31/05/2016

La movilización popular que jaqueó una dictadura

La noche del 28 de junio de 1966, un golpe
de Estado derrocó al presidente constitucional Arturo Humberto Illia, y designó
en su lugar al general Juan Carlos Onganía, un militar nacionalista de
formación ultracatólica que lideraba una facción dentro de las Fuerzas Armadas
de la Argentina.

 

Tres años después, en mayo de 1969, el
descontento popular contra el régimen militarcomenzó a manifestarse con huelgas
y marchas en las ciudades más importantes del país.Buenos Aires, Rosario,
Tucumán y Corrientes eran algunos de los escenarios dondeobreros y estudiantes luchaban
contra la política represiva y económica del gobierno militar.

 

En la provincia de Córdoba, la segunda zona
industrial más importante del país, gran parte de los sindicatos respondían a
la combativa CGT de los Argentinos, y a uno de sus líderes, el dirigente de Luz
y Fuerza, Agustín Tosco.

 

Comienzan a organizarse movilizaciones
junto a estudiantes y otras organizaciones populares y de manera conjunta se
convoca a un paro en toda la provincia en unidad con otros gremios de
extracción peronistas encabezados por los dirigentes sindicales Elpidio Torres,
de los trabajadores metalmecánicos, “La Perra” Castro de los
estatales de ATE y Atilio López, de los choferes de transporte público.

 

En la mañana del 29 de mayo de 1969, en la
ciudad de Córdoba, la capital de la provincia, numerosas columnas de
trabajadores parten de las principales fábricas para marchar acompañados por
cientos de estudiantes universitarios, que se congregan en el Barrio Clínicas para
sumarse a las columnas trabajadoras.

 

En pocos minutos, más de la mitad de los
barrios y calles de la ciudad cordobesa congregan a miles de manifestantes y se
convierten en una zona liberada, que las “fuerzas del orden”
provinciales ya no pueden controlar.

 

Los primeros choques se dieron cerca del mediodía
y la policía no pudo contener a los movilizados, que a pesar de los gases
lacrimógenos y las ráfagas de FAL, rebasaron los bloqueos. Desbordado el poder
policial, la ciudad quedó en manos de la movilización obrera que comenzaba a
ejercer un espontáneo control popular con barricadas y piquetes sobre las
principales calles.

 

“Soldado, no tirés contra el
pueblo”, podía leerse en algunos carteles armados de forma improvisada
ante el avance de los efectivos militares que se desplegaban en el atardecer.

 

Si bien el Ejército evitó el combate
nocturno, retomó el control barrio por barrio en las primeras horas de la
mañana del 30 de mayo, mientras dispersaba a los últimos grupos de
manifestantes. Sin embargo, y a pesar de los destrozos, los heridos y los manifestantes
caídos durante la represión, los vecinos, en las calles, viven la jornada como
un triunfo. En cuestión de horas, toda una sociedad logró salir de la apatía y
el derrotismo, para pronunciarse contra un gobierno sostenido mediante la
represión y la censura.

 

El dirigente Agustín Tosco fue detenido en
la sede de Luz y Fuerza y se lo sometió a un Consejo de Guerra que lo condenó a
8 años de prisión, al igual que a Torres, López y otros dirigentes sindicales.
Sin embargo, tras 17 meses de prisión, todos recuperaron la libertad y
volvieron a Córdoba para retomar la actividad sindical.

 

Aunque nunca se supo con certeza, se estima
que el “Cordobazo” dejó más de 30 muertos y varios centenares de
heridos.

 

Los sucesos del “Cordobazo” echaron por
tierra el proyecto autoritario de la dictadura de la “Revolución
Argentina” y constituyeron el comienzo de una etapa de movilización
popular que se prolongó hasta mediados de la década de los `70, y que determinó
que muchos jóvenes abrazaran la causa de la revolución.

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