17/10/2013

ARGENTINA: A 68 años del 17 de Octubre, Día de la Lealtad

La noche anterior de aquel 17 de octubre de 1945, Libertario Ferrari concurrió al plenario de la CGT como peón del monopolio británico Compañía Primitiva de Gas y delegado de la Asociación de Obreros y Empleados del Estado, que luego se fundiría en ATE.

Ferrari había militado primeramente en el radicalismo hasta pasar a las filas de FORJA. Fue precisamente Arturo Jauretche quien lo convenció de votar en la CGT en contra del mandato que llevaba de su sindicato. Libertario Ferrari no vaciló y volcó la decisión para que los trabajadores pararan y se movilizaron al día siguiente exigiendo la libertad de Juan Perón. No sólo sufragó en este sentido, sino que planteó su ratificación cuando se habían alzado algunas voces moderadoras.

El entonces coronel estaba preso en la Isla Martín García. El presidente Edelmiro Farrell legitimó esa medida como parte de la disputa de poder dentro del Ejército. Perón era el más reconocido funcionario de gobierno dentro del movimiento obrero, por la dirección que había adquirido la Secretaría de Trabajo y Previsión a su cargo.

En la madrugada del 17, trabajadores de La Boca, Barracas, Parque Patricios, Mataderos, Avellaneda, Lanús, Berisso y el resto de los barrios industriales y populares de Buenos Aires y el conurbano comenzaban a reunirse en las puertas de las fábricas donde eran informados de la resolución orgánica de la CGT. Emprendían así el abandono de sus lugares de trabajo y arrancaban la larga marcha hacia la Plaza de Mayo.

Esa movilización fue, en definitiva, la foto más fehaciente de un movimiento obrero dispuesto a tomar partido en la vida democrática, jurando lealtad a Perón. Así recordaba aquella jornada, Raúl Scalabrini Ortíz:

 

“El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres. (…) Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de resto de brea, de grasas y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe (…) Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad (…) Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto (…) Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí,  presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo”.

Por su consciente decisión, ATE decidió denominar años después a su escuela de formación con el nombre de Libertario Ferrari.

 

Prensa ATE – 17/10/13
 

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