30/10/2016

¿Día del Servidor Público? ¿Cómo… así?

¿Para qué
sirven los días de homenaje? Sin duda, para que otras personas manifiesten los
sentimientos positivos de reconocimiento, gratitud, agradecimiento, incentivo,
aprecio, etc.


Es así en
todos los días: en el día del padre, del médico, de los muertos, etc. Y así
debe ser. De lo contrario, no sería un día de homenaje. Sería un día de
descontento, tristeza, desánimo y depresión.


Ahora bien,
en las últimas décadas hemos sentido, de manera creciente, una discrepante
excepción a esta norma con respecto a los servidores públicos. Desde la
inauguración del modelo neoliberal como forma de organización del Estado, con
el gobierno Collor, los servidores públicos hemos estado bajo un continuo
ataque a nuestros derechos laborales y condiciones de vida. Salvo algún lapso
de expansión del servicio público y mejoraspara los servidores, en particular para
los federales, la curva es decreciente.


Esta
situación de desprestigio del servidor público y de precarización de nuestros
empleos se confunde, consecuentemente, con la reducción del Estado en su
dimensión de prestador de servicios públicos.


Todo
obedece a una lógica perversa: si tuviésemos servidores públicos valorizados,
cualificados, con justas remuneraciones, buenas condiciones de trabajo y de
vida, tendríamos servicios públicos de calidad y en cantidad para atender las
demandas de la sociedad –que, dicho sea de paso, paga la mayor tasa tributaria
del mundo.


Este
ambiente ideal derribaría el discurso de las privatizaciones y de la
tercerización, que han sido el objetivo estratégico perseguido por sucesivos
gobiernos a costa del sufrimiento de la población y de los servidores.


Ahora bien,
este 28 de octubre de 2016 –DÍA DEL SERVIDOR PÚBLICO– sintetiza el panorama
arriba descripto. Estamos enfrentando el mayor ataque de la historia contra los
servidores públicos, el servicio público y el Estado brasileño.


Somos
víctimas de un escenario y de una agenda gubernamental de verdadero fin del
mundo. Se están tramitando en el Congreso Nacional los dos peores proyectos legislativos
de la historia moderna del Brasil: el PLP 257 (ahora 54) y la PEC (ahora 55).
Juntos y conjugados, estos dos proyectos simplemente congelan al Estado
Brasileño por 20 años. Congelan todo: salud, educación, seguridad, transporte
público, avanzos tecnológicos y científicos, todo.


Además,
tenemos el horizonte sombrío de las Reformas previsional, laboral y sindical,
que completarán, de ser aprobadas, el caos en los derechos sociales y en el
servicio público.


Por eso, es
un error irreparable de la sociedad brasileña el no entender y no movilizarse
contra esta barbarie que, para concretizarse, se lleva puesta a la democracia y
al Estado de Derecho.


La defensa
contra estos ataques no puede recaer exclusivamente sobre los servidores
públicos o los trabajadores en general.


Los
servidores públicos tendremos nuestra vida funcional paralizada por veinte
años. Por supuesto que es desastroso. Pero nuestro mayor perjuicio se da en
nuestra dimensión de ciudadanos, de usuarios del servicio público. En ese
aspecto, compartimos el mismo perjuicio con los 220 millones de ciudadanos
brasileños. Por eso, urge que este desastre sea entendido por la población, por
la sociedad organizada, por la clase política, eclesiástica, por los
movimientos populares, de género, por todos. Nadie está inmune, salvo la élite
política conservadora que lo implementa en busca de mayores privilegios,
secundados por los grandes medios que imponen la ceguera política/crítica del
pueblo.


Por último,
para coronar este DÍA DE LOS SERVIDORES PÚBLICOS fúnebre, fuimos
“homenajeados”, el día de ayer, con una decisión del Supremo Tribunal Federal
que hiere de muerte nuestro derecho de huelga, al determinar el descuento de
los días de paro, extendiendo la decisión a todos los procesos que tratan el mismo
tema en Brasil.


Ni siquiera
la tímida excepción de abrir la posibilidad de negociar la reposición de los
días de paro, cuando la huelga sea causada por los gobiernos, reduce la
agresión a un derecho fundamental, expresado en el Convenio 151 de la OIT, homologado,
ratificado e internalizado por nuestro país. Pero, ¿¡cuándo no son causadas por
los gobiernos?! Son ellos los que incumplen la legislación, los compromisos
asumidos, los acuerdos negociados y al final no reabren las negociaciones.


Pero, ante
este escenario sombrío, depresivo y desalentador, ¿qué debemos hacer los
servidores y el movimiento sindical?


Sólo hay
una salida: volver a caldear los ánimos, aumentar la movilización, concientizar
la sociedad. En fin, ir a la lucha. Pero para eso necesitamos cumplir una tarea
que parece ser sencilla de tan obvia: CONSTRUIR LA UNIDAD DE ACCIÓN entre todos
los gremios que organizan a los servidores públicos; entre las centrales
sindicales; y conjugar esta unidad de acción con los movimientos sociales. El
objetivo de esta unidad de acción debe tener un propósito claro: construir la
huelga general.

La CSPB ha
sido pionera y líder en esta construcción. Tal vez sea nuestra principal
responsabilidad. Así, clamamos, o, mejor dicho, convocamos toda nuestra red orgánica
–federaciones y sindicatos– a comprometerse con esta lucha. Compartiendo las
reivindicaciones de las movilizaciones generales y construyendo las nuestras.


Este 28 de
octubre no puede ser un día de LUTO. Debe ser, por el contrario, un día de
LUCHA. Para reconquistar el ánimo y el espíritu luchador.


¡RUMBO A LA
HUELGA GENERAL!


¡POR EL
ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO DE DERECHO!


(*) João Domingos Gomes dos Santos es
presidente de La Confederación de Servidores Públicos de Brasil – CSPB

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