04/03/2016

Pensando en Hugo Chávez desde este difícil presente

Forjador de las armas más potentes para enfrentar los
embates de los Bush o los Obama, esas que no se cargan con balas sino con el
desarrollo de una conciencia sólida y vital, recogida de la historia de lucha
de nuestros pueblos. Sólo él y nadie más que él tuvo la lucidez para darse
cuenta que había llegado la hora de enrumbar al continente hacia la Segunda
Independencia que tanto se nos ha negado, y que aún sigue siendo una asignatura
pendiente. Rescatador de nuestros próceres y hacedores de gestas, a quienes
extrajo del mármol o el bronce y convirtió en actores de inusitada vigencia.
Bolívar, San Martín, Sucre, Manuelita Sáenz, O’Higgins, Guacaipuro, Túpac
Amaru, Simón Rodríguez, Sandino, Evita Perón y por supuesto, al Che Guevara.
Con ellos en la mochila, convocó a rescatar la Patria Grande de la manos hechas
garras del Norte brutal. Denunció el azufre derramado por Bush en la tarima de
la ONU y le pegó un soberano patadón en aquellos días gloriosos en que el ALCA
fue demolido por él y un grupo de presidentes que lo arroparon. De Chávez,
hablamos. ¿De quién otro, si no?

Pensando en los niños y niñas, en los ancianos y ancianas,
en los condenados de la tierra (este Comandante feminista y antipatriarcal
introdujo el lenguaje de género en la política, como nadie antes lo había
hecho), le dio fuerza a las Misiones y las convirtió en imprescindibles a la
hora de desarrollar su gestión. Eludió las burocracias ministeriales y como si
fuera un conejo que el mago saca de la galera, entregó a su pueblo la
posibilidad de alfabetizarse a pleno, de obtener atención médica gratuita con
la Misión Milagro, de la mano de Cuba solidaria. Posibilitó acceder a los más
pobres, por primera vez en décadas (o en siglos) a las Universidades. Las
Misiones se convirtieron en río correntoso y en bandera de enganche de las
grandes mayorías: viviendas para todos y todas, el Mercal alimentario para
romper con las cadenas de la intermediación, la Misión Música, el Banco de la
Mujer, la práctica deportiva en los barrios, la Misión Ciencia, o la Che
Guevara (de formación socialista), la Misión Negra Hipólita, o la de las Madres
del Barrio. No alcanzarían los días del año para enumerarlas, y a todas ellas
el Comandante les imprimió su impulso personal, su sapiencia y sus horas sin
dormir para que se hicieran realidad.

Porque adivinaba como vendría el futuro no dudó un instante
en impulsar las Comunas, abrazado a esa consigna recurrente en tiempos de
ofensiva oligárquica: “Sólo el pueblo salvará al pueblo”

Hugo Chávez Frías, el nieto de Maisanta, guerrillero
montaraz, te estamos invocando en estas apretadas e insuficientes líneas,
porque es imposible no hacerlo en los tiempos inciertos que corren.

Hijo proclamado de Fidel, junto a él plasmaron un huracán
que recorrió el continente derramando ideas, fuerza, sabiduría y esa particular
forma de recrear la política sin especulaciones de ningún tipo. Al son de
semejante dúo nació el ALBA, dotando a Latinoamérica y el Caribe de una
herramienta eficaz para impregnarse de solidaridad, espalda con espalda. Pero
no sólo eso, sino que supo mostrarle al mundo que a los gringos se les podía
hablar de igual a igual, sin titubeos ni sumisiones, como había venido
ocurriendo hasta que las naciones afro-indo-americanas recuperaron su
autoestima y se echaran a andar. Esa fue su primera hazaña, pero luego fue por
más, y ayudó (con una paciencia invalorable) a construir la CELAC y la UNASUR,
juntando a todos -de derecha a izquierda- pero sin el tutelaje norteamericano
que les marcara el libreto. Chávez lo hizo, y su huella fue recorrida por otros
como él, nacidos de las luchas en Bolivia, Nicaragua, Ecuador y tantos otros
sitios.

Impecable a la hora de hablarle al pueblo con la verdad.
Maldiciendo al tutelaje yanqui, o sacudiéndose de encima a los diplomáticos
sionistas, agresores de Palestina ocupada. Con una lenguaje didáctico, le fue
explicando a su propia gente que había que mantenerse alerta contra los
golpistas de adentro y de afuera. Lo planteó, recordando su propia experiencia
en aquél fatídico 2002 de la matanza de Puente Llaguno, su secuestro en La
Orchila, el rescate por parte de quienes bajaron de los cerros a demostrarle su
amor y lealtad, el golpe petrolero y su propia decisión de radicalizarse al
máximo para no darle la otra mejilla a sus enemigos. En verdaderas asambleas
populares de casi dos millones de almas, supo dar las indicaciones precisas
para que las milicias empezaran a ocupar un espacio necesario, pero también
valoró el papel meritorio que en el proceso revolucionario han venido jugando
las Fuerzas Armadas, que bajo su mando se restearon junto a los bolivarianos de
a pie. Hugo Chávez, ha sido el motor fundamental de tales hazañas.

Ahora que su legado ha sido recogido por millones en el
mundo, y que su compañero de tantas luchas, Nicolás Maduro, preside el país con
coraje y una lealtad indiscutible a pesar de la ofensiva de enemigos externos e
internos, es hora de que redoblemos el homenaje a quien indudablemente, cayó
combatiendo, en una patriada de “victoria o muerte”. Qué otra cosa fueron esos
días de pelea a brazo partido con ese cáncer que le quemaba el cuerpo pero no
le hacía retroceder en su fuerza ideológica y discursiva. Quién no recuerda,
sin que se le erice la piel, aquella tarde caraqueña del 4 de octubre de 2012,
cuando bajo un verdadero diluvio, el Comandante se trepó al palco y ante una
multitud increíble gritó ¡Viva la Revolución!, y convocó a hacer el esfuerzo
final para obtener el triunfo en las elecciones cercanas. El “palo de
agua” que caía sobre su enorme figura no logró arredrarlo, tampoco pudo
con él la brutalidad del dolor que le provocaba la maldita enfermedad que nos
lo arrebató meses después. Sacando fuerzas de su amor por aquella marea roja
que lo escuchaba extasiada, agitando banderas y cantando consignas, Chávez
habló para la posteridad y proclamó el triunfo contra la oligarquía y el
Imperio. Ese era su estilo y su práctica. Poner el cuerpo hasta las últimas
consecuencias.

En este nuevo 5 de marzo, la figura del Comandante eterno
Hugo Chávez y el ejemplo que supo darnos, refuerzan la necesidad de redoblar la
solidaridad con Venezuela Bolivariana. Una nación jaqueada por la guerra
económica y en clima de desestabilización permanente, con una Asamblea Nacional
capturada por la oposición escuálida y enemiga acérrima de la Revolución,  pero también con otros camaleones que en las
propias filas chavistas esperan agazapados para mostrarse tal cual son, especulando
ellos también con “la salida”.

Que nadie se llame a engaño, no valen los atajos social
demócratas, ni los pactos con la burguesía, ni siquiera los “aggiornamientos”
en el discurso. Cuando se está en guerra contra el capitalismo, la única
respuesta pasa por profundizar el avance revolucionario, confiar en quienes dan
la pelea en el plano territorial, en las Comunas, en los confines más profundos
de la Nación, y también, por supuesto en los millones de brazos solidarios a
nivel internacional. Porque esa también es una enseñanza de Hugo Chávez


Si no se quiere perder todo lo conquistado, si no se
desea transitar el camino que hoy representan los Macri o los Cartes en
Sudamérica, es hora de apretar los dientes y ponerse rodilla en tierra. Como en
tantas ocasiones, Chávez convoca otra vez a dar batalla. Maduro y el pueblo que
no olvida ni perdona a sus enemigos de clase, están obligados a ser los
ejecutores de una nueva gesta antiimperialista, en la que el continente se
juega su futuro.

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