10/09/2016

A 43 años del golpe de Estado

Escena 1: Interior, escritorio, noche.


Alguien escribe desenfrenadamente y mira
fijamente la pantalla. Sus dedos se detienen. Suena un disco del cubano Pablo
Milanés. “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago
ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los
ausentes…”. Quien escribe deja por un instante sus manos libres de teclado.
Canta fuerte. Está solo, pero se escuchan en toda la casa sus palabras. 43 años
después de aquel día en que Salvador Allende fue derrocado, Chile sigue siendo
una herida, una enseñanza, un ejemplo. Mucho se escribe sobre aquellos días,
aquellos años, pero lo que queda grabado en la memoria no es lo que está
escrito, sino lo que se ha vivido, lo que se ha sentido. Y por eso los chilenos
cada 11 de septiembre vuelven a vibrar con aquel sentimiento. Por eso cuando
suenan esas palabras el que escribe se paraliza y siente como traspasa sus
venas el agijón de la memoria. Pero pronto volverá a las palabras, debe
escribir sobre Chile.





Escena 2: Exterior, Estadio Nacional repleto
de almas, noche


Jean BeasejourColiqueo, jugador de la
selección chilena campeona de la Copa América 2015, pone en primer plano la
memoria colectiva mientras lo entrevistan tras ganar a la Argentina por penales
en una final muy reñida. Emocionado, el jugador le dice a un periodista de
Radio ADN: “Uno recién ahora dimensiona lo que pasa. Hace unos días me llamó un
profesor de cadetes que me dijo ‘Ojalá que en el estadio en que tanta gente
sufrió y se torturó puedan tener una alegría’. Pensamos en eso y muchos rezamos
pensando en esas personas…en un lugar donde hubo tanta tristeza y muerte, hoy
le dimos una alegría a este pueblo”. Después abrazó a su pequeño hijo y se
alejó del micrófono. Chile gritó campeón por primera vez en su historia. El
Estadio Nacional estaba repleto. Sucedía en el mismo lugar que funcionó como la
mayor cárcel que alguna dictadura sudamericana haya vivido. Allí, bajo las
tribunas, los presos políticos de Pinochet fueron torturados y asesinados. Hoy,
43 años después, detrás de uno de los arcos, hay un sector dedicado al
recuerdo. “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro”, puede leerse al
bajar las escalinatas de esa tribuna que quedó intacta, que da escalofríos, que
hace carne la memoria.



 

Escena 3: Interior, salón de cine de una
escuela, día


“La historia no es una fotografía, es un
conjunto de ellas, una larga película sin final”, dice el profesor de historia
a los alumnos que se amontonan frente a un pequeño televisor para ver un
documental sobre las dictaduras en Latinoamérica. El 11 de septiembre, en
Argentina, se celebra el día del maestro en honor a Domingo Faustino Sarmiento,
un escritor y educador que llegó a ser presidente creyendo firmemente la lucha
de la “civilización versus la barbarie”. En Estados Unidos, el 11 de septiembre
de 2001 un atentado terrorista derribó las Torres Gemelas de Nueva York y abrió
la puerta para que Bush y sus aliados salieran a la caza de los musulmanes en
su “guerra santa” por todo el mundo. En Chile, un maestro con memoria prepara
una clase especial para sus jóvenes alumnos, que nacieron después del retorno
de la democracia y de la renuncia del dictador a sus fueros como “senador
vitalicio”. Muchos años después de la presidencia de Sarmiento, del atentado a
las Torres y del retorno del voto en territorio chileno, muchos se preguntan
acerca de las barbaridades cometidas por los civilizados.



 

Escena 4: Interior, Palacio de La Moneda, 11
de septiembre de 1973


Las últimas palabras de Salvador Allende a su
pueblo:

“Compatriotas: ésta será, seguramente, la última
oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado
las torres de Radio Portales y Radio Corporación…

“Mis palabras no tienen amargura, sino
decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el
juramento que hicieron…

“Ante estos hechos sólo me cabe decir a los
trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré
con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la
semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no
podrá ser segada definitivamente…

“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero
no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La
historia es nuestra y la hacen los pueblos…

“Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile
y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la
traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que
tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para
construir una sociedad mejor”.



 

Escena 5 (Final): Exterior, Playa de
Mejillones, Atardecer


Una foto de una playa chilena. Cae el sol.
Mañana muy temprano saldrán los pescadores a trabajar. Esa foto es sostenida
por una mano arrugada. La foto ya se puso en movimiento, ya es película.
Alguien canta a lo lejos una canción de Violeta Parra. Como la cápsula que
rescató a los mineros de San José en 2010 de las profundidades de la tierra, la
memoria rescata hoy a los millones de chilenos que recordarán a las víctimas de
una de las más sangrientas dictaduras de nuestra América. “Y hasta la dura
cadena con que nos ata el destinoes como un día bendecido que alumbra mi alma
serena”, canta la trovadora chilena. Final sin fin. Historia. Memoria.

 

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