19/05/2012

Borrados de la historia

 

“Yo me borro”, dijo Casildo Herreras, el que fuera secretario general de la CGT, cuatro días antes del golpe del 24 de marzo de 1976 que inauguró el genocidio en la Argentina.

Quizás de él se estaba acordando la Presidente de la Nación cuando días pasados afirmó que los dirigentes sindicales se borraban, y que atrás quedaban los trabajadores con sus necesidades y penurias.
Se olvidó de otros muchos miles de dirigentes sindicales, miembros de comisiones internas, de cuerpos de delegados, de comisiones directivas de sindicatos, que en las fábricas y lugares de trabajo quedaron resistiendo a la dictadura. Y que es lo que explica que, cuando la CTA denunció ante el juez Garzón para imputar por genocidio a los dictadores y a los empresarios socios de esa dictadura genocida, demostró que el 70% de los desaparecidos eran trabajadores.
Este olvido de la Presidente, es un olvido interesado. Por eso nos tiene que llevar a la reflexión.
Porque si solamente tuviera un objetivo corto, como ponerle límites y freno a las justas demandas salariales y laborales que hoy miles de trabajadores en lucha en todo el país están expresando, sería un problema pero quizás no tan grave. El problema mayor radica en que ese olvido de la Presidente (o ese recuerdo parcializado y descalificador para el conjunto de los trabajadores organizados) tiende a olvidar también la propia historia de nuestro país.
Tiende a olvidar que en la Argentina hubo un 17 de octubre, que fue el que inauguró el proceso de transformaciones que se llevó adelante a partir de 1945 en la Argentina.
Tiende a olvidar a un Sebastián Borro, que encabezó con la toma del Lisandro de la Torre la resistencia de los trabajadores peronistas a la dictadura fusiladora del ’55.
Tiende a olvidar que existió un Cordobazo, que fue lo que habilitó la recuperación de la democracia en los años ’70.
Tiende a olvidar, en definitiva, que no hay proceso de cambio si no hay un actor social protagonista, que es la clase trabajadora. Y por lo tanto, tiende a negar en el futuro cualquier posibilidad de cambio real en la Argentina, si lo que se niega es el protagonismo de los trabajadores.
Por esas razones es que estas afirmaciones de la presidente de la Nación son tan preocupantes, nos tienen que hacer reflexionar, y la tendrían que hacer reflexionar también, si es que verdaderamente se quieren promover los cambios que en la Argentina son necesarios.
No hubo ningún proceso de cambio, de transformaciones profundas en nuestro país que no hayan tenido como actor fundamental a la chusma, a los negros, a los descamisados, a los trabajadores. Y no habrá en nuestro país ningún proceso de cambio si no es basado en el reconocimiento de los derechos de estos hombres y mujeres de nuestro pueblo, no solamente a tener una vida digna, sino a organizarse y ser protagonistas de los cambios institucionales y modificaciones organizativas que necesita una sociedad, para construir una democracia verdaderamente plena.

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