01/07/2013

Brasil movilizado: Pase libre a la participación política

Estaba a punto de arraigarse, cuando cientos de miles de
ciudadanos, principalmente jóvenes de una ciudad, hicieron estallar las
calles rechazando la suba del pasaje urbano. Pero esto era solo
la punta de un iceberg que comenzaría a derramarse por innumerables
ciudades del gigante país.

El llamado Movimiento Pase Libre se ha ampliado en las calles; se
han diversificado l@s manifestantes y se ha ampliado la
plataforma reivindicativa. Atrás de los reclamos inmediatos como
los relativos al precio de los pasajes de buses urbanos, asoma lo
político. La juventud emergente no quiere entregarle su presente y futuro
a las grandes empresas petroleras, ni a la FIFA, ni a los congresistas.
Exige a los gobernantes y parlamentarios que se hagan cargo de problemas
sociales olvidados tras una silenciosa pero constante baja en la
inversión social, que se expresa en el deterioro de la salud y la
educación, en un caótico crecimiento urbano sin los servicios garantizados
y de muchas otras formas. Por ello, cuando todo parecía brillar y marchar
sobre ruedas, la juventud salió a increpar a “la razón política”
imperante haciéndose oír en las calles.

Como ocurre en no pocas de las grandes movilizaciones políticas, grupos
ajenos a los móviles de la convocatoria se infiltran buscando desvirtuar y
manipular los reclamos en función de sus oscuros y mezquinos
intereses elitistas conservadores. Con sus actos vandálicos, saqueos,
provocaciones violentas, etc., alientan la represión contra
los manifestantes. Es claro que sectores de derecha aspiran a la
ira colectiva para transformar los reclamos sociales en
movilizaciones antigubernamentales, anti petistas, ilusionados con
aprovechar el descontento social para instalarse como favoritos para
las elecciones del 2014, o al menos para tratar de llegar a la segunda
vuelta. Algunos sueñan tal vez con dar cuerpo a un nuevo formato de “golpe
ciudadano” que, obviamente luego encabezarían sus jefes de guante
blanco.

En realidad, esta es la natural actitud mezquina y sectorial que
la derecha puede asumir ante una situación como esta; sorprendente
sería una actitud contraria. Pero esto no puede empañar
los hechos. Los provocadores constituyen una minoría antidemocrática
sin arraigo social, no representan el espíritu ni los contenidos de la
marea humana que reclama en las calles. Su presencia en ella es
pequeña, aunque muy potenciada por los medios de comunicación a su
servicio en el espacio local e internacional, como puede observarse.
Conclusión: La derecha existe y actúa, la lucha de clases existe, y
estos acontecimientos son parte de la lucha política de clases con la
modalidad en que ella existe y se desarrolla en este tiempo.

La ciudadanía movilizada en las calles recupera socialmente –de hecho la
política, anquilosada en aparatos partidario-estatales-gubernamentales.
Con su presencia multitudinaria l@s manifestantes expresan
claramente: queremos participar. La juventud hace valer su derecho a ser
protagonista de su tiempo y de su vida; quiere ser parte del sujeto
político social y se moviliza en esa dirección. Esto marca la
impronta política del presente: la participación popular desde abajo. Y
por eso rebasan a los partidos políticos tradicionales de derecha, de
centro, y también de la izquierda.

L@s manifestantes reaccionan contra la política del viejo
formato partidario, y contra acomodados representantes alejados de
la problemática de la ciudadanía. Van a manifestar frente al
Congreso y ello no es una casualidad. Están cansad@s de que l@s parlamentari@s hayan
transformado la política en una negociación entre bancadas para lograr
acuerdos corporativos y así garantizar la “gobernabilidad”.
No confían en ellos. La política es otra cosa dicen, y llevan razón.

Algunos observadores rechazan lo que ocurre porque dicen que nadie “los
controla”, que “no hay dirección”. Pero eso es exactamente lo que está
mostrando la juventud en las calles. Si sus demandas
estuvieran cubiertas, si fueran escuchados, si hubiera canales para que participen en
la toma de decisiones, no estarían en las calles. Participar es el anhelo
que late en el corazón de los reclamos.

Con la instalación del conflicto social, la juventud movilizada reabre un
tiempo político que parecía “superado” y ausente de la realidad brasileña.
Estaba latente en los movimientos sociales, pero desarticulados en su
analítica y orgánica no pudieron estructurar un quehacer político común.
De cierta manera, muchos de estos actores también relegaron el quehacer
político a los partidos de izquierda, imaginando algo así como una
“asignación de roles” diferenciados y distribuidos entre movimientos y
partidos, que cada uno debía respetar en aras de llevar una “convivencia
armónica”.

Y esa lógica que asigna “roles” políticos y “roles” sociales para actores
políticos y sociales respectivamente, no era (ni es) solo local. A través
de la coordinación petista del Foro de Sao Paulo, a la usanza de la
III Internacional, se irradiaba –al menos hasta ahora , como el formato
único admisible para la relación entre partidos de izquierda-movimientos
sociales, adaptando y actualizando así el viejo esquema de
subordinación de los movimientos sociales a los partidos de izquierda
(dominantes). Quien subordina no escucha, no pregunta, considera que “ya
sabe” lo que hay que saber y, de un modo u otro, pretende que “los
demás” escuchen y obedezcan.

La propuesta de interrelación horizontal entre partidos y
movimientos apunta a transformar precisamente ese esquema. No es una
forma organizativa sino un principio de igualdad para construir una interrelación
dialogal entre actores-sujetos pares. Obviamente, este principio ha sido
siempre subestimado y desestimado por los partidos de izquierda. Estos
redujeron el planteamiento de horizontalidad a una cuestión
morfológica y, sobre esa base, la desecharon calificándola de basista,
espontaneísta, anarquista, etc.; todo, menos pensar en modificar las
arcaicas morfologías partidarias acorde con la realidad de los
sujetos político-sociales, con sus modalidades de existencia
y organización, y con las tareas político-sociales-culturales que
reclama la transformación raizal (desde abajo) de la sociedad
capitalista en el presente. La horizontalidad no es un problema, sino la
fragmentación, la sectorialización de las luchas y sus actores, y la transición
defensiva de éstos hacia grupos reivindicativos-corporativos.

Por mucho que los representantes de tales partidos evoquen a Lenin creador
del partido revolucionario “de nuevo tipo”, pensado por él en virtud del
sujeto, las condiciones y las tareas de su época, está claro que
Lenin se espantaría al ver que, en más de un siglo, a pesar de los grandes
cambios ocurridos en el sistema mundo bajo el dominio global del capital,
las “vanguardias” de izquierda no modificaron los criterios básicos
de su organización político-partidaria para que ésta sea convergente con
los sujetos, las tareas y las condiciones de transformación revolucionaria
de las sociedades en el presente.

Resulta casi ridículo decir esto, pero es parte de la realidad.
Y ciertamente, constatar este anquilosamiento es más impactante aun
en este continente, donde las luchas sociales y el
quehacer político protagonizado por diversos movimientos sociales,
indígenas, sindicales, urbanos y rurales, marcaron el rumbo y el camino de
lo nuevo y –con ello, crearon también las condiciones para que la
izquierda partidaria (tradicionalista) modificara sus conductas y
posicionamientos políticos.

En estas tierras, con las luchas de partidos de izquierda, de movimientos
indígenas y demás movimientos sociales, se han creado condiciones para
convocar a un Foro político-social continental que articule partidos
de izquierda y movimientos sociales. Pero no ocurre, pues para ello el
conjunto de actores sociales y políticos tendría que articularse de modo
horizontal, es decir, en pie de igualdad en tanto todos son
integrantes del sujeto sociopolítico.

En este sentido, el desafío es construir un espacio horizontal
de articulación-coordinación-conducción política de los
actores sociopolíticos, dando pasos concretos que impulsen los procesos
de conformación constitución del sujeto político colectivo, en cada país
y también en el ámbito continental. Y esto poco y nada tiene que ver
con la actual propuesta-invitación del Foro de Sao Paulo a los movimientos sociales
para que se agrupen y constituyan “un capitulo” en el seno del Foro…

 

* Doctora en Filosofía. Directora de la Revista “Pasado y Presente XXI”;
escritora. Profesora adjunta de la facultad de Filosofía de la Universidad de
La Habana.

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