10/05/2016

Chile: En Chiloé todo un pueblo lucha contra quienes contaminan sus agua

Hoy, sin embargo, Chiloé se ha transformado en una gran
barricada de protesta, por culpa de las grandes empresas salmoneras que han
convertido al archipiélago en un gigantesco centro de contaminación. Al
parecer, la impunidad y el desprecio por quienes trabajan y viven en las islas,
ha provocado que muchas de estas compañías que habitualmente comercializan el
salmón, arrojen al mar toneladas de nutrientes de los desecho de pescados. Esto
ha provocado un aumento desproporcionado de la cantidad de algas, incentivando
así la denominada marea roja, que actualmente amenaza numerosos puntos
pesqueros del Pacífico. Como se sabe, cuando se da este fenómeno el consumo de
mariscos contaminados puede afectar seriamente la salud de las personas,
incluso generar la muerte, y por eso las autoridades chilenas han llamado a la
población a comprar estos productos solo en lugares autorizados, además de
limitar al máximo la pesca hasta que el mal remita.

Esto quiere decir que Chiloé vive una catástrofe
medioambiental en toda línea, y que como consecuencia de la misma, los
pescadores son los que llevan la peor parte. Al no echarse a la mar, no pescan
y por lo tanto no cobran ni pueden alimentar a sus familias. Pero lo peor de
todo este cuadro, es que como siempre ocurre, fueron precisamente esos
trabajadores y trabajadoras los que desde hace tiempo advirtieron al gobierno
de Michelle Bachelet sobre la actitud criminal de las grandes empresas
salmoneras, al irrespetar las normas básicas para no contaminar. Nada
obtuvieron, ya que el gobierno hizo oídos sordos frente a demandas tan justas,
y por supuesto los empresarios siguieron haciendo dinero y multiplicando sus
maniobras de destruir el medioambiente.

Frente a este panorama, cual Fuentovejuna, miles de
pescadores artesanales de Chiloé su pusieron de pie, movilizándose y cortando
rutas. Varias comunas del archipiélago fueron ocupadas, como son Ancud, Quellón
y Queilén, impidiendo la circulación y evitando así que ningún tipo transporte
pueda entrar ni salir de la isla. “Vamos a permanecer con la carretera cortada
hasta que nos den una solución, porque el intendente ofreció un bono de cien
mil pesos, pero quién vive con eso. La gente lleva casi tres meses sin
trabajar. La autoridad viene y cierra las playas y ahí está la gente sin
trabajar. Vamos a dar la lucha hasta al final porque todo lo que hemos ganado
los pescadores ha sido en la calle, peleando”, nos dijo Chile Hernández,
presidente del sindicato de pescadores artesanales Viento Sur de la localidad
de Ancud.

La respuesta de Bachelet y sus adláteres fue sacada de la
misma receta que suele aplicarle a los estudiantes, enviando más carabineros
para reprimir a quienes sólo reclaman poder trabajar y vivir dignamente. Esta
actitud, sumada al accionar de custodios y personal de seguridad de las
empresas salmoneras, tratando de atemorizar a los movilizados, provocó que la
protesta crezca cada día más. Para colmo, en un encuentro informativo con el
ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, los pescadores lo increparon porque
el funcionario evitaba ofrecer soluciones. Tal fue el clima de la charla, que
en un momento una de las dirigentas le preguntó a los gritos al “señor ministro”:
“¿Acaso usted puede vivir con cien mil miserables pesos que nos ofrecen?” , y
esto provocó que un amanuense del funcionario se indignara por el “maltrato”.
Como suele ocurrir con cierta burocracia estatal, siempre están atentos a los
detalles poco importantes y jamás sintonizan con la realidad de los de abajo.

Para los pescadores el tema está muy claro: el Gobierno se
lava las manos frente al drama que afecta a miles de familias, tampoco quiere
concederles el lógico reclamo de abonar un bono que ayude a paliar las pérdidas
que ocasiona el no salir a trabajar, y por otro lado protege convenientemente a
los ricos empresarios de las salmoneras. Esos mismos que  para amortiguar los olores de los millones de
salmones muertos, vierten químicos que ahora provocan esta crisis.

Así las cosas, los pescadores han profundizado las medidas
de lucha y en medio del humo de los neumáticos quemados y los gritos de
“queremos justicia”, hombres, mujeres y niños no están dispuestos a ceder si no
se los respeta y se los atiende “como ciudadanos que somos y no como población
excluida”, afirman. El combustible empieza a escasear como parte de los
bloqueos de rutas, en los colegios los maestros solidarios suspenden las clases
y se suman con sus alumnos a las marchas y concentraciones, y  si faltaba algún ingrediente, no son pccos
los diputados (algunos de ellos del propio partido de Bachelet) que se han
manifestado en apoyo de los “rebeldes” y advierten que si no hay una pronta
solución el conflicto puede ser mayor al que se vivió en Aysén, la otra
pueblada del sur chileno que duró varias semanas y que no pudo ser resuelta ni
con gases ni con balas de goma.


Como símbolo de la fuerza de este pueblo chilote,
mientras se vela la noche en los cortes de rutas, los pobladores se apiñan alrededor
de los fogones para ahuyentar el frío. De pronto, entre el agitar de banderas,
muchas de ellas mapuches, los vecinos comienzan a cantar en voz baja un corito
que dice: “Ya no hay pescao, ya no hay pescao, porque los grandes de aquellos
bancos se lo han llevao”. Aparece una guitarra y un par de bandoneones, y la
música se suma al vocerío, que se hace más y más potente. Hay risas, hay
también algunos pasos de baile improvisado, pero también hay bronca de años, de
siglos de tanta pobreza.

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