luis Costa y Adrián Andriulo (investigadores e ingenieros
agrónomos de INTA Balcarce y Pergamino). Remarca que toda la base científica
utilizada (más de 140 investigaciones) ha sido publicada en revistas nacionales
e internacionales, cumple con todos los estándares del ámbito científico y
aborda la detección de residuos de plaguicidas, las consecuencias en el suelo y
el impacto ambiental. El trabajo del INTA hace un recorrido por los distintos
químicos que se utilizan (atrazina, 2,4-D, glifosato, entre otros) y concluye
que se está afectando el suelo hasta su “agotamiento”. En el apartado que
aborda la necesidad de legislar sobre contratos de arrendamientos remarca otra
consecuencia del modelo: “En muchos casos se pretende maximizar las ganancias
actuando como agentes desterritorializados, a costa del suelo y el ambiente”.

 

Un discurso
instalado por los impulsores del agronegocio es que los herbicidas (que matan
las plantas no deseadas) “desaparecen” cuando llegan al suelo. El libro del
INTA afirma todo lo contrario: el glifosato (el agroquímico más utilizado del
país) persiste en el suelo entre cuatro y 180 días, el 2,4-D y el clorpirifos
hasta 120 días y la atrazina hasta 115 días. Sobre este último, los
investigadores cuestionan: “A pesar de su prohibición en países de la Unión
Europea, en Argentina es el tercer herbicida más usado”.

 

En las
consideraciones finales, alerta que “la presencia de plaguicidas en distintas
matrices ambientales indica un agotamiento en la capacidad del suelo de
funcionar como reactor (transformar, filtrar, amortiguar y depurar
sustancias)”. Y señala que, al perjudicar al suelo, también se “estaría
provocando impacto en el aire y el agua”.

 

Recuerda la
vigencia del artículo 41 de la Constitución Nacional y el principio precautorio
(vigente en la Ley General del Ambiente): “Cuando haya peligro de daño grave o
irreversible, la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse
como razón para postergar las medidas eficaces para impedir la degradación del
medio ambiente”.

 

La
investigación del INTA propone reducir el uso de agroquímicos, diversificar la
producción, mejorar las condiciones de vida de las familias rurales y
establecer franjas de no aplicación de químicos. También sostiene que es
necesario que los ingenieros agrónomos “desarrollen un espíritu crítico y
compromiso social” para impulsar producciones sustentables y solicita que los
profesionales del sistema agropecuario tengan “una visión amplia, integrando la
parte ambiental, social y productiva”.


*Darío Aranda es periodista. Trabaja en el diario Página/12, la cooperativa de comunicación
La Vaca  y las radios FM Kalewche
(Esquel), la Cooperativa La Brújula (Rosario) y Los Ludditas (FM La Tribu). Especializado
en extractivismo (petróleo, minería, agronegocios y forestales), escribe sobre
el acontecer de los pueblos indígenas, organizaciones campesinas y asambleas
socioambientales.

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