26/07/2013

“No hay una fuerza capaz de doblegar a un pueblo que es consciente de sus derechos”

Porque Evita tenía abnegación por lo niños, las mujeres y
los ancianos. Pero la abnegación tenía que ver con la construcción de una
política de Estado, propia, que aportara al modelo de país que entonces
enfrentaba los intereses del capital y la oligarquía. El año pasado, durante el
acto por el 65º aniversario del cumplimiento del voto femenino, las compañeras
de ATE la recordaban también en un doble sentido: el de la identificación con
los pobres y en la conquista de derechos para las mujeres. Sobre todo, en el
derecho a cumplir un rol de dirección política que institucionalizó a través
del Partido Peronista Femenino.

Sobre lo que Evita ha hecho mucho se ha dicho. Así que
dejamos que el escritor Eduardo Galeano lo haga mejor por nosotros:

“La odiaban, la odian los bien comidos: por pobre, por
mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida
para sirvienta, o a lo sumo para actriz de melodramas baratos. Evita se había
salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos
decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al
haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba
empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares
de novia. Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba,
aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos
de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el
pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de
Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día,
noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo.
Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra”.

 

Prensa ATE – 25/07/13

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