03/12/2016

3 de diciembre: día de médico

La fiebre amarilla fue estudiada clínicamente durante
centurias. Pero los estudios de Finlay, que comenzó a ocuparse de la enfermedad
en 1865, resultaron determinantes.

 

En 1881, ante la Academia de Ciencias de La Habana, presentó
su trabajo fundamental: “El mosquito hipotéticamente considerado como
agente transmisor de la fiebre amarilla”, en el que describía los
detalles, las características y los hábitos del mosquito y anunciaba la
trascendente experiencia del contagio en personas: “Cinco casos en los
cuales, por una sola picadura de mosquito, se reprodujo la enfermedad”,
decía.

 

Tras la lectura de Finlay hubo silencio total en el
auditorio, y los académicos se retiraron uno a uno. Y hubo que esperar 19 años
para que la IV Comisión Americana para el Estudio de la Fiebre Amarilla
(integrada por Reed, Carroll, Agramonte y Lazear) se dispusiera a comprobar si
la teoría de Finlay era cierta.

 

En 1901, la comisión confirmó y amplió las ideas de
Finaly, que dieron las bases para la prevención por medio de la lucha contra
los mosquitos, dejando atrás la idea de que el mal se transmitía por la ropa o
por los objetos que hubieran estado en contacto con los enfermos.

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