09/07/2016

Seamos libres, que lo demás no importa nada

Un día como hoy, allá por 1816, se reunían en la
provincia de Tucumán, en el norte argentino, los congresales que luego del gran
paso de la Revolución de Mayo de 1810, habían resuelto declarar definitivamente
la independencia de la patria de “los violentos vínculos que la ligaban a los
Reyes de España”. Aquella gesta de hombres libres que habían protagonizado
muchas batallas contra el imperio español no dejaba lugar a duda alguna: “Nos
los representantes de las provincias unidas de Sud América declaramos
solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de
estas Provincias recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse
del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus
sucesores y metrópoli”.

 

El acta fue firmada de manera unánime y se tradujo a
las lenguas quechua y aymara para que la conocieran también las poblaciones
indígenas que habitaban nuestro suelo desde los comienzos de la historia y que
habían sido despojados de todos sus derechos luego de la conquista.  Esa misma noche, en la ciudad de San Miguel
de Tucumán, hubo fiesta en la calle y el pueblocelebraba el comienzo de una
nueva etapa histórica que daría impulso al General Don José de San Martín para
iniciar el cruce de los Andes y liberar Chile y más tarde el Alto Perú.
Comenzaba el tiempo de la liberación definitiva de los pueblos de la América.

 

Habían pasado 6 años de la Revolución de Mayo en
Buenos Aires. Y ya lo había escrito uno de los grandes protagonistas de la
época, Mariano Moreno, uno de los secretarios de aquella Primera Junta de
Gobierno soberano: “Si los pueblos no se ilustran… si cada uno no conoce lo que
puede, lo que vale o lo que debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y
luego de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres será tal vez nuestra
suerte mudar de tiranos, sin destruir jamás la tiranía”.

 

Los tiranos

 

Hoy, doscientos años más tarde, esa convicción
continúa latiendo en los hombres y mujeres que no sólo en la Argentina, sino en
toda Latinoamérica, continúan librando batallas contra las distintas formas de
opresión y colonialismo, tanto en lo económico, como en lo político y la
cultura. Que no quieren nuevos tiranos, sino terminar definitivamente con
ellos. Y que saben que se trata de una disputa colectiva, organizada, de a
miles. Que la independencia no es conquista individual sino expresión de un
pueblo organizado.

 

Y mientras tanto,millones de trabajadores sobreviven
aún en nuestro continente entre la explotación y la precarización laboral,
organizándose para defender sus derechos más elementales: la salud, la
educación, un salario digno, la vivienda o un pedazo de tierra para producir.

 

En el año de su bicentenario, Argentina es gobernada
por una clase política que volvió al poder para defender los intereses de los
más ricos, de las grandes empresas, nacionales y extranjeras, aquella tiranía
que aún no ha sido derrotada. Un gobierno que volvió con las viejas recetas del
neoliberalismo, con ajuste, despidos, achique del Estado y cierre de fábricas y
comercios para dar paso al “libre mercado” y a un modelo especulativo  que sólo favorece a unos pocos y hace crecer
la pobreza y el hambre en un país productor de alimentos y fuente de recursos
naturales y energéticos de extremo valor.

 

La Patria Grande

 

Hace algunos días, el 5 de julio para ser exactos,
nuestros hermanos venezolanos celebraron205 años de su declaración
independentista. A través de un texto que firmaron en la Capilla Santa Rosa de
Lima de Caracas los representantes de las siete provincias de la incipiente Venezuela
establecieron en 1811los principios de “igualdad de sus habitantes, la
abolición de la censura y la libertad de expresión”.

 

Fueron aquellos hombres y también el Libertador Simón
Bolívar, quienes dejaron su legado a las nuevas generaciones que hoy viven y
resisten en la República Bolivariana de Venezuela el avance de las grandes
potencias mundiales que siguen pensando a América Latina como su fuente de
recursos y materias primas sin derecho al desarrollo productivo de las naciones
que la componen.

 

En ese sentido, y hoy vale la pena recordarlo, la
CLATE expresó en su Declaración del Río de La Plata del pasado mes de abril que
“las organizaciones miembro redoblamos nuestro compromiso internacionalista y
solidario por un modelo de desarrollo ambientalmente sustentable, socialmente
justo, inclusivo, equitativo y políticamente soberano, en el marco de una firme
defensa a la democracia y a la voluntad popular”.

 

Independencia, soberanía y libertad. Justicia, pan y
trabajo. Banderas de todos los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe,
insignia de nuestras organizaciones sindicales. Semillas plantadas a comienzos
del Siglo 19 que más tarde dieron sus frutos en otras gestas, con otros
protagonistas, como Martí, el Che, Fidel, Chávez o la revolución mexicana.
Hombres y mujeres, trabajadores organizados y protagonistas de su tiempo.

 

El desfile de
Corina

 

Manuel Belgrano no fue solamente el “creador de la
bandera argentina”. Fue una de las figuras determinantes para la declaración de
independencia y quien lideró junto a Martín Miguel de Güemes las batallas del norte
argentino venciendo al imperio español. Fue este hombre quien donó gran parte
de su dinero a la construcción de cientos de escuelas que aún hoy llevan su
nombre y su legado y brindan a los más pequeños la más poderosa de las
herramientas: el saber.

 

La historia de Corina no sucedió en una escuela del
norte donada por Belgrano, sino en un establecimiento de la capital de la
Argentina, en el Barrio de La Paternal de Buenos Aires. El patio se vistió de
celeste y blanco para celebrar el bicentenario de nuestra independencia. Los
chicos tenían preparado un desfile que recorrería nuestra historia reciente
junto a los docentes y los padres.

 

Pero algo sucedió antes de que ellos tomaran el
protagonismo. Ese mismo día Corina, la portera, una empleada estatal que ya
peina sus canas y mantiene impecable su uniforme, cumplía 35 años de servicio
en esa escuela pública. Alumnos, padres y maestros la agasajaron como lo
merece: desfiló entre las banderas argentinas y recibió el mayor de los
regalos: el aplauso y el amor de todos lo que ese día queríamos recordar de que
se trata esto de la independencia. Celebramos su trabajo, celebramos que su
trabajo son nuestros derechos. Ahora y hace doscientos años. 

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