19/01/2017

Dos siglos de la mayor proeza militar en la liberación de nuestra América

Estos patriotas fueron capaces de enfrentar
con éxito al Ejército Real español, apostado en  lo que hoy es Chile, conformado por más 6 mil
hombres con experiencia. A su vez,  derrotaron
también a las tropas realistas ubicadas en el actual territorio de Perú, con más
de 25 mil soldados. De ese modo pudieron liberar a los pueblos chileno y
peruano de la opresión española y consolidar la libertad del pueblo de las Provincias
Unidas del Río de la Plata.


Esta hazaña político militar se lleva
adelante en un momento muy difícil para el proceso de emancipación de las
colonias españolas en América. Fernando VII había recuperado la corona en
España y, en 1816, envió la expedición militar más grande de los tres siglos
previos a Caracas, que sumaba 10 mil soldados veteranos. Desde ese año se
desplegó la represión más feroz y criminal sobre los pueblos de las colonias.


El general libertador Don Simón Bolívar logró salir de su exilio en Jamaica, apoyado por fuerzas patriotas
de Haití, un pueblo y un gobierno que hicieron un aporte extraordinario para la
lucha emancipadora. Por entonces Napoleón Bonaparte ya estaba en su exilio y
los Borbones habían recuperado la corona francesa.


Buenos Aires no apoyaba el proyecto del
cruce de los Andes y quería ese ejército para enfrentar a José de Artigas. Al
mismo tiempo, las luchas intestinas de los caudillos en toda América Latina no
ayudaban a la pelea contra el Ejército Realista. Entre los patriotas chilenos
las luchas internas eran tremendas.


En este marco, el Ejército de los Andes se constituyó
con hombres provenientes de todas las Provincias Unidas del Rio de la Plata, de
Chile y de Uruguay. Eran mestizos, negros, pardos, indios, criollos, de todas
las razas y  todos los credos fundidos en
el objetivo final de la libertad. Fue así que, con mucha más imaginación y astucia
que recursos, y con una gran autovaloración, se llevó adelante este hecho
determinante en el proceso de independencia.


El recurso fundamental lo dieron los jefes
de ese ejército. Voluntad política y fuerte apego a los ideales
revolucionarios. No se dejaron amilanar ni por la falta de algún recurso
material ni por la fuerza brutal de la naturaleza. Supieron oponerle sus sueños
y deseos a la falta de condiciones para tremendo desafío.

Hoy, a 200 años de conmemorar el inicio de
la marcha de esas 6 columnas del Ejército de los Andes, nuestros países se
encuentran nuevamente en la encrucijada de la lucha por la independencia o la subordinación al coloniaje
en sus nuevas formas.


Este hecho podría servirnos para
reflexionar a los hombres y mujeres de Latinoamérica y el Caribe sobre los
aciertos y errores de nuestra época, nos permita corregir rumbos, aprender de
lo vivido y hacer los máximos esfuerzos por la unidad.


Necesitamos armarnos nuevamente del coraje
y la fe inquebrantable en la liberación de nuestra Patria y nuestra clase,
armarnos  otra vez de visiones de patria
grande, ser conscientes de la necesidad de unirnos los diferentes para
enfrentar a los que quieren someternos.


Que tanto coraje, valor y sacrificio de
nuestros mayores no haya sido en vano. Esforcémonos los patriotas de hoy para
cruzar nuestras cordilleras unidos y dar batalla por una América Latina justa,
libre y soberana.  

(*) Presidente de la CLATE

 

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