01/04/2016

Nicaragua y el gran desafío del Canal Interoceánico

Indiscutiblemente
el canal, cuyo costo total alcanza los 50 mil millones de dólares, tendrá un
gran impacto económico y de beneficio para el país, y eso es precisamente lo
que hace que importantes sectores de la nación nicaragüense no han dudado en
apoyar la decisión presidencial de delegar en la empresa china HKND Group (Hong
Kong Nicaraguan Canal Development Investment Group), la responsabilidad de la
construcción de dicha mega-obra. Pero como además, siempre que se realiza un
emprendimiento de tal magnitud uno de los factores a tener en cuenta es el de
no destruir el equilibrio medioambiental, se ha insistido, y la HKND lo ha
comprendido a la perfección, en hacer todos los ajustes posibles para que la
población y los ámbitos naturales no se vean afectados. En ese sentido, el
miembro de la Comisión del proyecto del Gran Canal Interocéanico, Telémaco
Talavera reconoció que el estudio de impacto ambiental y social, elaborado por
la firma de consultoría global Environmental Resources Management Group Inc.
(ERM) demuestra que la construcción de la obra ofrece beneficios potenciales
para el medio ambiente y nuestro pueblo.

 

El informe
también refleja el deterioro creciente del Lago de Nicaragua por la creciente
deforestación y el inadecuado manejo de las cuencas hidrográficas, que haciendo
un plan de manejo y mitigación diferente tendría un saldo positivo.

 

Por otra
parte, a nivel de la Autoridad real del Canal, la misma estará mayoritariamente
compuesta por nicaragüenses, y en respuesta a quienes aseguran que el país está
perdiendo su soberanía, el gobierno de Ortega afirmó que esto sólo es un
infundio producido por voceros pro-imperialistas que no desean que el Canal se
construya.

 

El Canal
cruzará el Gran Lago Cociboica y sus afluentes, la zona de libre comercio de
Brito, el complejo turístico de San Lorenzo y el aeropuerto de Rivas, uniendo
así los dos puertos en el Pacífico y el Caribe.

 

La compañía
constructora  reubicó la entrada pacífica
del canal en el río Brito y modificó el trazado a través del departamento de
Rivas. Además, ajustó el diseño para no afectar a los habitantes de El Tule,
una comarca agrícola por la que discurre la carretera entre los puertos
lacustres de San Miguelito y San Carlos. Este corredor tendrá 278 kilómetros de
longitud y será tres veces más largo que el Canal de Panamá y será casi el
doble de profundo y ancho que aquel.

 

Para
Nicaragua la realización de esta monumental obra significará un salto
cualitativo a nivel de sus posibilidades de crecimiento económico, ya que el
proyecto tiene implícito el potencial de transformar el comercio internacional,
y a partir de ello, sumar divisas para una nación que lucha por eliminar los
pozos de pobreza y desocupación que aún subsisten a pesar de los avances
producidos durante la gestión sandinista.

 

El gobierno
de Ortega tiene claro que la renta que producirá el Gran Canal, será destinada,
como ocurriera en Venezuela con las ganancias del petróleo, a proyectos
sociales y a crear fuentes de trabajo.

 

También hay
que tener en cuenta los beneficios derivados a los países vecinos y el resto
del continente, ya que facilitará la navegabilidad por esa zona con lo que el
comercio exterior de cada país de la región mejorará ostensiblemente en costos.
Para los buques comerciales latinoamericanos de gran calado, que hoy tienen
dificultades en atravesar el canal de Panamá, obtendrán una vía más veloz de
paso hacia Asia y la costa oriental del norte de América, aliviando el tráfico,
tan recargado en la actualidad.

 

En lo que
hace a China, sin dudas mejorará en la competitividad de sus productos, ya que
de hecho se abarata el costo del transporte. Todo ello sumado a la importancia
de pisar fuerte como país inversor y gestor de relaciones comerciales en
Centroamérica y el resto del continente.

 

Sin embargo,
todos estos beneficios parecen importarle poco a otro de los grandes de la
región. Estados Unidos siente que esta iniciativa nicaragüense-china va a
debilitar su posición comercial.  Tal
cual afirma el Director del Instituto de Energía de Rusia, Seguei Pravosúdov:
“EE.UU controla los principales lugares de las rutas marítimas: el Canal de
Panamá, el de Suez, así como las principales rutas comerciales que pasan por
Singapur, Gibraltar, etc. Por lo tanto, para EE.UU. la aparición de una vía
alternativa es un desafío directo”.

 

Es tanto el
nivel de disgusto de Washington ante la construcción de la titánica empresa,
que muchos analistas no ocultan su versión de que gran parte del proceso de
desestabilización y embestida de la derecha pro-norteamericana en el
continente, se ha agilizado como respuesta a dicha obra.

 

Por último,
además de los miles de puestos de trabajo para ciudadanos del país, el Gran
Canal está posibilitando ahora mismo la recuperación de la importante riqueza
arqueológica que posee Nicaragua. Recientemente, la Coordinadora del Consejo de
Comunicación y Ciudadanía,  Rosario
Murillo, anunció días atrás  que la
empresa concesionaria HKND presentó al Gobierno inca los resultados de los
estudios arqueológicos de preconstrucción del Gran Canal Interoceánico
realizados en la localidad de Brito, Rivas, en diciembre y enero.

 

Más de 5.000
piezas arqueológicas de la época precolombina han sido recuperadas, “y esto es
ni más ni menos que patrimonio cultural de nuestro pueblo”, expresó
Murillo.

 

Con todos
estos elementos a su favor, el Canal emerge como una de las posibilidades más
evidentes de caminar en dirección inversa, y con inmensas posibilidades de
éxito, a lo que habitualmente plantea Estados Unidos hacia la región:
sometimiento a tratados de libre comercio de beneficio unilateral y cláusulas
comerciales leoninas. La gran obra planteada por Nicaragua sandinista, al calor
de las proyecciones progresistas ideadas por Venezuela, Cuba y el resto de los
países del ALBA, significan un freno ante la prepotencia imperial.

 

En pocas
palabras: el patio trasero está revuelto y muestra sus dientes a quienes
pretenden disciplinarlo a fuerza de autoritarismo.

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