12/08/2014

COSTA RICA: Luchas de resistencia contra los agronegocios

En el marco de los 20 años de la revista “Biodiversidad”,
activistas y profesionales de diferentes países de América Latina debatieron en
San José, Costa Rica, sobre las experiencias de luchas y resistencia ante los
embates del modelo extractivista del agronegocio.

 

La defensa del derecho a rescatar, proteger, conservar y
promover las semillas criollas, luchando contra la expansión de los
monocultivos, la invasión de transgénicos y la creación de marcos jurídicos,
hechos actualmente a la medida de los intereses corporativos de las
transnacionales del agronegocio, es algo que acomuna diferentes países de
América Latina.

 

Carlos Vicente, miembro del equipo regional de Grain, cuenta
que la invasión de la soja transgénica en Argentina supera los 20 millones de
hectáreas -cuatro veces el territorio de Costa Rica-, y está acompañada por el
uso anual de 30 millones de litros de glifosato.

 

En Colombia, el cultivo de maíz y algodón modificado
genéticamente ha venido creciendo vertiginosamente, superando las 100 mil
hectáreas en 2012.

 

En Chile, la siembra de transgénicos ha aumentado 1.200 por
ciento durante los últimos 15 años, ocupando casi 36 mil hectáreas, es decir el
4,8 por ciento del total de superficie agrícola.

 

Con la expansión de la siembra de OGM, también ha venido
creciendo la agresividad de las grandes corporaciones que controlan el mercado
de las semillas.

 

Ley de Semilla: un tentáculo transnacional

Y la pérdida de la diversidad agrícola

 

Una de las estrategias de penetración y control que
transnacionales como Monsanto están usando a lo largo y ancho de América Latina
es la creación o modificación de las leyes de semillas, en el marco de la firma
y ratificación de Tratados de Libre Comercio (TLC).

 

“Estas leyes son prácticamente iguales en todos los países y
son redactadas por las mismas corporaciones. Aprovechan la ignorancia y la
actitud servil de gobiernos y políticos nacionales, y van adaptándolas a los
estándares internacionales deproteccióndelapropiedad intelectual”, dijo a La Rel Camila Montecinos,
agrónoma y miembro de Grain.

 

El principal objetivo de este otro tentáculo de las
transnacionales es prohibir el derecho del agricultor y las familias campesinas
a guardar sus semillas criollas.

 

“Esto es parte del control del agronegocio sobre los
sistemas alimentarios en su totalidad, lo cual genera una mayor ilegalización y
erosión genética de las semillas criollas, menor diversidad y oferta de
alimentos, mayores costos y una grave agresión a la soberanía alimentaria de
los países”, dijo Carlos Vicente.

 

De acuerdo con datos de Grain, en el siglo pasado se perdió
el 75 por ciento de la diversidad agrícola mundial y la FAO reconoce que la principal
causa de esta pérdida es la agricultura industrial.

 

Las trasnacionales “descubren” semillas

Y la criminalización de los campesinos

 

Colombia y Chile son ejemplos muy claros de cómo el intento
de hacer aprobar leyes en el marco de los TLC y del Convenio Internacional para
la Protección
de Obtenciones Vegetales (UPOV 91) desemboca en la criminalización del
campesinado y de las organizaciones que luchan por el rescate, conservación,
uso, manejo y libre circulación de las semillas criollas.

 

Por medio de la Resolución970/2010 del Instituto Colombiano
Agropecuario (ICA), el gobierno de ese país pretende regular todo lo
relacionado con semillas, definiendo que las únicas semillas que pueden
circular son las mejoradas y certificadas.

 

Para las personas que utilicen una semilla protegida
legalmente o similarmente confundible con una protegida legalmente, la pena es
de entre 4 y 8 años de reclusión y hasta 1.500 salarios mínimos de multa.

 

En Chile, el proyecto de ley para aprobar el UPOV 91, más
conocido como “ley Monsanto”, prohíbe reproducir y guardar semillas, bajo pena
de confiscación, destrucción de cultivos o cosechas, aplicación de multas y
hasta de reclusión.

 

“Quieren privatizar las semillas criollas a través de
artículos redactados de manera maliciosa”, dijo Camila Montecinos.

 

“Tenemos una enorme diversidad de maíces criollos que han
venido adaptándose desde hace cientos de años, y que ahora pasarían a ser
ilegales porque las grandes corporaciones los ‘descubren’ y los registran a su
nombre”, agregó Carlos Vicente.

 

“Es el mundo al revés, porque todas las semillas
supuestamente mejoradas se hicieron a partir de las semillas criollas. Aquí se
están violentando los derechos colectivos de los agricultores, rompiendo el
esquema ancestral milenario de intercambio de las semillas”, ahondó Germán
Vélez, del Grupo Semillas de Colombia.

 

Crece la resistencia

Y crece la conciencia sobre los peligros y desafíos

 

A pesar de las dificultades, las resistencias se multiplican
en el continente latinoamericano y logran resultados importantes, elevando el
nivel de conocimiento, concientización y movilización de las poblaciones y
deteniendo, en las calles y en los tribunales, los proyectos de muerte de las
grandes corporaciones de las semillas.

 

“Hay un espectro muy grande de lucha que está frenando el
avance de los agronegocios, al tiempo que se va construyendo conciencia social
sobre la necesidad de una distribución equitativa de la tierra, la
diversificación de la producción agrícola y el rescate y conservación de las
semillas criollas”, concluyó Vicente.

Fuente: Rel – UITA

11 Vistas