26/07/2016

Cuba celebra el Día de la Rebeldía Nacional

Un grupo de hombres valientes salió en la
madrugada del 26 de julio para sorprender mientras dormían a unos 800 soldados
en el Cuartel Moncada de Santiago de Cuba. Su líder era Fidel Castro, entonces
un joven abogado de 26 años junto a su hermano Raúl, presidente de la isla
actualmente. Con un ataque simultáneo a otra guarnición en la ciudad de Bayamo
y la toma del hospital y el Palacio de Justicia de Santiago, los rebeldes
esperaban desencadenar un levantamiento popular en todo el país para forzar la
caída de Batista.

 

La mayoría de ellos eran jóvenes obreros,
empleados, campesinos, trabajadores en oficios diversos o desempleados, y sólo
media docena eran estudiantes, tres contadores profesionales y cuatro graduados
universitarios.

 

“Hace falta echar a andar un motor pequeño
que ayude a arrancar el motor grande”, dijo por aquellos días Fidel. “El motor
pequeño sería la toma de la fortaleza del Moncada, la más alejada de la
capital, la que, una vez en nuestras manos echaría a andar el motor grande, que
sería el pueblo combatiendo”, recordó después.

 

Pero el ataque falló y los revolucionarios
fueron derrotados. Ocho asaltantes fueron muertos en combate y más de 50
asesinados posteriormente por la dictadura de Batista. Pero esa acción fue la
que despertó la conciencia nacional. Y el pueblo cubano comenzó a expresar su
apoyo a los rebeldes y a su Programa del Moncada, que contenía sus objetivos políticos,
económicos y sociales encaminados a resolver los problemas de la propiedad de
la tierra, la industrialización del país, la vivienda, el desempleo, la
educación y la salud del pueblo.

 

Tras la acción, Fidel fue condenado a 15
años de prisión. Pero dos años más tarde salió en libertad en una amnistía lograda
por la presión popular. Se exilió en México, donde preparó el retorno. Volvió a
la isla a finales de 1956 para liderar la guerrilla que forzó finalmente la
huida de Batista el 1º de enero de 1959 y el triunfo de la Revolución.

 

“Nacimos en un país libre que nos legaron
nuestros padres, y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos
en ser esclavos de nadie”, dijo Fidel en su alegato de defensa antes de ser
condenado por el asalto al Moncada. Y concluyó con una frase que quedó grabada
en la memoria colectiva del pueblo cubano y de todos los que luchan por la libertad en la América Latina: “En cuanto a mí, sé
que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de
amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la
furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos.
Condenadme, no importa. La historia me absolverá”.

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