12/01/2016

El peligro de minimizar el poder letal de Mauricio Macri

Lo que
ocurre es que una vez más (ya ocurrió cuando el actual Presidente se hizo cargo
de la Gobernación de la Ciudad de Buenos Aires hace unos años) la llamada
“oposición partidaria” ha subestimado el poder que se escondía detrás
del macrismo (una pseudo-ideología que hoy hace furor entre los escuálidos
venezolanos y el uribismo colombiano), y ahora se dan cuenta que en este primer
mes de prepotente gestión, muchas cosas han cambiado para peor. Sobre todo,
afectando a importantes sectores populares de la franja más golpeada por la
crisis económica, que obviamente no comenzó con Macri, pero que el actual
Presidente acentúa en base a recetas de manual de lo peor del neoliberalismo.

 

La lista de
agravios, medidas provocativas, actividades represoras y promesas de aplicación
de políticas desestructuradoras de la economía, la soberanía y la producción
cultural, es lo suficientemente importante como para que alguien aún tenga
dudas de que los cambios anunciados como slogan electoral hoy se van
transformando en molesta pesadilla de duración indefinida.

 

Si la
devaluación que tanto se negó en tiempos de “Macri candidato”, se
está pudiendo poner en marcha día a día, es por que ya existía un piso para
lanzarla, producido de antemano por toda la corporación empresarial, que al
igual que en Venezuela, no sólo son generadores de recetas especuladoras sino
que maniobran sobre los precios de artículos indispensables como si fueran
marionetas. La liberación del dólar (tan requerida por sectores ligados a la
inexcrupulosidad financiera y por franjas amplias de una clase media boba) fue
acompañada por otras iniciativas como el levantamiento de las retenciones a la
oligarquía agrícola-ganadera y sus amanuenses “nuevos ricos” de la
“patria sojera”, logrando en cada una de esas corridas, recompensas
de millones de dólares y una deuda de eterno agradecimiento al macrismo.

 

En un
andarivel complementario de esta misma gestión se inscriben otros decretos por
los cuales se plantea la revisión de la legalidad en la contratación de
empleados públicos durante los últimos años del gobierno saliente. Una medida
que podría llegar a afectar a más de 60 mil trabajadores. Es verdad que todos
los gobiernos utilizan en extremo (y para su propio engorde de funcionarios) la
capacidad laboral del Estado, es también cierto que el kirchnerismo no perdió
tiempo en ese aspecto, pero lo que no resulta admisible es que ahora la
topadora prepotente del macrismo quiera desemplear con metodología dictatorial
a miles de hombres y mujeres que eran poseedoras de un contrato legal, y cuyo
futuro debería ser, aplicando un marco de la pregonada igualdad de
oportunidades, el de un contrato efectivo en base a sus conocimientos y entrega
en la gestiones para las que han sido convocados. Es paradójico hablar de
“cargos de acomodo” o “ñoquis K” en el área estatal
nacional (aunque los haya) cuando el propio gobierno macrista de la Ciudad
tiene atiborradas las distintas áreas de gestión con amigos, familiares y
alcahuetes de su partido, sumados a un auténtico batallón de ineficaces y
burócratas.

 

Lo real es
que como bien informa la Asociación de Trabajadores del Estado, en los primeros
quince días del nuevo gobierno ya se contabilizan 10 mil estatales despedidos,
amen de implementarse políticas demonizadoras del empleo público buscando a
corto plazo desmantelar los servicios públicos y achicar el Estado, como ya lo
hiciera Carlos Menem en los devastadores años 90.

 

Sólo en el
Senado de la Nación ha sido dejados en la calle por decisión de la
vicepresidenta Gabriela Michetti, 2035 trabajadores, en una decisión que contó
con la bochornosa complicidad del jefe de la bancada del kirchnerista Frente
para la Victoria, Miguel Pichetto. A esta cifra hay que sumar los más de 600
cesanteados en el Centro Cultural Kirchner, y otros más en las oficinas del
AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual), en Vialidad
y en Nación Seguros.

 

Un caso
especial que complementa esta embestida patronal por parte del Gobierno
derechista es lo que ocurre con trabajadores que cumplían tareas en distintas
municipalidades e intendencias del Gran Buenos Aires, como son los ejemplos de
Lanús, Quilmes, Chascomús, Coronel Vidal, Coronel Suárez, Adolfo Alsina.
Cientos de despidos en cada una de esas localidades bonaerenses y alrededor de
4.500 contratos “caídos” en La Plata, donde los trabajadores
comenzaron una serie de movilizaciones que esta semana culminaron con durísimas
cargas represivas por la policía local. Por las redes circulan, a manera de
ejemplo, las fotos y los videos de mujeres y hombres con sus espaldas llenas de
orificios por los perdigones policiales.

 

Otros
trabajadores y trabajadoras puestas en la mira por Macri y sus “Chicago
boys” son los cooperativistas. Así, se quedaron sin trabajo alrededor de
2000 que cumplían funciones de mantenimiento en la ex ESMA, y la misma amenaza
pende sobre otras dependencias.

 

El equipo
económico macrista tampoco se ha quedado atrás en marcar el territorio en
cuanto a lo que pueden ser las próximas discusiones salariales, y ya han
anticipado, poniendo en alerta a más de un dirigente sindical, que las
paritarias tendrán un riguroso techo, pero que además, los gremialistas deberán
ser “responsables” para que los empresarios privados no se vean
tentados a pensar en despidos por falta de “madurez” laboral por
parte de los asalariados. Un chantaje sin más vueltas.

 

La política
aplicada en lo social por el macrismo es transparente y generalmente la usan
profusamente  regímenes similares en el
continente: generar miedo en los ocupados mostrando las escenas de lo que les
ocurre a los nuevos desocupados. Algunos, aceptando el “castigo” sin
chistar, y otros, con más dignidad y espíritu de pelea, resistiendo en la calle
a la prepotencia patronal-policial.

 

En otro rubro
que el macrismo se descargó con todo, es en el 
comunicacional. Por un lado disolviendo el AFSCA e interviniendo en los
aspectos nodales de la Ley de Medios, poniendo toda esa estructura bajo el
mando de un Ministerio de Comunicaciones a su medida. Por el otro, otorgándole
más luz verde de la habitual a los medios concentrados, liderados por Clarín,
La Nación e Infobae, gestores de la “nueva imagen” de un gobierno que
se vanagloria de ejercer el poder sin consultar ni siquiera a sus parlamentarios.

 

En política
exterior, Washington sonríe a Macri. Le agrada el tono antichavista del nuevo
presidente, sus relaciones carnales con Leopoldo López, Capriles Radonsky o
Alvaro Uribe Vélez. Festeja su complacencia con el sionismo y las caras de
enojo con Irán. Es a todas luces un “buen vasallo” este muchacho,
diría en los pasillos de la Casa Blanca, John Kerry.

 

Pero también
le han surgido otros entrañables amigos al gobernante argentino. Desde Uruguay,
el converso Tabaré Vazquez, que años atrás estuvo a punto de pedir ayuda
militar a Bush para guerrear contra Argentina por culpa de la pastera Botnia y
la resistencia del pueblo de Gualeguaychú, hoy se ha convertido en acaramelado
colega de Macri y promete relaciones encomiables.

 

Toda esta
ofensiva macrista puede hacerse en el plano de la oposición institucional sin
mayores palos en la rueda, por la inexplicable lentitud con que se mueve el
andamiaje parlamentario. Es sabido que el Frente para la Victoria tiene mayoría
en el Senado y un buen porcentaje de escaños en Diputados, pero más allá de
algunas declaraciones y muy pocos amagues, siguen sin decidirse a convocar al
Congreso a Sesiones Extraordinarias. Algunos, los más, porque disfrutan de su
período vacacional en medio del incendio de la pradera por culpa de las acciones
macristas, y otros porque están trenzando sin vergüenza con el oficialismo y
también con el ex kirchnerista Sergio Massa, un aliado del macrismo que comulga
en intenciones non sanctas con gobernadores y algunos ex funcionarios que han
pegado el salto sin ningún tipo de rubor.

 

Por último,
está la calle. La pelea en la calle. Allí donde habitualmente se juegan los
destinos de un país a cara o cruz, sin demasiadas especulaciones. No son pocos
los que están resistiendo las maniobras disciplinadoras del gobierno. Pueden
dar cuenta de ellos varios sindicatos de base y organizaciones sociales. Aún lo
hacen como respuesta a la agenda represora de la Casa Rosada, pero otros más
precavidos están dándose cuenta sobre la marcha que si no se unen fuerzas y no se
encara una mínima coordinación en las luchas, este primer mes de Decretos
prepotentes se podría extender en el tiempo o disfrazarse con otras
vestimentas. Quizás la clave para que el engranaje de una resistencia adecuada
funcione, podría estar en gestar una fuerza de amplio espectro ideológico pero
asentada abajo y a la izquierda del sistema actual. Peleona y formada en un
alto nivel ideológico. Un arco donde quepan todos, incluidos los miles de
jóvenes kichneristas , siempre que unos y otros entiendan, con humildad, que
para luchar contra esta derecha pro imperialista nadie tiene ganado el
liderazgo de antemano, y que se necesita entender que el 10 de diciembre
comenzó una nueva época, que no obligatoriamente se salva con expresiones de
deseos retornistas.

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