Austria pone en jaque al acuerdo UE-Mercosur

Mundo

27/09/2019

Austria pone en jaque al acuerdo UE-Mercosur

El caballito de batalla de los gobiernos derechistas del Mercosur parece extinto antes de galopar. El Parlamento de Austria rechazó el acuerdo entre la UE y el bloque sudamericano lo que fuerza a su Gobierno a impugnarlo ante el Consejo Europeo.

Por Mariano Vazquez

A fines de junio de este año una noticia sacudió al mundo. El Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE) firmaron un tratado de libre comercio tras casi 25 años de negociaciones que siempre parecían empantanadas. Los presidentes de Argentina y Brasil, Mauricio Macri y Jair Messias Bolsonaro, respectivamente, fueron los más eufóricos. Proyectaron a este histórico acuerdo como una plataforma para garantizar su continuidad en el poder y cambiar definitivamente las matrices productivas de los gigantes sudamericanos. Esa sobreactuación pretendió ocultar el camino de espinas que deberán aún recorrer. 

 

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Primero, el tratado interregional requiere aún de muchos pasos para su ratificación formal. A saber: la aprobación de los parlamentos nacionales. Especialistas auguran que puede demorar hasta dos años. Además, la volatilidad política a ambos lados del océano podría demorar aún más la rubricación. 

 

Segundo, la presencia de un político que tiene la sutileza de un elefante en el bazar para las relaciones internacionales, como lo es Bolsonaro. Su actitud ante los incendios que hace meses azotan la Amazonia ha generado rispideces en países de todo el mundo, pero en especial en las dos locomotoras que conducen la UE, Alemania y Francia. Justamente con el presidente galo Emmanuel Macron, la disputa ha llegado a niveles grotescos.

 

Tercero, el tema ecológico no es menor. El acuerdo estipula la obligatoriedad de aplicación del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, la preservación de las selvas tropicales y políticas activas contra la deforestación. Es decir, en dirección opuesta a Bolsonaro, que promueve la eliminación de las tierras indígenas protegidas, la reducción de la vigilancia de leyes ambientales y que calificó a la protección del hábitat como un obstáculo para el crecimiento económico.

 

Cuarto, las filtraciones del acuerdo muestran un claro ganador: la UE, ya que el Mercosur cedió, entre otros puntos, a la liberalización del 91 por ciento de su comercio bilateral en apenas diez años.

 

 


 

Quinto, la subcomisión para la UE del Parlamento austríaco votó en contra el acuerdo con el Mercosur. Aunque la repercusión fue mínima en las esferas políticas de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, lo único cierto es que para que entre en vigor el tratado se necesita la aprobación de cada congreso nacional de todos los países involucrados, luego, que lo haga el Parlamento Europeo y, por último, la ratificación por unanimidad de los gobiernos.

 

Desde las cancillerías de Argentina y Brasil trataron de minimizar estos puntos y destacaron la importancia mundial que tendrá un mercado de 772 millones de personas (512 millones de habitantes tiene la UE y 260 millones el Mercosur).

 

Que este tratado se haya concretado en un período de restauración conservadora en la región no es casualidad. La influencia que generó el NO al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas impulsada por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush) en las míticas jornadas de Mar del Plata en noviembre de 2005 marcó un hito de integración latinoamericana con la mirada puesta en la justicia social, soberana e inclusiva.

 

Sin embargo, el aturdimiento progresista ante el avance de la derecha y la recuperación de los gobierno de Argentina y Brasil pareció trazar un nuevo período de vigor conservador. La disputa es clara entre ambos modelos. Y la más que probable salida de Macri en las elecciones del 27 de octubre también pueden marcar un punto de inflexión para el complejo acuerdo UE-Mercosur.   

 

El sueño de la derecha sudamericana es que este acuerdo les permita por fin desregular el mercado laboral, quitar derechos y flexibilizar las relaciones entre el capital y el trabajo. Tras esto, ¿qué impediría la avalancha de tratados de libre comercio con potencias como Estados Unidos o China? 

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