Marcha Mundial contra Monsanto, culpable de Ecocidio

Mundo

20/05/2017

Marcha Mundial contra Monsanto, culpable de Ecocidio

Este 20 de mayo, en más de 600 ciudades de todo el planeta, vecinos, organizaciones sociales, ambientalistas y trabajadores del campo y la ciudad saldrán a las calles para rechazar una vez más a la Multinacional Monsanto, monopolio de las semillas transgénicas y los herbicidas en todo el mundo, acusada de “Ecocidio” por un Tribunal Internacional. “No queremos más veneno; las semillas son de todos; basta de destrucción del medio ambiente”, son algunas de las consignas que hoy levantarán los miles de manifestantes que exigen a los Estados una respuesta urgente frente a la destrucción del ecosistema y la vida.

Por María Mendez

Las marchas, movilizaciones y acciones son convocadas en cada vez más ciudades del continente y el mundo. Hace ya unos años que se realizan y cada vez se suman más personas a las convocatorias. Es que las consecuencias que acarrea este tipo de industria alimentaria ya están a la vista. Y son destructivas: envenenamiento de aguas y tierras; pérdida de la soberanía alimentaria; crecimiento exponencial de enfermedades como el cáncer y malformaciones en niños; destrucción de los suelos, entre otros cientos de problemas que fueron denunciados ante un Tribunal internacional.

Monsanto es una empresa estadounidense, pero desde hace muchos años es dueña de la mayor cantidad de patentes de semillas en el mundo, lo que la coloca monopólicamente en cientos de países, especialmente en América y Asia, ya que en Europa está prohibido el uso de semillas transgénicas, es decir, manipuladas genéticamente para resistir los herbicidas.  “Actualmente, proveemos semillas de frutas, vegetales y alimentos básicos, como el maíz y la soja, que pueden ayudar a combatir las posibles enfermedades, plagas y sequías que atentan contra las cosechas. Desarrollamos productos de protección de cultivos para evitar que sean atacados y sufran agresiones”, dice Monsanto en su web.

Pero la realidad es mucho más compleja y lo cierto es que Monsanto patenta la mayoría de las semillas que desarrolla la compañía y mantiene el secreto científico sobre su desarrollo tecnólogico. Además, demanda judicialmente a productores y cooperativas agrícolas que reutilizan las semillas o siembran otras que no son de su manufactura. Es el dueño mundial del alimento.

“La actividad agropecuaria ya no es como antes, hoy es una actividad industrial con importantes avances tecnológicos y poco uso de mano de obra humana. El Estado, aquí en Argentina y muchos otros países, autoriza los tipos de semillas, analiza los agroquímicos y les pone una marca de acuerdo a su nivel de toxicidad. Por lo tanto tiene la potestad de evitar el monopolio de la comercialización o el uso del glifosato. Pero no lo hace”, explica Andrea Burucua, abogada ambientalista integrante de la Fundación Ecosud.

Es ella quien explica que “el uso del glifosato no tiene ningún tipo de control. Se fumiga, por tierra o por aire, sobre cursos de agua, áreas pobladas cerca de las plantaciones, en las banquinas de las rutas. Es indiscriminado su uso y es muy difícil controlarlo. Pero no imposible. Necesitamos un Estado presente y leyes que piensen en las personas y no en los negocios de las empresas”, reconoce Burucua.

Culpable de “Ecocidio”

Un tribunal internacional popular, que analizó en La Haya el comportamiento de la multinacional Monsanto, encontró a la empresa culpable del delito de Ecocidio, de crímenes de guerra, de violaciones de los derechos a un medio ambiente sano y equilibrado, a la salud y a la alimentación, y de quebrantar la libertad científica.

Si bien el tribunal fue simbólico y su fallo no tiene aplicación legal, la idea fue impulsada por más de mil organizaciones no gubernamentales de todo el mundo y sus conclusiones empezarán pueden ser usadas en nuevas demandas judiciales contra la compañía. El objetivo, a largo plazo, es que pueda modificarse el Estatuto de Roma y se incluya la figura de Ecocidio para llevar al banquillo de acusados de los Tribunales Internacionales a este tipo de empresas.

Monsanto, que comercializa productos como el PCB, el 2,4,5-T, el herbicida Lasso y el famoso Roundup elaborado a base de glifosato, se negó a participar de este tribunal ético integrado por cinco jueces, entre ellos, la argentina Eleonora Lamm, subdirectora de derechos humanos de la Suprema Corte de Mendoza.

“Monsanto es un emblema porque es la que impulsó el sistema de agro negocios basado en los transgénicos y en el uso masivo de agrotóxicos. Hace 20 años era muy difícil denunciar este tema porque no había estudios, pero ahora hay una gran cantidad. Argentina presentó 22 estudios en el juicio de La Haya. Hay más de 700 trabajos científicos que demuestran lo nocivo de este modelo”, explicó Julián Galeano, uno de los organizadores de la protesta que hoy se realizará en Argentina.

Fuera Monsanto

En ese marco, y con el fallo del Tribunal contra Monsanto en la mano, miles saldrán a las calles a pedir una condena contra Monsanto. En Argentina, la movilización central se realiza en la Plaza San Martín de la Ciudad de Buenos Aires, pero también habrá actividades en otras ciudades como La Plata o Malvinas Argentinas, en la provincia de Córdoba, donde la lucha de toda la comunidad logró evitar que se instalara una planta del gigante de las semillas.

También habrá una marcha en Santiago de Chile, organizada, entre otros, la organización “Chile Mejor sin TPP”, que marcha desde la Plaza Los Héroes hasta Baquedano, recorriendo la avenida principal del centro de la capital. También sucederá lo mismo en Montevideo, distintas ciudades del Brasil y de Centroamérica y el Caribe.

En México, la marcha tendrá un condimento especial: el pasado 14 de mayo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se negó a analizar el amparo promovido por Monsanto con el que pretendía obtener nuevamente permiso para comercializar maíz transgénico, que se detuvo en 2013. Una decisión judicial que acompaña y estimula la lucha en ese país.

Salud en riesgo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló que el químico herbicida Roundup de Monsanto, conocido como el glifosato, es “probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Para decirlo se basó en distintos estudios ambientales y médicos que fueron presentados ante dicha organización y que no han sido analizados seriamente por los Estados de los países donde Monsanto es dueño de la producción agropecuaria.

“Monsanto fue uno de los que produjo el agente naranja que Estados Unidos usó en Vietnam durante la guerra. Realmente es una empresa muy nefasta, que siempre estuvo vinculada a productos y sustancias muy contaminantes. Y ahora corona su liderazgo metiéndose en la industria alimentaria. Imaginen la magnitud y lo grave del asunto: la gente tiene que comer y si vos te adueñas del alimento sos el dueño del mundo. Si te adueñas de la semilla, de la forma de producirla, y del agroquímico que necesita la agricultura para producir, sos el dueño de toda la cadena alimentaria. Es un negocio redondo”, denuncia la abogada Andrea Burucua.

Con respecto al agente naranja, y hablando de delitos de guerra, recordemos que miles de víctimas también resultaron afectadas por el herbicida Agente Naranja y aún hoy, un número incalculable de civiles vietnamitas, exsoldados y personal expuesto a la alta toxicidad del Agente Naranja continúan desarrollando enfermedades terminales como el cáncer y sufren todo tipo de dolencias en su salud.

Asimismo, expertos argentinos aseguraron que la compañía estadounidense estaría detrás de la mayoría de los casos registrados de microcefalia desde la propagación del virus Zika. Los especialistas investigaron el origen de la microcefalia y encontraron que una de las causas podría ser los piretroides, sustancia química que expende Monsanto para evitar criaderos de larvas del mosquito trasmisor del virus en el agua.

“Se necesita un contralor que conozca toda la cadena. Porque no sólo contamina el glifosato cuando se rocían las plantaciones, sino también el descarte de los envases, el traslado de este tipo de materiales, el rocío de los granos que luego se acopian el silobolsas o los silos, cercanos a las poblaciones y en contacto permanente con personas. O sea, no es un problema del campo. Estos productos llegan a las ciudades y son descartados con controles muy laxos. Necesitamos una legislación que regule todos los pasos de la cadena de producción”, reconoce Burucua.

Los desafíos de los trabajadores

El Congreso Cincuentenario de la CLATE impulsó en febrero una serie de debates y reflexiones en torno a diversas problemáticas socioambientales de nuestra región que sintetizan una muestra clara de la actualidad latinoamericana y caribeña.

Uno de los temas abordados fue “El Estado y el Ambiente en América Latina y el Caribe, Desafíos de los/as trabajadores/as estatales y los Pueblos para el Siglo XXI”. Este documento impulsó un debate necesario en las organizaciones sindicales y busca instalar la cuestión ambiental en la discusión política del sindicalismo regional, como así también la necesidad de repensar nuevos modelos de desarrollo alternativos que profundicen la protección del ambiente y la sustentabilidad como política de Estado.

“Esta definición política no es casual, ni mucho menos una moda sujeta a la concepción de que lo verde es la alternativa a los modelos progresistas, cuando precisamente lo verde muchas veces esconde trasfondos nefastos, verticalistas y autoritarios propios del pensamiento eugenesista (corriente predominante en las ciencias naturales). Esto indudablemente tiene una fuerte raigambre en las instituciones públicas de nuestro continente, sobre todo en las agencias ambientales, donde predominan conceptos como el conservacionismo, la sostenibilidad y el proteccionismo a ultranza de animales y plantas sin mediar las necesidades y la calidad de vida del pueblo que convive y sobrevive junto a los ecosistemas”, explica Leonardo Jakus, guardaparque provincial de Neuquén, Argentina, afiliado a la ATE e integrante del Equipo Técnico de la CLATE, área ambiental.

“Los trabajadores necesitamos un abordaje integral (intercultural y plurinacional) de esta problemática, promoviendo la participación social y democrática, la multiescalaridad, la interdisciplina y los saberes múltiples como factores fundamentales para la planificación de políticas públicas, el análisis de la coyuntura política regional y la proyección de nuevos escenarios con herramientas conceptuales propias de la clase trabajadora y el campo popular”, agrega.

Por eso, indica Jakus, “nuestro gran desafío como trabajadores/as estatales latinoamericanos y caribeños es desmontar el pensamiento colonial instalado en nuestras instituciones e impulsar nuevos debates, propuestas y acciones hacia el interior de nuestros sectores y comunidades con la finalidad de revertir los altos niveles de conflictividad socioambiental, el incremento sustancial del saqueo de nuestros bienes comunes y consolidar la presencia de un Estado fuerte al servicio de los intereses del pueblo”.

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