07/02/2017

Matías Cremonte: “Volver sanos del trabajo”

El Gobierno dictó un decreto de necesidad y urgencia que
reforma la Ley de Riesgos del Trabajo. No existen razones que lo justifiquen. Y
la necesidad de reformar el sistema no pasa por profundizar el existente, sino
por cambiarlo de raíz. Los accidentes y las enfermedades no son una derivación
natural del hecho de trabajar. La inmensa mayoría de la humanidad, compuesta
por los hombres y las mujeres que tienen la necesidad de vender su fuerza de trabajo
para vivir, pone la mayor parte de su tiempo a disposición de su empleador.
Entrega su energía material e intelectual a cambio de un salario. Se trata de
una relación objetivamente injusta, pero el mercado de trabajo es la esencia
del capitalismo.


El Derecho del Trabajo ha impuesto límites a esa
explotación, a través de una serie de mínimos que a lo largo de la historia los
empresarios han querido reducir. A eso le llaman “flexibilización laboral”, que
no es más que su necesidad de perforar esos límites mínimos para aumentar sus
ganancias.


La dictadura militar, primero, y los años noventa, después,
fueron su demostración reciente. Respecto de la salud de los trabajadores, el
ataque se dio a través de la “privatización” del sistema, creando las ART, sociedades
anónimas cuyo lógico objetivo es ganar dinero. Tan absurdo es el sistema creado
en 1995 que esa ley ostenta el récord de inconstitucionalidades de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación.


Una de sus primeras observaciones fue la incompatibilidad de
las comisiones médicas con el derecho de los trabajadores a obtener una
reparación justa si sufren algún daño en su salud. El discurso oficial ubica en
los juicios laborales el problema a solucionar. Paradójicamente, el modo de
disminuirlos que impone radica en darles nuevo impulso a esas
inconstitucionales comisiones. Partiendo de premisas falsas es natural arribar
a conclusiones igualmente falsas.

 

Lo que provoca los reclamos judiciales de los trabajadores
lesionados no es su ánimo litigante sino el hecho de que se accidentan. Dicho
de otro modo, la única forma de disminuir los reclamos es reducir los
accidentes, no cambiar el procedimiento del reclamo. Suele perderse de vista el
verdadero punto de la discusión acerca de la reforma de la Ley de Riesgo del
Trabajo: hacer efectivo el derecho de un trabajador a volver a su casa sano.


Desde esa perspectiva entonces, debemos ubicar las verdades
causas de los accidentes y las enfermedades laborales para así evitarlos. Hace
cien años Alfredo Palacios decía: “No conocemos desgraciadamente todavía,
debido a la forma social que rige, la máquina amiga; sólo sabemos del monstruo
de hierro, implacable, que aminora el esfuerzo muscular, es cierto, pero que
exige en cambio el esfuerzo de atención, que provoca el automatismo corporal,
haciendo que el ritmo orgánico se adapte al ritmo mecánico”. Aún hoy el avance
de la tecnología no está al servicio del hombre y de la mujer que trabajan,
sino de la productividad. Es más barato pagar un seguro a una ART que invertir
en prevención, pero reducir los costos laborales no puede ser la consecuencia
de que los trabajadores dejen su salud en la fábrica o la oficina. Por eso el
sistema es perverso y funcional a los accidentes, y la necesidad de su reforma
es mucho más profunda.


Los empleadores son responsables de evitar los accidentes,
pero si los trabajadores tienen el poder de controlar, los accidentes se
reducen. La experiencia de los Comités Mixtos de Seguridad e Higiene es una
demostración de ello. Gran parte de las víctimas de los accidentes son los
trabajadores subcontratados, tercerizados o precarizados, que no tienen el
poder de negarse a hacer una tarea riesgosa sin los elementos de seguridad
necesarios, o frente a una máquina defectuosa. Es ahí donde los delegados de prevención
o el Comité Mixto puede intervenir para evitar el daño en la salud del
trabajador. Pero eso implica para el empleador, en su lógica, perder poder a
manos de los trabajadores, y costos de inversión en máquinas seguras y
elementos de trabajo. El Secretario de Empleo de la Nación afirmó a comienzos
de año que el mercado de trabajo naturalmente “come y descome trabajadores”. Se
trata de una metáfora horrible, pero aún en esos términos, el objetivo es que
de ese proceso gastrointestinal, los trabajadores salgan ilesos.

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