30/03/2017

Ley de tercerización ilimitada precariza relaciones laborales en Brasil

Hace pocos
días el Congreso brasileño, 231 de 513 diputados, votó la aprobación de la ley
de tercerización para todas las actividades económicas.

 

Quiere decir que a partir de ahora cualquier
trabajador/a será sujeto de formas de contratación precaria. Sin derecho a
jubilación, vacaciones, salario mínimo, seguro de desempleo, negociación
colectiva, salud y seguridad en el trabajo y otros varios derechos, además de
minar la organización sindical. 231 diputados, la mayoría de ellos financiados
por grandes empresas y asociados a los múltiples esquemas de corrupción en
Brasil, han eliminado los derechos de casi 200 millones de brasileños.

 

En cualquier país de América Latina y el Caribe
estaríamos en éste momento incendiado ese congreso y generando un caos. Esos
diputados estarían siendo objeto de ataque y persecución por el pueblo. No habría
canales de televisión, ni “especialistas” haciendo cuentas de los “beneficios”
de la tercerización para la economía.

 

No me jodan. No hay como aceptarlo. No en
nombre de la “tolerancia y la concertación”. Para el resto de América Latina y
el Caribe esto supone un absurdo. Con esa clase de satrapas, explotadores,
apátridas no hay como negociar. No hay nada que pueda ser “democrático” porque
para ellos eso es un sofisma, una máscara, una mentira. Para ellos siempre ha
sido y será una guerra. En Brasil, Venezuela, El Salvador, en Argentina,
Colombia o cualquier otro país.

 

No hay otra forma de enfrentar a ese sector
sino como una confrontación de clase. Es ingenuo pensarlos de otra manera. Por
eso es difícil asistir pasivamente al desmantelamiento de lo que se acumuló en
casi 30 años de democracia en Brasil.

 

Tengo grabada en mi mente las opiniones de mis
compañeros brasileños hace unos años. Que aquí era diferente. Que Chávez era
“muito radical” que en Brasil “tem outro jeito” de hacer las cosas. Que no era
necesaria “tanta disputa”.

 

Pues bien, lamentablemente con esa clase “não
tem jeito”. Ellos no entienden otra forma que no sea la confrontación. Ellos no
se satisfacen con compartir “o bolo”. O es todo para ellos o no hay arreglo. A
eso hemos llegado aquí.  La clase política
corrupta y apátrida ha dado un golpe “blando” y ahora vienen a cobrar los que
financiaron sus campañas. Los que están detrás de todo lo podrido del sistema
negociado después de la dictadura militar, de quienes son sus herederos. Esos
son los que se beneficiarán de la tercerización 100%, de la contra reforma al
sistema de seguridad social, de la reforma a las leyes del trabajo, de la
entrega de Petrobras a las multinacionales. 
A la mierda el “compromiso republicano”, la samba y el “jogo
bonito”. 

 

Brasil, su pueblo y sobre todo su izquierda,
necesita ser un poquito latinoamericana y caribeña. Ser explosivo, inconforme e
imprevisible. De otra forma la derecha golpista, criminal y antinacional
completará su misión de destrucción de este país, condenándolo a décadas de
atraso y postración.

 

En Venezuela, en Argentina, México, Colombia y
otros pueblos se traba una guerra, que no es diferente en Brasil. Quienes
siempre dominaron no aceptan otro estatus que no sea el de la sujeción.
Entender éste momento y actuar en consecuencia es vital para el presente y
futuro de la izquierda, los movimientos populares y los pueblos de Nuestra
América.


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