26/07/2016

Evita compañera

“Cumple la Secretaría de Informaciones de
la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la
República que a las 20.25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa
Espiritual de la Nación”, se escuchó en la radio aquel 26 de julio. A los 33
años, y después de dar una larga batalla contra el cáncer, Evita había muerto.  La noticia inundó los barrios, los sindicatos
y las fábricas. Todos querían despedirla, darle su último adiós a la mujer que
había dejado su vida y su cuerpo en la tarea cotidiana de organizar al pueblo y
a la clase trabajadora.

 

Por eso, la Confederación General del
Trabajo (CGT) declaró tres días de paro y el gobierno nacional estableció un
duelo de 30 días en todo el país. Su pequeño cuerpo fue velado en la Secretaría
de Trabajo y Previsión, después en el Congreso de la Nación para recibir los
honores oficiales, y finalmente en la sede de la CGT. Fueron catorce días en
total. La procesión fue seguida por millones de personas, que lanzaron miles de
flores durante el paso del féretro por las calles de Buenos Aires. Fue uno de
los funerales más largos de la historia argentina. Y el más recordado por
ellos, los humildes y descamisados de la Evita peronista.

 

Porque a pesar de que esa mujerno ocupaba
ningún cargo en el gobierno cuando la muerte la encontró, ella era una pieza
fundamental de la construcción política que lideraba el general Juan Domingo
Perón, su marido y gran amor. Su trabajo y su conducción de “los trabajadores y
los descamisados” fueron el pilar de su gestión social y el principal nexo con
las masas populares recientemente incorporadas a la vida política.

 

Trabajó incansablemente junto a otras
mujeres dirigentes para promulgar el voto femenino y tuvo la oportunidad de
votar por primera vez  en su vida desde
la cama de un hospital cuando ya su cuerpo empezaba a abandonarla. Decía que “de
nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social” y por eso
trabajaba días enteros en la sede de su Fundación resolviendo y atendiendo los
problemas sociales más urgentes. Desde allí se construyeron hospitales, asilos
y escuelas; se formaron las colonias de vacaciones para los más chicos y se
dieron millones de becas para estudiantes y ayuda para la vivienda propia.
Además, ella fue el nexo y la constructora permanente del diálogo entre los
sindicatos y el gobierno de Perón. Participaba en asambleas, en reuniones
sindicales y también discutía con los dirigentes gremiales cuando había un paro
o un conflicto sindical.

 

Durante la última etapa de su agonía,
escribió “Mi mensaje”, donde decía: “Quiero vivir eternamente con Perón y con
mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también por lo
tanto cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón. Donde esté Perón
y donde estén mis descamisados allí estará siempre mi corazón para quererlos
con todas las tuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma”.

 

Así pensaba su muerte María Eva Duarte de
Perón. La compañera Evita. “Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y
será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el
camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán
como bandera a la victoria”, dijo frente a miles de personas en uno de los últimos
actos en que tomó la palabra. Y 64 años después, en la Argentina descamisada,
esa voz resuena en el recuerdo de sus compañeros, los trabajadores. Y su imagen
viste banderas y estandartes de todos aquellos que creen en una Argentina y una
América libre y soberana.

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