25/08/2016

Paz: “la más hermosa de todas las batallas”

Carta Completa de Iván Márquez, Jefe de la Delegación de Paz de las FARC-EP.



La Habana, Cuba, sede de los Diálogos de paz, agosto 24 de
2016


Hemos cerrado en el día de hoy en La Habana, Cuba, el
Acuerdo de Paz más anhelado de Colombia. Tierra, democracia, víctimas, política
sin armas, implementación de acuerdos con veeduría internacional, son, entre
otros, los elementos de un acuerdo que tendrá que ser convertido, más temprano
que tarde por el constituyente primario, en norma pétrea que garantice el
futuro de dignidad para todos y todas.


Podemos proclamar que termina la guerra con las armas y
comienza el debate de las ideas. Hemos concluido la más hermosa de todas las
batallas: la de sentar las bases para la paz y la convivencia.


El acuerdo de paz no es un punto de llegada, sino el punto
de partida para que un pueblo multiétnico y multicultural, unido bajo la
bandera de la inclusión, sea orfebre y escultor del cambio y la trasformación
social que claman las mayorías.


Hoy estamos entregando al pueblo colombiano la potencia
transformadora, que hemos construido durante más de medio siglo de rebeldía,
para que, con ella, y la fuerza de la unión, empiece a edificar la sociedad del
futuro, la de nuestro sueño colectivo, con un santuario consagrado a la
democracia, a la justicia social, a la soberanía y a las relaciones de
hermandad y de respeto con todo el mundo.


Hemos suscrito compromisos sobre los seis puntos que
integran la Agenda del Acuerdo General:


Acuerdo “Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma Rural
Integral”, que busca la transformación de las condiciones de miseria y
desigualdad que imperan en las zonas agrarias de nuestro país, llevando los
planes y programas para el buen vivir y el desarrollo a partir de la titulación
de las tierras en poder de las comunidades rurales.


Acuerdo “Participación política: apertura democrática para
alcanzar la paz”, en el que el énfasis está en la eliminación de la exclusión a
partir de la expansión de la democracia que permita la amplia participación
ciudadana en la definición de los destinos del país.


Acuerdo “Solución al problema de las drogas ilícitas”, que
diseña una nueva política de lucha contra las drogas de uso ilícito, mirando
sus connotaciones sociales y brindando un enfoque con énfasis en los derechos
humanos que supere las falencias de la fracasada “guerra contra las drogas”.


Acuerdo sobre Víctimas, consistente en un “Sistema Integral
de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición”, una “Jurisdicción Especial
para la Paz”, una Unidad para la Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas
en el contexto y en razón del conflicto, planes de reparación integral, medidas
de restitución de tierras y garantías de no repetición, entre otras.


Acuerdos sobre el punto Fin del Conflicto: “1. El Cese al
Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo; 2. La Dejación de las Armas; 3.
El Mecanismo de Monitoreo y Verificación que Naciones Unidas puso en marcha mediante
el despliegue de observadores de países de la CELAC; 4. Se definieron acuerdos
sobre garantías de seguridad y desmonte del fenómeno del paramilitarismo
creando una Unidad de investigación y desmantelamiento de las organizaciones
criminales, incluyendo las que hayan sido consideradas como sucesoras del
paramilitarismo, y sus redes de apoyo…, pero con una visión no militarista sino
de búsqueda de soluciones que eviten más derramamientos de sangre y dolor, y
como aspecto quinto, lo más reciente consensuado fueron los acuerdos sobre
Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil, en lo económico, lo social y lo
político, lo cual a partir del indulto y la más amplia amnistía política, abre
el camino para nuestra conversión en partido o movimiento político legal en el
nuevo escenario social que surge del conjunto de los Acuerdos de paz.


Finalmente, tenemos también un Acuerdo sobre Implementación,
Refrendación y Verificación, que dá las garantías para la planeación,
financiación y presupuesto, como para la realización de los cambios normativos
que permitan la materialización de los compromisos.


Durante el tratamiento de cada punto, en paralelo, trabajó
la Sub Comisión de Género sobre el análisis del conjunto de los textos
consensuados y los temas en debate, proveyendo insumos que abren paso a la
plena reivindicación del ser humano.


Hemos cumplido la tarea. En los próximos días estaremos en
Colombia realizando la Conferencia Nacional Guerrillera. Esa es nuestra máxima
instancia de autoridad, a la que debemos subordinación, para someter a su
veredicto la obra política que representa el Acuerdo Especial de Paz de La
Habana. Confesamos que ha sido una construcción dura y llena de dificultades,
con luces y tal vez con sombras, pero trabajada con el corazón lleno de amor
por la patria y los pobres de Colombia. Nos asiste la convicción de que hemos
interpretado fielmente el sentimiento de nuestros compañeros y compañeras de
armas y de ideas, que siempre combatieron pensando en la solución política del
conflicto, y, sobre todo, en la posibilidad de una patria justa; sin esos
abismos horrorosos que hoy se interponen entre el desarrollo y la pobreza.


A los compañeros y compañeras recluidos en prisiones y
calabozos del país y fuera de las fronteras, va nuestro mensaje de amor con la
esperanza de tenerlos muy pronto construyendo en libertad la Nueva Colombia
soñada por nuestros padres fundadores.


Al pueblo de Colombia lo abrazamos con toda la fuerza de
nuestro corazón, para reafirmarle que la lucha guerrillera que se escenificó en
todos los puntos de la geografía nacional no tuvo razón distinta a la
dignificación de la vida humana, en el marco del derecho universal que asiste a
todos los pueblos del mundo a alzarse en armas contra la injusticia y la
opresión. Lamentablemente, en toda guerra, pero especialmente en las de larga
duración, se cometen errores y se afecta involuntariamente a la población. Con
la firma del acuerdo de paz, que lleva implícito el compromiso de No
Repetición, esperamos alejar definitivamente el riesgo de que las armas se
vuelvan contra los ciudadanos.


La paz es para todos y abraza todos los estratos de nuestra
sociedad llamándolos a la reflexión, a la solidaridad, y nos dice que es
posible sacar el país adelante. A los estratos que sobreviven en las catacumbas
de la desesperanza, el olvido y el abandono oficial, les decimos que es
posible, confiando en la fuerza interior y decisión que todos llevamos por
dentro, levantarnos de la miseria y de la pobreza.


Mientras tengamos vida, todo es posible, y mucho mejor si lo
hacemos organizadamente. Ahí están los jóvenes de Colombia, siempre generosos,
desde claustros y universidades, dispuestos a ayudar en la búsqueda colectiva
de soluciones a la problemática social.


A los campesinos, hombres y mujeres llenos de humildad y de
pureza, que buscan en el surco a través de su trabajo y sudor la soberanía
alimentaria de Colombia, les ofrecemos un puesto de lucha en la Reforma Rural
Integral acordada. A las comunidades afro de Colombia, a los pueblos indígenas,
los invitamos a mirar en la geografía de todo lo acordado el enfoque étnico
diferencial, ganado con su propia lucha. A las mujeres, les decimos, que
haremos valer el enfoque de género que respira el Acuerdo Especial de Paz.


No será posible detener la poderosa fuerza del cambio
originada en los sueños y esperanzas de un pueblo que reclama sus derechos.
Nada podrá desviarnos del camino. El pueblo de Colombia exige respuestas a sus
inquietudes y el gobierno debe darlas con acciones tangibles.


Habrá veeduría internacional para los compromisos de las dos
partes, no sólo para la guerrilla como quisieran algunos, sino también para los
compromisos del Gobierno en temas fundamentales del fin del conflicto, como la
reincorporación en lo político, económico y social, en las garantías de
seguridad, y en el tránsito de la guerrilla a movimiento político legal.


Nos suscita gran expectación el desarrollo del compromiso de
las reformas y ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos
de la construcción de la paz. Para ello, consideramos, debe abrirse campo el
GRAN ACUERDO POLÍTICO NACIONAL post plebiscito propuesto por las partes, al que
invitamos a las fuerzas vivas de la nación para que en ese espacio pensemos en
un nuevo marco de convivencia político y social que garantice tranquilidad a
las generaciones venideras.


Tendremos paz si se respetan los acuerdos. El pueblo debe
constituirse en garante principal de su cumplimiento. Acuerdo Especial de Paz y
pueblo deben ser uno solo como mar y ola, donde los acuerdos son el mar y el
pueblo la ola persistente exigiendo cumplimiento.


En nombre de las FARC-EP me dirijo a las naciones del mundo
pidiéndole a los pueblos y a los gobiernos su solidaridad, su respaldo en todo
sentido para que el más dilatado conflicto del continente se convierta en un
referente y asunto del pasado que no debe repetir un pueblo.


Al Gobierno de los Estados Unidos que durante tanto tiempo
apoyó la guerra del Estado contra la guerrilla y contra la inconformidad
social, le pedimos siga respaldando de manera diáfana los esfuerzos colombianos
por restablecer la paz, siempre esperando de Washington gestos humanitarios que
concuerden con la bondad que caracteriza a la mayoría del pueblo
norteamericano, amigo de la concordia y la solidaridad. Quedamos a la espera de
Simón Trinidad.


Esperamos que el ELN pueda encontrar un camino de
aproximación para que la paz que anhelamos sea completada con creces
involucrando así a todos los colombianos. Finamente las FARC-EP expresan su más
profundo agradecimiento al gobierno liderado por el General de Ejército Raúl
Castro Ruz y al pueblo de Cuba, todo lo que ha hecho por la paz de Colombia, gratitud
eterna a la patria de Martí. Gracias también al Reino y al pueblo de Noruega
por su contribución generosa y por su acompañamiento como garante a los
esfuerzos de la reconciliación del país.


Nuestro reconocimiento y afecto a la República Bolivariana de
Venezuela, por su aliento permanente a su hermana Colombia en la concreción del
acuerdo de paz. Gracias Nicolás Maduro por continuar la obra que le encomendara
el Presidente Chávez. Un agradecimiento a la Presidenta Michelle Bachelet y al
pueblo de Chile por su acompañamiento extraordinario a una paz que saben muy
bien, es esencial para consolidar la paz del continente.


Permítannos rendir el más sentido homenaje a los caídos en
esta larga confrontación fratricida. A las familias, madres, viudas, hermanos,
hijos y amigos nuestras condolencias por el luto y la tristeza de la guerra.
Unamos nuestras manos y nuestras voces para gritar NUNCA MÁS, NUNCA MÁS.


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