25/06/2016

Delcy Rodríguez: la dignidad tiene nombre de mujer en Venezuela

Con contundencia y rebeldía necesariamente irrespetuosa
(para los que piensan en clave de “discurso políticamente correcto”) Delcy
Rodríguez puso en el sitio que merecen a cada uno de los dinosaurios que
buscaban sancionar a Venezuela. En primer lugar apuntó a ese personaje nefasto
llamado Luis Almagro. La diplomática popular fue tajante en repudiar las componendas
orquestadas por Almagro y enfrentar sus dichos humillantes para con el proceso
revolucionario bolivariano y con el presidente Nicolás Maduro. Pero fue más
clara aún al denunciar las verdaderas intenciones del peón uruguayo de
Washington:  “El secretario general está
dando un golpe de estado a esta organización y está promoviendo, con la
oposición venezolana, un golpe de Estado en Venezuela”.    

 

Con un verbo encendido y ejerciendo el rol de comunicadora
popular al estilo del Comandante Hugo Chávez, Delcy generó con sus palabras (en
dos intervenciones sucesivas) una polarización esclarecedora sobre qué puntos
calzan cada uno de los integrantes de la organización panamericana. De un lado
quedaron los amigos históricos de la Revolución Bolivariana, y del otro los
energúmenos leales a la felonía “almagrista” y a sus patrones del Partido
Republicano yanqui. Para estos últimos, Rodríguez no ahorró conceptos: “Estamos
viviendo los tiempos de vergüenza donde se rompen todas las reglas del juego y
nos colocan en una situación fangosa. Se pretende juzgar a un estado miembro.
Se le está juzgando y se le pretende condenar también”.   

Mirando a uno y otro costado mientras hablaba, fijando sus
ojos en cada uno de los interpelados, la cancillera de la dignidad puso en
caja, entre otros, a su par paraguayo, que había osado apuntar a Venezuela por
sus “violaciones de los derechos humanos”, refiriéndose a la justa prisión del
terrorista Leopoldo López, al que el diario español El País, parece tener como
columnista permanente. Sin pelos en la lengua, Rodríguez le recordó al hijo de
Horacio Cartes (y seguramente del dictador Alfredo Stroessner) que si hay un
país que ataca los derechos humanos en el continente ese es Paraguay, ya que
sus cárceles están llenas de campesinos presos y se utilizan masacres contra
los humildes (como sucediera en Curuguaty) para derrocar gobiernos.

 

Impecable en su embestida, Rodríguez no dejó respirar a
quienes albergaban la idea de sacar adelante la Carta Interamericana para
sancionar a Venezuela, y  volvió a darle
su merecido al Secretario de la OEA por haber tenido la desfachatez de querer
incluir en el recinto a un energúmeno como Ramos Allup, considerado “traidor a
la Patria” por gran parte del pueblo venezolano.

 

El resultado final de esta victoria diplomática es que
Almagro y sus secuaces tuvieron que guardarse la “Carta” en sus bolsillos y
reconocer que una sola mujer, con agallas e ideología revolucionaria logró en
un nido de machistas, pararles los pies, y dejarlos en evidencia como nunca.
Pero además definió en una consigna algo que se hace cada vez más necesario:
“Con la OEA o sin ella vamos a defender al país y la institucionalidad”.
Dejó de esta manera abierta la puerta para un reclamo ya hecho por algunos
gobiernos y organizaciones populares: hay que irse definitivamente de un ámbito
que no le sirve a los pueblos y que no por casualidad tiene su sede en el
corazón del monstruo.

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