21/01/2016

Desigualdad, un tema que debería ser prioridad en Davos

Publicado por Página/12 (21/01/2016)

Esta
semana, diversos líderes mundiales se reúnen en el Foro Económico
Mundial para dialogar sobre la forma de mejorar el estado actual del
mundo y de afrontar los retos más urgentes. Hay mucho sobre lo que
conversar, en particular acerca de la crisis mundial de desigualdad, que
se ha hecho especialmente visible en los últimos años, tras la crisis
económica y financiera de 2008 y 2009. La desigualdad está creciendo a
un ritmo alarmante y plantea un grave riesgo para el crecimiento
económico, la lucha contra la pobreza y la estabilidad social.


El impacto destructivo de la extrema desigualdad sobre el
crecimiento sostenible y la cohesión social es evidente en América
latina y el Caribe. Aunque la región ha logrado un éxito considerable en
la reducción de la extrema pobreza durante la última década, sigue
mostrando niveles altos de desigualdad del ingreso y de la distribución
de la riqueza, que han obstaculizado el crecimiento sostenible y la
inclusión social. En América latina y el Caribe, la desigualdad está
impidiendo retornar a una trayectoria de crecimiento inclusivo, ante un
entorno exterior desalentador, con una proyección de crecimiento para
2016 que la Cepal estima en un 0,2 por ciento.


Aunque la desigualdad del ingreso se ha reducido durante los últimos
años, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. En
2014, el 10 por ciento más rico de la población de América latina había
amasado el 71 por ciento de la riqueza de la región. Según los cálculos
de Oxfam, si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1
por ciento más rico de la región tendría más riqueza que el 99 por
ciento restante.


Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América
latina crecieron en promedio un 21 por ciento anual, es decir, un
aumento seis veces superior al del PIB de la región según las
estimaciones de Oxfam. Gran parte de esta riqueza se mantiene en el
extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una gran parte de
los beneficios del crecimiento de América latina está siendo acaparada
por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de
la clase media. Este grado extremo de desigualdad y de concentración del
ingreso también se ve confirmado por los análisis de los datos fiscales
disponibles relativos a la renta personal en diversos países de la
región.


Salvaguardar los avances ya logrados por América latina y garantizar
un crecimiento inclusivo y sostenible deben ser prioridades para todos
los países de la región. En consecuencia, la Comisión Económica para
América latina y el Caribe y Oxfam están decididas a trabajar de manera
conjunta para promover y construir un nuevo consenso contra la
desigualdad. No existe una panacea para este problema, pero sí es
posible tomar medidas que, combinadas, podrían marcar una gran
diferencia. La reforma tributaria es un buen lugar para empezar.


Unos sistemas tributarios inadecuados, así como la evasión y la
elusión de impuestos, cuestan a América latina miles de millones de
dólares en ingresos tributarios impagados, unas cantidades que podrían y
deberían invertirse en luchar contra la pobreza y la desigualdad. El
incremento de los ingresos tributarios es clave para la inversión
pública en la reducción de algunas de las brechas históricas de la
región, como el acceso marcadamente segregado a bienes públicos de
calidad en el ámbito de la educación, la salud, el transporte y la
infraestructura.

En muchos países, el sistema tributario se apoya de forma particular
en los impuestos sobre el consumo, que resultan especialmente gravosos
para los grupos de ingresos bajos y medianos. Además, los sistemas
tributarios de la región suelen estar más orientados a los ingresos
laborales que a las ganancias de capital y a menudo carecen de impuestos
sobre bienes inmuebles y sucesiones, de manera que se incrementa la
concentración de la riqueza, que es aún mayor que la concentración del
ingreso. La recaudación del impuesto sobre la renta personal es
relativamente baja, especialmente entre los grupos con ingresos más
altos. La Cepal calcula que la tasa impositiva media efectiva para el 10
por ciento más rico solo equivale al 5 por ciento de su ingreso
disponible. Como resultado, los sistemas tributarios de América latina
son seis veces menos efectivos que los europeos en lo referente a la
redistribución de la riqueza y la reducción de la desigualdad.


Además, los gobiernos otorgan un trato de favor a las compañías
multinacionales en materia de impuestos, por medio de reducciones
excesivamente generosas de las tasas de los impuestos de sociedades en
muchos países de la región. Según algunos cálculos, la carga impositiva
para las empresas nacionales equivale al doble de la carga efectiva
soportada por las compañías multinacionales.


A esto hay que añadir las terribles tasas de elusión y evasión de
impuestos en la región. De acuerdo con las estimaciones, las pérdidas de
recaudación del impuesto sobre la renta de las empresas van del 27 por
ciento del ingreso potencial de la tributación de las empresas en el
Brasil al 65 por ciento en Costa Rica y el Ecuador. La Cepal estima que
la evasión y la elusión de los impuestos sobre la renta personal y de
las empresas costaron a América latina en 2014 más de 190.000 millones
de dólares, es decir, un 4 por ciento del PIB regional.


Un sistema tributario internacional arcaico y disfuncional también
proporciona a las empresas y a los ricos amplias oportunidades para que
eviten pagar los impuestos que les corresponden en justicia.


La pérdida crucial de ingresos procedentes de los productos básicos y
el estancamiento experimentado por muchas economías hacen que el pueblo
de América latina no pueda permitirse que una parte tan amplia de los
ingresos y la riqueza de la región estén libres de impuestos. Es
absolutamente esencial que todos paguen los impuestos que les
corresponden según sus medios económicos, de modo que se pueda financiar
un crecimiento sostenible e inclusivo, no solamente en América latina,
sino en todo el mundo.


Con objeto de lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, todos
los gobiernos tendrán que tomar medidas concertadas y coordinadas para
la creación de un sistema tributario adaptado al siglo XXI. Los
gobiernos deben implementar sistemas tributarios más progresistas en sus
respectivos territorios y fortalecer la cooperación mundial y regional
para evitar una competencia perversa entre naciones en el ámbito
tributario. Los países de América latina y el Caribe también podrían
reforzar los impuestos sobre los bienes inmuebles o volver a introducir
el impuesto sobre sucesiones. Asimismo, deben trabajar conjuntamente
bajo los auspicios de las Naciones Unidas para reformar el sistema
tributario internacional, de modo que las empresas multinacionales y los
ricos no puedan aprovechar las lagunas de la legislación tributaria ni
esconder sus riquezas en paraísos fiscales con objeto de evitar pagar
sus impuestos.


¿Qué puede aportar la experiencia de América latina a los líderes
políticos y los encargados de tomar decisiones del sector privado y la
sociedad civil, que se preparan para participar en la próxima reunión en
Davos? Esa experiencia muestra que la decisión de afrontar la
desigualdad debe formar parte de un nuevo pacto social para mejorar la
situación actual del mundo y que cualquier plan para hacer frente a esa
desigualdad e impulsar el crecimiento inclusivo debe otorgar un papel
destacado a la creación de un sistema tributario más justo.


* Secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal).

** Directora ejecutiva de Oxfam Internacional.

18 Vistas