20/12/2016

Científicos ocupan el Ministerio de Ciencia y Tecnología en rechazo al ajuste

El conflicto

El viernes pasado se oficializó el ingreso al CONICET de sólo 455 investigadores científicos. Quedaron excluidas 483 personas (que llegaría a 874 si se incluye a todos los aspirantes recomendados), quienes habían aprobado sus evaluaciones y para cuya carrera estaba asignada la partida presupuestaria correspondiente. 

La decisión desvía el sentido del Plan Argentina Innovadora, un programa aprobado en 2013 por el entonces y actual Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, que establece el propósito de elevar la planta de científicos a 15 mil en 2020. Durante los últimos siete años, el ingreso por año no había bajado de 700 personas.

Por otro lado, se derrumba la inversión que el Estado argentino hace sobre cada uno de esos 874 investigadores excluidos que buscan su pase a planta permanente, becados durante años sin aportes previsionales ni obra social para realizar doctorados, posdoctorados, escribir artículos en revistas científicas de relevancia nacional y extranjera, libros y los denominados “papers”.  

Mario Muñoz, Secretario Gremial de ATE, quien acompaña las protestas de los investigadores y sus sindicatos en la sede nacional del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, en la ciudad de Buenos Aires, expresó: “Mientras el gobierno de Macri elimina los impuestos a las empresas mineras por 3500 millones de pesos, le retacea 200 millones a los investigadores, lo que es igual al 2% del presupuesto general del CONICET”.

Una comitiva de los gremios docentes, estudiantiles y de investigadores presentes fue recibida por el ministro Lino Barañao, quien ratificó el recorte sin mayores explicaciones, a pesar del petitorio con 4500 firmas de la comunidad académica para que lo revierta. En consecuencia, un grupo de becarios decidieron permanecer en la sede del ministerio.

Científicos a lavar los platos

En la década del ’90, el entonces ministro de economía argentino e impulsor de las reformas del Consenso de Washington, Domingo Cavallo, mandó a los científicos “a lavar los platos”. Hoy, luego de varios años de intentar revertir esas políticas, las medidas de ajuste vuelven caer sobre la espalda de quienes dedican su vida a la investigación, la construcción del conocimiento y la innovación. Detrás de los números, algunas historias. 

Andrés Stagnaro, por ejemplo, es uno de los investigadores afectados. Es de La Plata, afiliado a ATE, obtuvo la triple recomendación en instancias evaluatorias muy estrictas, superiores a las del sector privado. Estudia la utilización de la Justicia del Trabajo por los trabajadores. Un enfoque original que al menos momentáneamente no podrá seguir realizando.

Otro caso es el de Soledad Pereyra, también de La Plata y afiliada a ATE, que volvió a nuestro país alentada por las becas de reinserción del CONICET. Tiene un informe técnico impecable, pero no podrá continuar con su análisis de la literatura. “Soy una convencida de que el estudio de la cultura tiene que ser parte de la ciencia”, aduce.

Marcelo Miller, astrónomo bonaerense, para quien el presidente de CONICET, Alejandro Ceccatto, vendría a ser un parásito del sistema, denuncia asimismo el recorte presupuestario destinado a los grupos de investigación. Mejor que nunca vale recordar las palabras del inventor del organismo y Premio Nobel Bernardo Houssay, cuando sostuvo, sesenta años atrás, que la ciencia no es un lujo de países ricos, sino una necesidad de países pobres.

“Ocurre que también se limita el presupuesto a la infraestructura. Es decir, a las condiciones objetivas en las que trabajamos los científicos”, manifestó Flavio Sives, delegado general de ATE en el CONICET La Plata.

16 Vistas