01/09/2016

Senado brasileño destituye a la presidenta Dilma: una condena injusta y un golpe parlamentario

En una primera votación, el pleno del Senado decidió
destituir a Rousseff y posteriormente, en el sufragio sobre su actuación
política, 42 senadores se manifestaron en favor de la inhabilitación, 36 en
contra y tres se abstuvieron. En este contexto, Dilma Rousseff no fue inhabilitada
políticamente, debido a que no se obtuvieron los dos tercios (54 votos)
necesarios de apoyo para la aprobación de la medida.

Entre tanto, el presidente interino, Michel Temer,
permanecerá a la cabeza de mando del gigante suramericano hasta finales de
2018, pese a la enorme aura de antipopularidad que le rodea por la
implementación (en el poco tiempo que lleva en el poder) de políticas
económicas profundamente marcadas por recortes presupuestarios y
privatizaciones de servicios y beneficios para el ciudadano común.

Movimientos sociales y políticos, activistas y sectores de
la sociedad civil acusan al líder del centrista Partido de Movimiento
Democrático Brasileño (PMDB) de golpista. Pero Temer también es señalado de
retrógrado, esto por echar marcha atrás en las reivindicaciones sociales
alcanzadas por los más desfavorecidos, políticas que habían refrendado los
líderes del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula Da
Silva y Dilma Rousseff.

Rousseff fue suspendida de sus funciones el 12 de mayo
porque el Senado decidió juzgarla por presunta manipulación de las cuentas
públicas en 2014 (año de su reelección) y a inicios de 2015.

El proceso fue abierto en diciembre de 2015, y tras recorrer
un largo camino por la cámara baja y la cámara alta del Congreso, de
recolección de pruebas, presentación de testimonios y otras diligencias por
parte de una comisión especial del Senado; Rousseff fue hallada culpable y
destituida definitivamente por más de 54 votos (dos tercios del Senado).

Para nadie en Brasil era un secreto que el impeachment
contra Rousseff se trataba de un “golpe blando”, tal como lo calificó el premio
Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel: “Los golpes blandos ya se pusieron en
práctica en el continente en países como Honduras (con Manuel Zelaya)  y Paraguay (con Fernando Lugo). Ahora, la misma
metodología, que no necesita a las Fuerzas Armadas, se está utilizando aquí en
Brasil”, manifestó.

El abogado de defensa de Rousseff, José Eduardo Cardozo,
calificó el proceso judicial como “una gran farsa” y un golpe contra la
democracia. Durante el proceso, incluso se filtraron grabaciones secretas en
las que se desprendía la premisa de que el impeachment solo fue un intento de
frenar las investigaciones del megaescándalo de corrupción en la estatal
Petrobras que golpeó tanto al partido de Rousseff como al de Temer

“Hay que resolver esa mierda. Hay que cambiar el gobierno
para cortar esta sangría”, afirmaba en las grabaciones el exministro de
Planificación, Romero Jucá, que debió renunciar tras revelarse el audio. El
entonces ministro de Transparencia, Fabiano Silveira, también cayó tras otra
filtración en la que se evidenciaba que criticaba la investigación de la
corrupción en Petrobras.

Aunque la defensa de Rousseff solicitó a la comisión del
Senado incluir tales grabaciones entre las pruebas a ser analizadas para
demostrar que el impeachmet carecía de fundamento; el senador Antonio Anastasia
(encargado de elaborar el informe final y favorable al impeachment) rechazó el
pedido y consideró los hechos “ajenos al objeto del proceso”.

Luego del 12 de mayo, cuando Rousseff fue separada del
cargo, las movilizaciones en contra del Gobierno interino de Michel Temer
empezaron a reproducirse en todo el territorio nacional, e incluso fuera de las
fronteras brasileñas, y cada vez se hace mayor el rechazo, lo que demuestra el
poco apoyo popular con el que cuenta Temer. Los Juegos Olímpicos de Río de
Janerio 2016, incluso sirvieron de escenario para alcanzar una mayor
visibilidad internacional a las protestas llevadas a cabo en contra del
presidente interino.

Para el mes de junio, de acuerdo con el sondeo de MDA / CNT
el Ejecutivo de Temer solo contaba con una valoración positiva del 11,3 por
ciento, mientras que el 30,2 por ciento considera regular su gestión. La
encuesta también indicó que el  50,3 por
ciento de los consultados aboga por la celebración de las elecciones anticipadas
este mismo año, frente al 46,1 por ciento que cree que los comicios deben
realizarse en 2018 como estaba previsto.

A este respecto, Rousseff propuso y prometió públicamente
que si retomaba sus funciones celebraría un plebiscito para consultarle al
pueblo si realmente deseaba adelantar las elecciones presidenciales: “La
restauración plena de la democracia requiere que la población decida cuál es el
camino para ampliar la gobernabilidad y mejorar el sistema político electoral
brasileño”, opinó Rousseff.

En cuanto a Temer, pese al voto de confianza que los
mercados depositaron en el Gobierno del ex vicepresidente, éste no consigue
salir de la crisis producto de los escándalos de corrupción en los que se ha
visto envuelto su partido. A esto se le suma el hecho de que Temer lucha por
estabilizarse en medio de fuertes cuestionamientos por su legitimidad y de una
severa recesión económica.

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