El faro del Moncada

Cuba

26/07/2019

El faro del Moncada

CLATE recuerda y reivindica el aniversario 66 de los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, que encaramó a Fidel Castro a la estatura de líder revolucionario mundial.

Prensa CLATE

El 26 de julio de 1953 ya está labrado en bronce para la historia revolucionaria de Cuba. Esa fecha 131 jóvenes combatientes al mando de Fidel Castro asaltaron el cuartel Moncada, de Santiago de Cuba. Aquel acto de arrojo simbolizó el repudio activo de la juventud de la isla contra el golpe de estado que perpetró Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952.

El asalto al cuartel al Moncada fue una derrota militar, pero se transformó con el tiempo en una victoria popular que alumbró la conciencia nacional que coronó la definitiva etapa de liberación con la entrada triunfal del Ejército Rebelde a La Habana en enero de 1959.

En aquella madrugada del 26 de julio de 1953 Fidel arengó a sus hermanos de armas: “Compañeros: podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡libertad o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad”.

Fidel afirmaba que quién comandó aquella gesta no fue él sino José Martí, el apóstol de la Patria, por eso afirmaba que en su honor “¡morir por la Patria es vivir!”.

Durante el combate los asaltantes del Moncada tuvieron seis bajas. Pero las otras 55 son prueba irrefutable de la barbarie de la dictadura de Batista, fueron asesinados en las celdas de tortura.

Una veintena de soldados encabezados por Fidel resistieron en las montañas con el apoyo campesino los cercos militares. Fueron cayendo, uno a uno. Tres aguantaron casi dos meses. Fidel fue juzgado ante un tribunal parcial en la que él mismo ejerció su defensa. Ese alegato ya es parte de la historia viva de los revolucionarios del mundo.


Así, con esta vehemencia, lo hizo: “Pero hay una razón que nos asiste más poderosa que todas las demás: somos cubanos y ser cubanos implica un deber, no cumplirlo es un crimen y traición. Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas; hay jóvenes que en  magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir al Apóstol! Termino mi defensa, no lo hago como hacen siempre los letrados, pidiendo la libertad del defendido, no puedo pedirla cuando mis compañeros están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa prisión. Enviadme junto a ellos a compartir su suerte, es inconcebible que los hombres honrados estén muertos o presos en una república donde está de presidente un ladrón y un criminal. En cuanto a mi sé que la cárcel será dura como no ha sido para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Por la presión popular a los dos años la dictadura amnistía a todos los revolucionarios del Cuartel Moncada. Fidel Castro parte al exilio y desde allí organiza el retorno a Cuba para el definitivo derrocamiento de Batista. Junto al Che Guevara viaja en el Granma hacia la Isla en 1956. El 1º de enero de 1959 la Revolución entra triunfante en La Habana. Desde esa fecha, Estados Unidos realizó todo tipo de actos terroristas, políticos, militares y económicos para acabar con la Revolución.

“Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, que hayamos hecho una revolución socialista en las narices de los Estados Unidos”, dijo Fidel Castro. Una cita más vigente que nunca.

 

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