13/07/2016

Germán Abdala, el que siempre vive

Germán nació en Santa Teresita, provincia de Buenos
Aires, el 12 de febrero de 1955, y falleció producto de un cáncer terminalcon
sólo 38 años de edad. Su mujer, Marcela, sus hijos, sus amigos y sus compañeros
de militancia fueron su sostén todos esos años, en los que a pesar del dolor,
no dejó de trabajar y de hacer política, su gran pasión además de Boca Juniors,
su otro gran amor. Siempre decía que “los poderosos no necesitan de la
política porque ya tienen el poder, ya sea a través del dinero, de las armas o
de las corporaciones. El pueblo sí necesita la política, porque es la única
manera que tiene para construir poder y cambiar las cosas”. Creía
obstinadamente en eso.

 

Comenzó su militancia trabajando en el barrio. Participó
en el Frente Barrial de la agrupación Amado Olmos y en Patria Grande de Lanús, inspirado en
los congresos sindicalesde La Falda y Huerta Grande y en laCGT de los
Argentinos. Más tarde conoció a Víctor De Gennaro en los Talleres de Minería y
como trabajador estatal abrazó la militancia sindical. Ellos y otros compañeros
crearon la agrupación ANUSATE y recuperaron la Asociación de Trabajadores del
Estado (ATE) en 1984. Además, fue elegido Secretario General de la seccional
Capital Federal y reelecto dos veces por el voto de sus compañeros.

 

Pero “El negro”, como también solían llamarlo, no sólo
pensaba en el sindicato. Peronista comosu padre, quiso recuperar el partido
para un proyecto de transformación. Por eso fundó junto a Carlos “Chacho”
Álvarez el MovimientoRenovador Peronista (MRP) de la capital y fue congresal
del PJ metropolitano.En 1989 fue electo diputado nacionalpor la Ciudad de
Buenos Aires y formó el histórico “Grupo de los 8” junto a otros legisladores
que se opusieron a las políticas neoliberales de hambre y exclusión. Durantesu
gestión se aprobó suproyecto de ley de convenciones colectivasde trabajo para
los trabajadores del Estadoconocida como “Ley Abdala”.Más tarde, renunció a los
cargos partidarios y a su afiliación al Justicialismo en repudio al indulto del
presidente Menem a los genocidas de la dictadura cívico militar.

 

Pero eso no lo amedrentó. Y fue por más, como era su
costumbre y su forma de vida y militancia. En 1992 fundó a otros compañeros del
campo sindical la Central de Trabajadores Argentinos, que desde 1992 se propuso
organizar a toda la clase trabajadora, incluidos los desocupados, los
trabajadores precarios, los estudiantes y los militantes de los barrios. Todos
los que estuvieron en aquellos años recuerdan a “el Turco” llegar en su silla
de ruedas al primer Congreso de la CTA en Parque Sarmiento con una sonrisa
cómplice dibujada en el rostro.

 

Ese día, uno de los últimos que compartió con sus
compañeros de militancia, habló ante los congresales de todo el país. “Nosotros
seguimos creyendo que hay unpaís para cambiar, una sociedad nuevapara
construir, que hay un camino nuevopor alumbrar y por eso compañeros, miesfuerzo
es desde ustedes, mi esfuerzoes solamente una punta muy chiquita detodo lo que
ustedes expresan por abajo”. Estaba muy enfermo, pero allí estaba, creyendo en
la política en constante movimiento, en el pueblo organizado.

 

Su compañero y amigo, dirigente histórico de ATE y la
CLATE, Víctor De Gennaro, lo recuerda así: “Siempre hubo un momento en la lucha
en que fuimos la punta de un iceberg. Quien entendió que lo más importante es
lo que está abajo del agua, lo que no se ve, lo que da dirección y fortaleza;
quien sintió la militancia como lo más sublime, fue Germán Abdala”.Y agrega: “Germán
vive por lo que hizo, por lo que planteó y por lo que se comprometió”.

 

El militante, el amigo, el compañero, el dirigente
sindical, el político. Todo eso resumía Germán. Y llevaba consigo una voluntad
inquebrantable: “Estoy convencido que un día el pueblo va a triunfar, estoy
convencido de que nací para ser un militante de ese pueblo, y estoy convencido
de que, en términos históricos, ese día llevaremos las banderas que hoy
llevamos…porque el final del camino es nuestro”.

 

Así pensaba el que siempre vive, el que pidió que sus
cenizas volvieran al mar que lo vio nacer. Así era Germán Abdala, el rostro que
ilumina las banderas en las marchas, el que puso su nombre a muchas barriadas,
escuelas populares y sus ideas en cátedras universitarias y centros de
estudios, el que hoy se recuerda en asambleas y cada vez que se habla del rol
del Estado. Así era el compañero.

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