20/11/2016

Decisión soberana

No es un día cualquiera. Es un hito histórico fundamental en
el largo derrotero de la lucha inconclusa entre ser Patria o Colonia.


El 20 de noviembre de 1845, en la batalla de la Vuelta de
Obligado, algo más de un millar de argentinos enfrentó a la armada
anglo-francesa, la más poderosa del mundo, en una epopeya que permitirá
apuntalar una perspectiva de Nación soberana.


Corrían años turbulentos, gobernaba Juan Manuel de Rosas y
José de San Martín lo apoyaba desde su exilio europeo. A tal punto el
Libertador consideró digna y patriótica la respuesta dada por Rosas al Imperio
que, a su muerte, le dejaría como legado su sable corvo, con el que emancipó
nuestro país, Chile y Perú. Un episodio que la oligarquía y la superestructura
cultural del sistema en general no han podido rebatir y, por el contrario, han
ocultado cuantas veces han podido.


No encuadra en su formato de historia domesticada y
neocolonial que el “Padre de la Patria” haya elegido al “tirano” denostado por
las clases pudientes para ofrendarle su sable, el arma que simboliza la
voluntad colectiva de un pueblo para protagonizar la primera Independencia.


A 171 años de los acontecimientos de la Vuelta de Obligado,
somos un país dependiente, desgarrado por las mutilaciones a su soberanía fruto
de un proceso de recolonización que se expresa en un modelo productivo
agroexportador, sojero, extractivo, con un creciente nivel de concentración y
extranjerización de la riqueza.


La estrategia de poder del bloque dominante se asienta en la
idea-fuerza de reprimarizar la economía envenenando el medio ambiente y
condenando a la pobreza y el sufrimiento a millones de compatriotas.


Para nosotros, los trabajadores, la soberanía tiene una
dimensión integral: Soberanía nacional, soberanía alimentaria, soberanía
energética, soberanía comunicacional, soberanía sobre nuestros bienes
naturales. Soberanía popular para decidir nuestro propio destino sin aceptar
tutela alguna que condicione nuestra autodeterminación. Para no delegar más y
promover las instancias que hagan falta para que el pueblo delibere y gobierne.
Para reconstruir un Estado soberano al servicio del bien común que respete y
defienda los derechos humanos y sociales.


La lucha consiste en conseguir que ese ideal de soberanía se
transforme en el cimiento de la segunda y definitiva Independencia a partir de
una fuerza social y política organizada, capaz de darle carnadura a un nuevo
Proyecto de Emancipación Nacional y Latinoamericana. Es un sueño, una
alternativa, una posibilidad que está empezando a amanecer. Y esta sensación de
que lo nuevo estaba entre nosotros persiste.


El verbo es una palabra que indica acción: Participar,
organizar, compartir, militar por una causa noble. Quiérase o no, el
pensamiento crítico está alumbrando una teoría que intenta explicar -sin
intermediarios- lo que acontece en nuestra aldea y el mundo. Una correntada de
aire fresco que, a su vez, se convierte en una fuerza potente y transformadora
para reinterpretar el continente y repensar nuestra historia.


Reside en estos arrabales del mundo el convencimiento
de que es hora de sustituir la certeza de los paradigmas que se cayeron por la
esperanza de lo nuevo a construir. Y esa es una decisión soberana y colectiva.

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