11/03/2016

Cuba y un visitante muy especial

Pero Obama, mal que le pese. no se encontrará con una Cuba
desbordada por intrigas políticas ni personajes signados por la corrupción o el
despotismo, como ocurre en otros países de la región, sino con un proceso
revolucionario que ya dura 56 años y con un pueblo que ha resistido como nadie
las consecuencias de un bloqueo criminal impuesto precisamente por el gobierno
del visitante.

 

Como bien afirma un artículo del diario Granma, que
expresa  la posición oficial del
gobierno: “Cuba se ha involucrado en la construcción de una nueva relación
con los Estados Unidos en pleno ejercicio de su soberanía y comprometida con
sus ideales de justicia social y solidaridad. Nadie puede pretender que para
ello, tengamos que renunciar a uno solo de sus principios, ceder un ápice en su
defensa, ni abandonar lo proclamado en la Constitución: Las relaciones
económicas, diplomáticas con cualquier otro Estado no podrán jamás ser
negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera”. Más
claro, agua.

 

Tras el proceso de deshielo iniciado el 17 de diciembre de
2014, y el restablecimiento de relaciones el 20 de julio de 2015,
indudablemente el restablecimiento de relaciones entre ambos países, ha
constituido, y así debe ser visto a escala mundial, como un notorio éxito de la
diplomacia cubana por un lado y de la política de “ lexibilidad” encarada
por Obama en un difícil año electoral. El enemigo número uno de Venezuela
Bolivariana (acaba de renovar las sanciones contra ese país) busca retirarse
del gobierno con un logro de magnitud, después de haber generado múltiples
actos intervencionistas contra otros países.

 

Este acercamiento llega, es importante recordarlo, después
de un durísimo trajinar de ataques arteros a la libre determinación de la
nación cubana, representada por el apadrinamiento de los llamados “bandidos del
Escambray” o ia invasión frustrada por el coraje de Fidel y el pueblo
revolucionario en Bahía de los Cochinos, durante los primeros años de la
Revolución. Si a esto se le suma la larga lista de atentados, asesinatos,
guerra bacteriológica contra seres humanos, plantas y animales (Ejemplo: la
Operación Mangosta ejecutada por la CIA), leyes injerencistas (Helms Burton o
la de “Ajuste Cubano”), y más de 600 intentos de acabar con la vida
del Comandante  Fidel Castro, se podrá
tener una magnitud de lo que han sido en todos estos años las “relaciones”
entre Washington y La Habana.

 

A todas estas operaciones planificadas por los Estados
Unidos, Cuba siempre respondió con la dignidad de su pueblo y el coraje
patriótico manifestado por quienes, como los 5 héroes cubanos, felizmente
rescatados por la lucha tenaz de gobierno y pueblo cubano más la solidaridad
internacionalista. Algo que se dio de igual forma cuando se produjo el regreso
del niño Elián González, retenido en Miami por opositores a la Revolución.

 

Uno a uno, fueron pasando los presidentes norteamericanos
que redoblaban la apuesta para derrocar a Fidel, Raúl y sus compañeros, pero
siempre se chocaron con el muro defensivo de una población que no da lugar a
aventuras involucionistas y defiende lo conquistado en todos estos años.

 

Obama puede aducir que viene con buenas intenciones, e
incluso ha manifestado en varias oportunidades que el bloqueo no dio resultado
y que habría que levantarlo, sabiendo que eso depende de un Parlamento poco
partidario de esa decisión. De devolver Guantánamo ni hablar, según lo
manifestó John Kerry, perpetuando la idea de que ese territorio tan cubano como
la Virgen del Cobre o la Bodeguita del Medio, no entra en la lista de reclamos.
Entonces, más allá de que el mandatario norteamericano sea recibido con toda la
cordialidad que Cuba dispensa a cualquiera que visita su tierra, es indudable
que las intenciones de este viaje hay que colocarlas en un cambio de táctica por
parte del imperio. De las agresiones más brutales, fracasadas todas ellas,
ahora se trata de pasar a la conocida iniciativa del “palo y la
zanahoria”, partiendo de la falsa idea elaborada por Washington sobre que
Cuba está débil económica y socialmente. Murmuran entre dientes que la Isla no
podrá soportar el aluvión de visitas made in USA que llegarán en los 20 vuelos
semanales pactados con aerolíneas estadounidenses. O como dijo uno de los
jerarcas empresariales muy ligado a los eternos contrarrevolucionarios de
Miami: “Ahora los vamos a invadir con inversores y eso sí que no podrán
soportarlo”.

 

Otra vez, como tantas veces anteriores, se equivocan. A
pesar de la cercanía territorial (sólo 90 millas) no tienen idea de los valores
del pueblo cubano. De esa gente que en los momentos más álgidos -derrumbada la
Unión Soviética- no se resignó ante la adversidad de las carencias, y sacando
fuerzas que sólo otorga un alto nivel de conciencia, sobrevivió al llamado
“período especial” sin renuncian a ninguno de sus principios. Pero lo que es
más importante, protegiendo a los más débiles, niños y ancianos a los que jamás
les faltaron los alimentos imprescindibles, la vestimenta, el calzado y una
educación y sistema de salud elogiadas, incluso, por los llamados países
“desarrollados”.

 

En ese mismo andarivel, no sólo disfrutaron de estas
ventajas los cubanos y cubanas, sino que la Revolución envió fronteras afuera,
en plan humanitario a miles de médicos y médicas, y colabora hasta la
actualidad con la alfabetización (Plan “Yo sí puedo”) de millones de
habitantes humildes de Latinoamérica, el Caribe y hasta los propios barrios
sumergidos de Estados Unidos.

 

Con ese país y un pueblo culto, afable y solidario pero con
un alto nivel de combatividad se encontrará el señor Obama. Un gobierno que le
hará saber, como ya lo ha reiterado Raúl hasta el cansancio, que se pueden
mantener relaciones respetuosas y abogar por una convivencia civilizada. Pero
eso no deriva en una renuncia a las ideas, y mucho menos a no exigir que cese definitivamente
el bloqueo y sea devuelto el territorio usurpado de Guantánamo.

 

Esa es la gran diferencia entre un país que conserva
intactos los anhelos independentistas de aquellos bravos barbudos que se
batieron contra el dictador Batista desde la Sierra Maestra hasta el llano y
triunfaron, y un imperio, que precedido por una larga historia de
intervenciones militares, genocidios y políticas hambreadoras, hoy intenta
simular ser lo que no es. Tratará de hurgar en temas sensibles como los
derechos humanos (precisamente el país que tiene en su haber las mayores
prácticas de Terrorismo de Estado), buscará poner en evidencia que allí donde
existe una democracia popular y revolucionaria se oculta “una
dictadura”, hará guiños a las Damas de Blanco y otros opositores, y les
prometerá más fondos económicos para la subversión. Usará todos los tópicos
imaginables, el visitante Obama, pero no podrá cambiar el escenario de sus
anfitriones (ni siquiera con el montaje del show de los Rolling Stones), ya que
Cuba sigue dispuesta a llevar adelante un proceso de actualización del modelo
económico y se reafirma en la construcción de un socialismo que permita
consolidar los logros revolucionarios.

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