Brasil vs COVID-19: ¿Democracia en suspenso?

Brasil

06/04/2020

Brasil vs. COVID-19: ¿Democracia en suspenso?

Además de la inminente tragedia económica y social, ¿será que el nuevo coronavirus trae, clandestinamente, una tragedia para la democracia brasileña?

Por João Domingos G. dos Santos*

Hasta el ciudadano más desatento que observe el día a día del Gobierno Brasileño en la gestión de la Pandemia del COVID-19 con un mínimo de sentido crítico, se dará cuenta, o al menos tendrá la sensación, de que el presidente de la República no gobierna. ¿Pero quién gobierna entonces? ¿Bajo qué régimen de gobierno estamos viviendo? No existe, en mi opinión, una respuesta directa y sencilla para este enigma.

La verdad es que la crisis generada por la pandemia del nuevo coronavirus puede estar gestando una nueva jabuticaba (fruta que originariamente solo existía en Brasil)[i]. La última configuración dada al “Gabinete de Crisis” ilustra con colores y formatos lo que quiero demostrar.

Hasta hace pocos días vivíamos en un ambiente que rozaba el caos institucional con respecto a este tema. Desobediencia legal por parte de los Gobiernos Estaduales y Municipales que, de manera individual, enfrentaban juntos al Ejecutivo Federal; anarquía interna en el Gobierno Federal, donde el Ministro de Salud, ante el desgobierno, asumió la responsabilidad de ordenar las acciones del Ejecutivo, basándose en la ciencia, la sensatez, las orientaciones de la OMS y principalmente en el resultado de los aciertos y desaciertos en los países donde la pandemia ya está en un nivel que, lamentablemente, nos alcanzará – cómo nos alcance depende de nosotros; El presidente de la República enfrentando, desautorizando y burlándose de la orientación de su Ministro de Salud y de las evidencias, llegando al punto de convocar y participar de manifestaciones en la calle. Estos son tan solo algunos ejemplos de los absurdos diarios de mayores o menores proporciones o consecuencias.

Con las acostumbradas acciones erráticas y extravagantes del Presidente Bolsonaro, de dichos y desdichos, de “sí” y “no” para el mismo tema dependiendo de la ocasión y del público, como, por ejemplo, tener un comportamiento en público, otro en las redes sociales y otro en los medios tradicionales. Se convirtió en una imagen recurrente y cotidiana del Presidente de la República hacerse el bravucón por la mañana ante sus seguidores radicales (que son cada vez menos) y por la noche, en sus pronunciamientos, ajustarse a lo que decidieron sus ministros. Parece -y lo es- una estrategia cuidadosamente planeada de autoaislamiento, buscando la ingobernabilidad, el desorden institucional y la sublevación pública. Este sería el ambiente favorable para aplicar un autogolpe, mediante la imposición de un Estado de Sitio que evolucione hacia un gobierno dictatorial, como siempre defendió y prometió. Puede ser que esto suceda, pero a Bolsonaro el tiro le está saliendo por la culata.

Debemos observar con atención algunos hechos que sustentan las conclusiones a las que llego al final de este artículo.

Ministros de la mayor preeminencia política y con credibilidad por encima del Presidente, como el Ministro de Justicia, Sergio Moro, y el Ministro de Infraestructura, Tarciso de Freitas, y hasta el Ministro de Economía, Paulo Guedes, no siguen las posiciones del Presidente y apoyan al Ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta (el verdadero Super Ministro del Gobierno). Militares de la más alta patente, credibilidad y mando ante las tropas tienen diferentes posiciones contrarias a las orientaciones y posicionamientos del Presidente. Por ejemplo, el general Santos Cruz, uno de los más preeminentes militares brasileños y ex Secretario Nacional de Seguridad Pública del Gobierno Bolsonaro, se lanzó al ataque directo y virulento contra el presidente. El comandante del Ejército, el General del Ejército Edson Leal Pujol, fulmina el posicionamiento de Bolsonaro de que el COVID-19 es solo una “gripecita” y declara que “esa pandemia será la misión más importante de nuestra generación”. El excomandante del Ejército, el General Villas Boas, uno de los más carismáticos e influyentes de la tropa, decreta que “hay que distinguir el Ejército del Gobierno”, despegando las Fuerzas Armadas del alineamiento automático con Bolsonaro.

Ante esto, ninguno de los ministros, ni siquiera los militares, lo que incluye al vicepresidente de la República, el General Hamilton Mourão, salen en defensa del Presidente. Solo le queda a Jair Bolsonaro el apoyo del llamado “Gabinete del Odio”, formado por sus familiares y ministros del núcleo ideológico, bajo el mando del autoproclamado “filósofo” Olavo de Carvalho, gurú del Presidente y sus hijos, figura que más personifica los aspectos caricaturescos del gobierno.

Los más poderosos órganos de prensa profesional, de derecha y centro derecha, como la Red Globo, el Grupo Folha, Veja y otros, se lanzan al enfrentamiento total y el franco intercambio de golpes con el presidente. Y nadie fuera del núcleo ideológico del Gobierno hace su defensa. El Congreso Nacional, especialmente el presidente de la Cámara, Rodrigo Maia –la autoridad más poderosa del país hoy–, pese a tener varios pedidos de juicio político y más de una decena de acusaciones de crímenes de responsabilidad contra el presidente de la República, asume la posición de estadista mayor y dice que “no es hora” de empezar el proceso de impeachment debido a la crisis. Es importante decir que al presidente de la Cámara le corresponde el rol de presidente de la República en este parlamentarismo surreal.

Vean lo que quiero demostrar. Todo este ambiente crea el desencadenante que nos autoriza a concluir que tenemos un esdrújulo, pero real, Gobierno Paralelo en Brasil. ¿Por qué esdrújulo? Porque es un Presidencialismo donde el presidente no gobierna y un parlamentarismo extraconstitucional que ahora se consolida con la figura de un Primer Ministro. Esta situación hiere brutalmente el nucleo duro de la Carta Magna Brasileña, que solo admite el Presidencialismo como forma de gobierno.

Entre las autoridades, líderes, parlamentarios, prensa y otros de esa línea, que están mejor informados, corre la voz de que las Fuerzas Armadas, junto con los Ministros Militares, totalmente articulados con el Congreso Nacional, el Supremo Tribunal Federal y los ministros no “Olavistas”, decidieron y asumieron una intervención en el Gobierno. Así se salvaría el mismo Gobierno y la imagen pública, no de un gobierno militar, pero de un gobierno dirigido por militares. A la vez salvaría las Fuerzas Armadas de validar los posibles resultados del Gobierno Bolsonaro, que probablemente entrará para la Historia como el más desastroso administrativamente, el más cruel socialmente y el más antipatriótico, en la medida en que liquida la soberanía nacional –un valor mayor para las Fuerzas Armadas–, cuando entrega el país al dominio extranjero transformando el Brasil en un mero apéndice de Estados Unidos.

General Braga Neto, jefe de Gabinete del gobierno brasileño.

Aunque esta interpretación no tenga reverberación en Brasil, esta percepción ya fue asumida por organismos, instituciones, corporaciones y medios internacionales, cada uno con sus matices e intereses.

Hoy el Gabinete de crisis de la pandemia del COVID-19 es la experiencia de un gobierno paralelo. Tiene incluso el “Primer Ministro”, acreditado por las Fuerzas Armadas, por el conjunto de ministros que gobiernan el país, por los grandes medios nacionales, por el Congreso Nacional, por el Poder Judicial y, principalmente, por el mercado.

Nuestro Primer Ministro incluso ya tiene apodo. Es llamado, hasta correctamente, jefe del Estado Mayor del Planalto. Ese Gobierno paralelo tiene también una forma transitoria, donde el presidente Bolsonaro podría continuar con sus performances diarias para su público interno e íntimo. Pero el Primer Ministro tendría autoridad para contradecirlo, como Jefe de Gobierno.

Es, por lo tanto, un gobierno completo: como presidente de la República y estadista, Rodrigo Maia. Como Primer Ministro y Jefe de Gobierno, el general Braga Neto –Ministro Jefe de Casa Civil y Coordinador del Gabinete de Crisis. Faltaría el animador del gobierno, el Bufón de la Corte. ¿O ya estaría representada por una o más de las figuras citadas?

Estas son las inquietudes y reflexiones que quiero dejar .Sé que esta opinión será bombardeada por la militancia digital radical del presidente. Sé que todo esto puede parecer apenas elucubraciones de un “samba del criollo loco”[ii], como poetizó el escritor, periodista y poeta Sergio Porto. Pero para mí es la forma de tratar de ser útil y proactivo en estos tiempos de crisis y aislamiento. Y también una forma de socializar mis informaciones y análisis de coyuntura, bajo las interpretaciones que tengo de ellas.

Para finalizar, hago un llamado al hecho irrevocable de nuestra responsabilidad ante el desenlace de esta crisis del COVID-19.

Tenemos en perspectiva una catástrofe económica que destruirá empleos, empleadores e ingresos; además, tenemos en perspectiva una crisis social, que destruirá la dignidad en las condiciones de vida y laborales de la clase trabajadora, en sus varias dimensiones – empleados, desempleados, informales, micro y pequeños empresarios y la nueva categoría económica, típica del Ultraliberalismo, los nuevos “emprendedores”; tenemos en perspectiva una tragedia humana, que destruirá la plena ciudadanía de la mayoría, la dignidad humana y definirá nuevos valores de vida; tenemos, en perspectiva, una tragedia, evitable, que nos llevará al oscurantismo social, histórico y científico.

Termino rogando para que esta crisis, que redundará, infaliblemente, en un nuevo orden mundial en todas sus dimensiones, no cometa el oportunismo desastroso de debilitar la joven democracia brasileña.

*João Domingos Gomes dos Santos es Presidente de la Confederación de Servidores Públicos de Brasil y 1º vicepresidente de la CLATE.

 

[i] El nombre de esta fruta brasileña, la “jabuticaba”, se usa sobre todo en el ámbito de la política, para hacer referencia a algún hecho o procedimiento “raro, exótico, extravagante”.

[ii] Expresión usada en Brasil para referirse a algo sin sentido.

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