16/09/2016

A 40 años de la noche de los lápices

La noche de los lápices es un caso emblemático del genocidio
perpetrado por la dictadura militar argentina. Como ocurrió con más de 30.000 personas
en tan solo siete años, las víctimas de estos hechos fueron perseguidas por su
activismo político. Eran adolescentes de entre 16 y 18 años, organizados en la
Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que estudiaban en colegios de la ciudad
de La Plata. Cuatro décadas después de aquél acto criminal, los estudiantes
argentinos de la Provincia de Buenos Aires alcanzaron aquella reivindicación
por la que luchaban sus pares en 1976 y que había sido anulada por la dictadura:
el boleto estudiantil secundario. 


La dictadura argentina surgida en 1976 implementó un sistema
de persecución y desaparición forzada de personas orientado a erradicar toda
oposición política. Los jóvenes platenses fueron secuestrados por el Batallón
601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y por la policía de la provincia
de Buenos Aires, al mando del general Ramón Camps.


Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de
Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Pablo
Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler fueron llevado a
distintos centros de tortura como el Pozo de Arana (La Plata), el Pozo de
Banfield, el Pozo de Quilmes y distintas comisarías de La Plata. Miguel
Etchecolatz, mano derecha de Camps, coordinaba el comando de tareas que
torturaba en los centros clandestinos donde estuvieron detenidos.


A cuarenta años de estos hechos en varias ciudades del país
se escuchará consigna “los lápices siguen escribiendo”  y realizarán distintos homenajes en repudio a
estos hechos. Hoy, como todos los años, las nuevas generaciones de estudiantes
argentinos gritarán con fuerza: “Nunca Más”.

 

 

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