En mayo, Roque Dalton

29/05/2019

En mayo, Roque Dalton

Cuatro días separan los aniversarios de nacimiento y de muerte del poeta salvadoreño, el más comprometido de una generación obcecada con su tiempo, su país y su devenir histórico. De galopante actualidad, su poesía es bala certera.

Por Mariano Vázquez (@marianovazkez)

El 14 de mayo de 1935, Roque Dalton asomó a la vida en la capital de su país, San Salvador, entre las ráfagas de calor, los vientos del Pacífico, los volcanes y las selvas. El 10 de ese mismo mes pero de 1975, en una casita del barrio capitalino de Santa Anita, fue asesinado por una fracción del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que él mismo integraba.

Este es un párrafo que duele porque fueron sus propios camaradas sus matadores. Un grupúsculo de dirigentes mediocres, oscuros, con argumentos lunáticos, asesinaron al poeta irreverente, rebelde, generoso, amante de mil mujeres, pero con un solo amor verdadero: El Salvador, por el que sufrió persecución, clandestinidad, cárcel, exilio.

Roque no debe ser olvidado. Sus asesinos, tampoco. Joaquín Villalobos, Alejandro Rivas Mira, Vladimir Rogel y Jorge Melendez, son sus nombres. Tristes. Opacos. Jorge Dalton, hijo del poeta, contó el martirio de su padre: “fue golpeado salvajemente durante los días previos a su asesinato. Sus verdugos entre ellos Villalobos sabían de antemano a quien asesinarían. Se jactaba diciéndole en cada golpiza que pronto acabarían con la vida de un intelectual de mierda y pequeño burgués”.

“A altas horas de la noche, Dalton fue colocado de espaldas frente a una pared, un disciplinado militante revolucionario entró a la habitación convertida en prisión y ejecutó la orden, volándole la tapa de los sesos el día 10 de mayo de 1975. La sangre del poeta se esparció por todo el cuarto, la que hubo que limpiar por varios días seguidos, según me contó un testigo de los hechos”, relató.

En profundo contraste aparecen las condiciones éticas de Roque. Como escribió en Sobre nuestra moral poética: “No confundir, somos poetas que escribimos/ desde la clandestinidad en que vivimos./ No somos, pues, cómodos e impunes anonimistas:/ de cara estamos contra el enemigo/ y cabalgamos muy cerca de él, en la misma pista./ Y al sistema y a los hombres/ que atacamos desde nuestra poesía/ con nuestras vidas les damos la oportunidad de que se cobren/, día tras día” (Poemas clandestinos, 1974).


La poesía de Dalton es una declaración de principios: “Poesía/ perdóname por haberte ayudado a comprender/ que no estás hecha solo de palabras”,Arte poética 1974 (Poemas clandestinos).

En esas palabras, labradas, cinceladas, talladas al detalle, el poeta resignificó a su país como columna vertebral de su extensa y original obra. En clave de amor, revolución, ironía. “El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad”.

Patria del alma. Del cuerpo. Del aliento. Pequeño país. Novia encarnizada. Mamá que paras el pelo. País mío vení. Oh mi país ojos descarriados. Expresiones de Roque sobre su tierra.

Y de ese entramado de fino hilado que es la patria parió el libro Las historias prohibidas del Pulgarcito(1974), un conjunto de poemas y textos —donde también utiliza como semblante y contexto crónicas periodísticas de diarios y revistas— sobre la historia revolucionaria de El Salvador desde los tiempos de la conquista hasta la guerra inútil con Honduras.

El título de la obra fue una respuesta a la mirada cándida de la poetisa chilena Gabriela Mistral que bautizó a El Salvador como “el Pulgarcito de América”.

Para Roque no hubo dilema. Poesía y militancia iban de la mano. Fusionadas. Complementarias. Trabajando a la par. Haciendo el mismo sendero. Sueño de patria liberada, de América emancipada.

Conciencia revolucionaria: “Considero que todo lo que escribo está comprometido con una manera de ver la literatura y la vida a partir de nuestra más importante labor como hombres; la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Sin embargo, no debemos dejar que este concepto se convierta en algo abstracto. Yo creo que está ligado con una vía concreta de la revolución, y que esa vía es la lucha armada”.

Por eso fustigó a los poetas “que os olvidasteis del hombre, que os olvidasteis de lo que duelen los calcetines rotos, que os olvidasteis del final de los meses de los inquilinos, que os olvidasteis del proletario que se quedó en una esquina con un bostezo eterno inacabado, lleno de balas y sin sangre, lleno de hormigas y definitivamente sin pan… ay poetas ¡cómo duelen vuestras estaturas inútiles!”.

En ese vivir intenso obtuvo a los 21 años el Premio Centroamericano de Poesía que otorga la Universidad de El Salvador; dos años después publica su primer poemario Mía junto a los pájaros y gana por segunda vez la distinción; y en 1961 es expulsado de su país por el gobierno militar, se establece en México donde publica La ventana en el rostro.

Al año siguiente se instala en Cuba, a la que adopta como “su segunda patria” y de la que señala “como la experiencia más importante mi vida”. De hecho, en la isla, escribe El turno del ofendido (1962), Taberna y otros lugares (1969) —con el que obtiene el Premio Casa de las Américas—, y la monumental antología poética La ternura no basta (1973), que dedicó “con cuidado y amor, en homenaje al pueblo revolucionario de Cuba”.

“Yo llegué a la revolución por la vía de la poesía”, declara en Taberna y otros lugares, un libro esencial que arrasa con los dogmatismos, con la burguesía, la burocracia, los poderes establecidos.

Una obra dividida en tres capítulos: El País I, El País IIy El País III. Tal la nostalgia, tal la obsesión. Allí relata en Buscándome líos la noche de su “primera reunión de célula” o en Poemas de la última cárcel dice “de nuevo la cárcel, fruta negra” o en “Una noticia en un pedazo de periódico” expresa el dolor por la muerte de compañeros: “Hoy cuando se me mueren los amigos/ solo se mueren sus nombres/ (…) los presos no: solamente silbamos/ para que el eco calle la noticia” o en “Sobre dolores de cabeza” donde afirma: “Es bello ser comunista,/ aunque cause muchos dolores de cabeza./ (…) bajo el capitalismo nos duele la cabeza/ y nos arrancan la cabeza./ en la lucha por la Revolución la cabeza es una bomba de retardo”.

En 1966 viaja a Checoslovaquia, donde vivirá por dos años. Idas y vueltas. Nostalgias. Más poesías.


Regresos. Vuelta a Cuba. Y en 1974, retorno clandestino a El salvador para ingresar al ERP. Porque como escribió en Las rimas en la historia nacional, “las rimas salvadoreñas después de 1972:/ el que se fue a Sevilla perdió su silla/ guerrilla, guerrilla, guerrilla”. Coherencia absoluta entre vida y obra. Y ahí lo atrapó la muerte. Sabía que tarde o temprano ella vendría, lo que nunca imaginó es que la bala iba a venir de aquellos que creía sus compañeros. Camaradas convertidos en asesinos.

“Desde el punto de vista político lo verdaderamente relevante para mí fue confirmar que cuando uno toma una decisión sobre lo que va a hacer de su vida, ni la muerte es capaz de hacerlo dar marcha atrás. Y hay que ser rápido en las decisiones. ¿Que ahora nos toca morir? Bueno, hay muchísimos otros a nuestras espaldas. Cuando tú tomas esa decisión, nada que haga el enemigo podrá afectarte verdaderamente. Creo que inclusive es simple”. Roque Dalton. Puro. Leal. Ejemplo.

Vigente.

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