20/05/2016

El mundo se pone de pie contra Monsanto

Miles de estudios de investigación científica han demostrado
que los alimentos genéticamente modificados de Monsanto conducen a graves
problemas de salud, tales como el desarrollo de los tumores, cáncer,
infertilidad y defectos de nacimiento. Los pesticidas de esta corporación son
aún mucho peores.

 

La Campaña Millones contra Monsanto (Millions against
Monsanto) surgió en el año 1990 en Estados Unidos de la mano de Organic
Consumers Association para luchar contra Monsanto, empresa que durante más de
50 años ha contaminado al mundo; afectando los cultivos tradicionales,
endeudando a campesinos y ofreciendo sus semillas genéticamente modificadas sin
explicar su verdadera naturaleza, envenenado a cientos de miles de personas,
ocultando los daños que generan sus productos en la salud, y corrompiendo a
gobiernos y científicos.

 

Millones Contra Monsanto y Millones Contra Monsanto América
Latina es impulsada por un grupo de ciudadanas y ciudadanos de América Latina,
que defienden la agricultura campesina, la soberanía alimentaria, la
alimentación tradicional y las semillas originarias.

 

Quienes impulsan esta campaña constituyen un conglomerado
internacional, integrado por personas conscientes que defienden la agricultura
campesina tradicional de sus naciones, los alimentos sanos y libres y de
químicos y pesticidas, la economía campesina y las semillas tradicionales que
fueron desarrolladas durante cientos de años por las y los antepasados.

 

Cinco guerreros del Apocalipsis

 

Sólo 5 empresas controlan el mercado de transgénicos en el
mundo y de estas, la Compañía Monsanto tiene más del 90% del mercado de las
plantas transgénicas; las otras cuatro empresas son Aventis, Syngenta (antes
Novartis), BASF, DuPont y Dow. Estas empresas también producen el 60% de los
plaguicidas y el 23% de las semillas comerciales que se venden en el mundo.

La mayoría de los transgénicos están diseñados para que
tengan que utilizar los agroquímicos de la misma empresa que los produce. Así
venden transgénicos y agroquímicos, todo en el mismo paquete. Esto es un
negocio redondo.

 

Todo ello deriva en un modelo de dependencia: las empresas
transnacionales de los agronegocios como Monsanto buscan generar lazos de
dependencia con agricultores y campesinos. La idea es que la venta de la
semilla, para que obtenga el mejor resultado, venga acompañada de todo un
paquete tecnológico, que, claro está, lo vende la misma empresa. El objetivo es
obligar a la gente a consumir lo que ellos producen.

 

De este modo, en una era donde la agricultura ha devenido en
agronegocio, cabe preguntarse: ¿Por qué se permite que las decisiones
fundamentales acerca de la tierra y alimentos no sean tomadas por los
agricultores, ni siquiera por los propios gobiernos, sino por transnacionales
como Monsanto? ¿Por qué se deja la decisión acerca de qué sembrar, cómo, y a
quién venderlo en manos de las empresas?

 

La Soberanía Alimentaria, derecho fundamental de nuestros
pueblos

 

El argumento principal de la Compañía Monsanto para inundar
al mundo de transgénicos es que logrando una mayor producción de alimentos se
va a acabar el hambre en el mundo. Sin embargo, el problema de hambre no se
debe a la falta de producción de alimentos sino a la distribución inequitativa
y la falta de acceso a ellos. A pesar de que en el mundo hay suficientes
alimentos para todos y todas, la cifra total de personas que sufren hambre es
de aproximadamente 852 millones, de estos, 815 millones viven en los países en
desarrollo.

 

La Soberanía Alimentaria es el derecho de todos los pueblos,
a controlar y decidir soberanamente sobre toda la red alimenticia, desde la
producción hasta el consumo, para poder lograr la autosuficiencia alimentaria.
Es el derecho a decidir sobre los propios alimentos, de modo que sean
apropiados a las circunstancias exclusivas de un pueblo, en el sentido
ecológico, social, económico y cultural.

 

Para garantizar la soberanía alimentaria, es necesario que
haya una promoción y recuperación de las prácticas y tecnologías tradicionales,
que aseguren la conservación de la biodiversidad y la protección de la
producción local y nacional.

 

Un lema mentiroso

“Alimento, Salud, Esperanza”, ese es el lema de Monsanto,
una compañía que tiene más de 100 años de existencia y actualmente está presente
en más de 100 países. Se presenta a sí misma como una empresa que busca
satisfacer la creciente necesidad mundial de alimentos y fibras, conservar los
recursos naturales y proteger el medio ambiente. Sin embargo, allí donde
Monsanto se encuentra presente, sólo se vislumbra muerte, privatización de
tierras, amenazas a campesinos, contaminación, enfermedad y destrucción del
medio ambiente.

 

Frente al vertiginoso avance de las empresas transnacionales
sobre los recursos naturales, se puede ver una situación de desinformación
generalizada que deriva en la inacción y el no saber actuar frente a estos
procesos. El objetivo de quienes en todo el mundo se movilizan anualmente
contra Monsanto es sensibilizar e informar a la sociedad civil acerca de qué es
lo que realmente está pasando con los alimentos.

 

¿Quién es Monsanto?

 

La Compañía Monsanto nace en 1901, en San Louis Missouri en
los Estados Unidos, donde aún tiene sus oficinas centrales. En sus inicios,
esta compañía sólo fabricaba un endulzante artificial conocido como sacarina.

 

Hacia los años 20, Monsanto se convirtió en una de las
principales compañías fabricantes de ácido sulfúrico, y PCB’s (bifenilo
policlorado), entre otras sustancias químicas que se utilizan en la industria
electrodoméstica e hidráulica. Durante los años 40 el negocio de Monsanto
estaba enfocado principalmente en la fabricación de plásticos y fibras
sintéticas. Desde aquellos años, Monsanto se ha mantenido entre las 10
compañías químicas más grandes del mundo.

 

A finales de los años 40, Monsanto fabricaba herbicidas que
contenían dioxina, una sustancia altamente contaminante y que había enfermado a
muchos trabajadores y personas que estuvieron en contacto con ella. Fue así que
hacia los años 50 los especialistas en guerra química de los Estados Unidos se
interesaron en esta sustancia como una posible arma química y Monsanto hizo
acuerdos con ellos.

 

En los años 60 y principios de los 70, Monsanto contribuyó a
la contaminación, muerte y enfermedad de millones de vietnamitas durante la guerra
entre Vietnam y los Estados Unidos. En esa época se rociaron 80 millones de
litros de herbicidas (químicos) sobre Vietnam, en una superficie aproximada de
1.5 millones de hectáreas para despejar los bosques y facilitar los bombardeos
a la población. Entre los productos que se rociaron estaba el Agente Naranja,
un poderoso defoliante, ¿quién fue el responsable de su fabricación? Monsanto.
Estos químicos destruyeron bosques, campos de arroz, cosechas enteras,
envenenaron las aguas y provocaron graves daños al medio ambiente, además de
envenenar a la población y provocar enfermedades como cáncer y defectos de
nacimiento. Treinta años después, aún hay casos de niños que nacen con
deformidades provocadas por el contacto de las madres con estas sustancias.

 

No sólo la población de Vietnam resultó afectada por estos
químicos, también los soldados Estadounidenses que estuvieron expuestos al
Agente Naranja tuvieron problemas, algunos presentaron después de algunos años,
cáncer en la piel y algunos tipos de tumores cancerígenos.

 

La privatización de la vida

 

En los últimos años, la compañía química Monsanto, ha dado
un paso más al convertirse en una empresa agrícola. Ahora, es la principal
productora de semillas y controla gran parte del sistema agroalimentario. Este
consiste en una estructura de redes a nivel mundial, que implica el uso de
insumos, la producción, el procesamiento y el mercadeo de bienes
agroalimentarios. Todo ello deriva en una cadena de agronegocios, hoy dominada
y dirigida por grandes empresas transnacionales. Lo que buscan las compañías como
Monsanto es tener el control total del sistema agroalimentario en el mundo.
Actualmente, este sistema es monopolizado por unas cuantas empresas, entre las
que destacan Monsanto, Cargill, Nestlé, Unilever y ConAgra. Esto trae fuertes
implicaciones para las economías de los países, modificando sus paisajes, sus
comunidades rurales y hasta los hábitos alimenticios de sus sociedades.

 

No conforme con lo anterior, quiere controlar también el
agua, que es un elemento esencial para la vida, pero también un recurso
indispensable para la producción agrícola. Así, con el control de las semillas
y del agua en el mundo, la empresa se asegura la producción completa de la
cadena alimenticia.

 

Existe una concentración vertical en el sistema
agroalimentario que consiste en la formación de bloques construidos por
empresas e instituciones que se ubican en una misma zona geográfica y que
intervienen a lo largo de todas las fases del proceso agroalimentario.

 

Por ejemplo, Cargill, el gigante de los granos,
fertilizantes y alimentos de ganado, se une con Monsanto, el dueño de los
transgénicos, y con Krohger para la distribución al menudeo. Las empresas se
unen para acaparar todo el proceso de los alimentos, desde su producción hasta
su distribución.

 

La fuerte integración vertical de este sistema genera
relaciones monopólicas que afectan la autonomía del agricultor. La creciente
dependencia a la provisión de semillas, insumos y paquetes tecnológicos se ve
acompañada por una disminución en la capacidad de negociación del agricultor.
Como contrapartida, los grandes capitales agroindustriales incrementan su
rentabilidad imponiendo condiciones a lo largo de toda la cadena
agroalimentaria, desde el tipo de semilla, los precios, la calidad del
producto, su traslado y hasta su presentación.

 

El control corporativo es una de las estrategias y objetivos
principales de las transnacionales. Existen solo un puñado de empresas que
producen transgénicos y Monsanto es la más grande de ellas, ya que es
responsable del mayor porcentaje de cultivos transgénicos en el mundo. Por
primera vez en la historia existe tal concentración, en términos de una empresa
que domina de esa forma un mercado tan fundamental para la sociedad como es el
rubro de los alimentos.

 

En 1980 existían en el mundo alrededor de 7 mil empresas
semilleras para uso comercial; desde hace una década, las empresas de punta en
la producción de agroquímicos, como Monsanto, Dupont y Bayer, comenzaron un
proceso acelerado de compra de compañías semilleras. De este modo comenzaron a
promover la venta de semillas transgénicas y sus agrotóxicos en forma de
paquete, ya que más de los dos tercios de transgénicos en el mercado son
resistentes a sus agrotóxicos. Actualmente, las 10 empresas semilleras más
grandes acaparan el 55% de la venta de semillas de uso comercial. Monsanto es
la tercera empresa semillera más grande del mundo, a la vez que ocupa el cuarto
lugar en agroquímicos, pero es la primera en cuanto a transgénicos.

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