02/08/2016

A liquidar infiernos y anticipar cielos

El histórico dirigente será homenajeado hoy en la sede
de su gremio, la Federación Gráfica Bonaerense, “su segunda casa”, como siempre
repetía. Sus compañeros, trabajadores y dirigentes gremiales, lo recuerdan como
“la guía de la posición histórica del sindicalismo de liberación. Sufrió
cárcel, exilio, y hasta el asesinato de un hijo con tal de mantener en alto
esas banderas”.




 

Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, en 1968, Ongaro
fundó junto a dirigentes de otros gremios la CGT de los Argentinos, un espacio
sindical que rompió con la línea “colaboracionista” que planteaba el
metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.  Otro
de los protagonistas fue Amancio Pafundi, electo junto a Ongaro como secretario
adjunto de la CGTA, el mismo que luego fuera presidente del Centro de Jubilados
y Pensionados de ATE y uno de los fundadores de la CLATE. Y nuestro querido
compañero Héctor Quagliaro en la ciudad de Rosario como titular de la nueva
CGTA , dirigente histórico de la ATE y de nuestra confederación.

 

La CGT de los Argentinos tuvo un perfil claramente
combativo ante el proceso militar que reprimía al pueblo argentino y se
enfrentó también a las 62 organizaciones peronistas que encabezaba José Ignacio
Rucci. Fue protagonista en aquellos años de lucha contra la dictadura y aportó
grandes ideas a la llamada “resistencia peronista”. Entre ellas, el periódico
en el que escribieron, entre otros, periodistas de la talla de Rodolfo Walsh,
Horacio Verbitsky y Rogelio García Lupo. Además, artistas como Ricardo Carpani,
Fernando Pino Solanas y el vanguardista Grupo Cine Liberación fueron parte de
importantes acciones culturales que denunciaron la represión y el ajuste de
aquellos años.

 

Convencido de que la lucha era en la calle, Ongaro
respaldó, en 1969, la manifestación popular conocida como “El Cordobazo”, una
protesta obrera que devino en un estallido social en esa provincia mediterránea
de la Argentina y que significó el comienzo del fin del gobierno de Onganía. Tras
esa gesta, el histórico dirigente fue detenido junto a otros gremialistas y al
recuperar su libertad fundó el movimiento Peronismo de Base. También impulsó,
desde la provincia de Tucumán, la creación de una Coordinadora de Gremios en
Lucha que apoyó a los trabajadores de los ingenios azucareros en esa provincia
del norte.

 

Por su clara oposición a los sectores de la derecha
peronista, y en el marco del estado de sitio impuesto por el gobierno de Isabel
Perón, Ongaro fue detenido en 1975. Allí recibió la noticia del asesinato de
uno de sus hijos, Alfredo Máximo, a manos de la organización paramilitar“Triple
A”, y tras gestiones de sus familiares pudo dejar el país e iniciar un exilio
que concluiría con la llegada de la democracia, en 1983.

 

Tras su ansiado retorno, retomó la actividad gremial
en el sindicato gráfico y trabajó hasta el final junto a sus compañeros de toda
la vida. “Nuestro método de acción es simple, duro y necesario. Estar presentes
al lado de cada hermano luchador y perseguido en cualquier lugar que sea, en la
cárcel, en las calles, en las plazas con lealtad y amor revolucionario”, decía
en uno de sus últimos discursos. Hasta la victoria siempre,
aniquilador de infiernos.

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