24/02/2014

A 32 años de su asesinato, la CLATE recuerda el ejemplo trazado por el dirigente chileno de la ANEF, Tucapel Jiménez

Recordar a Tucapel Jiménez Alfaro, es historiar la vida y la lucha de un sindicalista chileno con mayúscula. Militante del Partido Radical. Ocupó, entre otros cargos, la presidencia de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF). Debido a su oposición al Régimen Militar, fue asesinado por la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE).

Tucapel se inició como líder sindical en 1938, como presidente del Club Deportivo Lavaderos de Oro. Cuatro años más tarde fue elegido presidente de la Asociación de Trabajadores de la Dirección de Abastecimiento y Petróleo. Luego, en 1951, fue presidente de la Asociación de Almacenes Reguladores del Comisariato, cargo que lo vinculó al frente gremial que habría de ser el principal escenario de su liderazgo social.

En 1953 fue designado director de la Asociación de Empleados de la Superintendencia de Abastecimientos y Precios. Al año siguiente fue delegado ante la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) y en 1957 se incorporó a la directiva nacional de esta organización.

En 1960 asumió la vicepresidencia de la Asociación Nacional de Empleados de DIRINCO y, tres años más tarde, asumió la presidencia nacional de la ANEF, cargo para el que fue reelegido en 1967 y 1970. En 1971 se realizó en Cartagena, el II Congreso de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores del Estado (CLATE), torneo que presidió y en el cual fue elegido vicepresidente de CLATE.

En 1975, en plena dictadura militar, fundó el Grupo de los Diez, desde cuya vicepresidencia desplegó una intensa actividad. Seis años después fundó la Unión Democrática de Trabajadores, ocupando la vicepresidencia.

Debido a su oposición al Régimen Militar, Tucapel Jiménez fue blanco de amenazas y seguimientos. Uno de los objetivos que el dirigente buscaba materializar durante aquel tiempo era la reunificación del movimiento sindical chileno. La mañana del 25 de febrero de 1982, Jiménez salió de su casa a trabajar en su taxi. Su vehículo fue interceptado por algunos sujetos, quienes haciéndose pasar por pasajeros le pidieron que se dirigiera al camino Renca-Lampa, a 40 kilómetros de Santiago. Allí, el dirigente recibió cinco disparos en la cabeza y fue posteriormente degollado.5Su cuerpo fue encontrado esa misma noche, dentro de su taxi.

La información oficial, y parte de los medios de prensa, hablaron falsamente del asesinato como el resultado de un asalto. Un año después, en Valparaíso, fue encontrado el cadáver de un carpintero llamado Juan Alegría Mundaca, quien presentaba heridas en sus muñecas. Junto al cuerpo había una carta en la que decía estar arrepentido de haber matado a Tucapel Jiménez. Sin embargo, el hecho fue interpretado como un encubrimiento de los verdaderos asesinos del dirigente, que no fueron otros que esbirros del pinochetismo. Más concretamente, miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE).

El asesinato de Jiménez impactó al país, y ese mismo año el Ministerio del Interior nombró a Sergio Valenzuela Patiño como ministro en visita, con el fin que investigara el caso. Tras 17 años de investigación, y sin lograr mayores avances, Valenzuela fue reemplazado en 1999 por Sergio Muñoz Gajardo, quien descubrió que el crimen fue obra de miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional del Ejército (DINE).
Como se pudo saber en octubre de 2000, el entonces mayor del ejército Carlos Herrera Jiménez, confesó su autoría material en los asesinatos de Tucapel Jiménez y de Juan Alegría Mundaca. Herrera fue quien disparó a Jiménez, mientras que los demás coautores fueron Manuel Contreras Donaire y Miguel Letelier. Las órdenes las había dado el director de la DINE, Ramsés Álvarez, mientras que Víctor Pino, comandante del Cuerpo de Inteligencia del Ejército supervisó la operación.

El año 2002, fueron condenadas  12 personas por el crimen de Tucapel Jiménez, entre autores, cómplices y encubridores. En calidad de autores: el general Ramsés Alvarez Sgolia, el brigadier Víctor Pinto Pérez, el teniente coronel Francisco Ferrer Lima, el mayor Carlos Herrera Jiménez, el suboficial Manuel Contreras Donaire y el suboficial Miguel Letelier Verdugo. Como cómplices fueron condenados Juan Carlos Arriagada y Jorge León Alessandrini, inculpados de haber facilitado la obtención del arma homicida. El 29 de enero de 2008, la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó pagar $1.200 millones a la familia de Tucapel Jiménez. El tribunal de alzada instruyó al Fisco a pagar una indemnización a los tres hijos y dos nietos del dirigente sindical, a 25 años de su asesinato.

Más allá del acto de justicia de que sus asesinos vayan a la cárcel, la devolución más importante para la familia y para todos los que sufrieron el crimen, lo han hecho los trabajadores y trabajadoras de Chile, en especial sus compañeros de la ANEF, que siempre lo han puesto a la cabeza de sus luchas, evocando aquellos años en que Tucapel se jugaba entero por las reivindicaciones de los estatales.

A 32 años de este deleznable crímen fascista, Tucapel Jiménez sigue presente en todas las batallas del proletariado chileno, y en especial de quienes desde la CLATE (entidad a la que perteneció) enfrentan a los mismos enemigos que lo asesinaron.

En este nuevo aniversario del asesinato de Tucapel, el Comité Ejecutivo de la CLATE abraza a los compañeros de la ANEF de Chile y se compromete a seguir el camino que este gran dirigente sindical dejó marcado para siempre.

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