22/01/2016

Desafíos de la IV Cumbre de la CELAC

La reunión
de los Jefes y Jefas de Estado se producirá el día 27 en el edificio de la
Unasur, mientras que en los días previos los coordinadores nacionales y los
cancilleres trabajarán para ajustar los acuerdos sobre las resoluciones y
documentos a ser expuestos y proclamados en el cónclave.

 

La agenda de
trabajo prevé en la mañana del miércoles un encuentro a puertas cerradas de los
presidentes y jefes de Estado, para luego dar pie en horas de la tarde al
debate general, cuyas intervenciones estarán limitadas a seis minutos cada una.
Posteriormente, se darán a conocer y adoptarán la Declaración política, el Plan
de acción 2016 y las Declaraciones especiales. Estas últimas suelen ser la
modalidad utilizada para recoger temáticas de interés particular para algunos
estados y se espera que en esta Cumbre sean aprobadas en número cercano a las
veinte. Por último, la Cumbre finalizará con la ceremonia de traspaso de la
presidencia rotativa (o Pro Témpore) del organismo por parte de Ecuador a la
República Dominicana, país que a su vez albergará la próxima Cumbre.

 

Historia

 

La CELAC,
fundada en Caracas en Diciembre de 2011 como foro de concertación política, no
sólo ha mostrado su eficacia en la resolución favorable de conflictos
intraregionales, sino que ha avanzado hacia una nueva instancia,
desarrollándose como espacio de coordinación de acciones hacia adentro y
conjuntamente hacia afuera de la región. La fuerza que la impulsa es
indubitablemente la aspiración de integración soberana, no tutelada por EEUU.

 

Contrariamente
a ello, el gobierno norteamericano ha impulsado en el área su injerencia
diplomática institucional – entre otras múltiples variantes abiertas o secretas
– a través de la Organización de Estados Americanos (OEA) y sucesivas Cumbres
de las Américas. Cabe recordar el apoyo de la OEA por omisión al derrocamiento
de Arbenz en Guatemala (1954), la expulsión de Cuba de su seno (1962) o el aval
a la invasión de República Dominicana por parte de marines norteamericanos
(1965). Tampoco mostró reacción firme ante la agresión británica (apoyada por
los Estados Unidos) a Argentina durante el episodio bélico en las Islas
Malvinas (1982), ni condena inmediata a la invasión estadounidense de Granada,
con motivo del asesinato del primer ministro Bishop (1983). Sintomático para el
alineamiento panamericanista dominado por la doctrina Monroe, es que fue
precisamente una de las cumbres de las Américas – la IV celebrada en Mar del
Plata en 2005 – el foro elegido para presionar hacia un Área de Libre Comercio
de las Américas (ALCA). La derrota de aquella intención constituyó un hito
decisivo en el camino para avanzar hacia la autonomía regional y la creación de
la CELAC.

 

¿Qué puede esperarse de esta Cuarta
Cumbre?

 

La IV Cumbre
celebrará sin duda como un logro – en la estela de su Declaración como zona de
Paz, aprobada en la III Cumbre – los avances en las negociaciones entre el
gobierno colombiano y las Farc para alcanzar una paz duradera con justicia
social en aquel país. No hay duda que además alentará y exhortará a las partes
a concluir un acuerdo durante el presente año.

 

Se destacará
como una conquista de la presión de la Comunidad de Naciones, la participación
de Cuba en la última Cumbre de las Américas en Panamá y el restablecimiento de
relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU, exigiendo el levantamiento total del
bloqueo a la isla y el cierre y evacuación de la cárcel en Guantánamo.

 

Los acuerdos
sobre inversión, comercio y transferencia tecnológica logrados como conjunto
con socios extrarregionales como China, la Unión Europea y de manera más
incipiente con Rusia, serán mostrados como evidentes avances de cooperación
multilateral, a expensas de cualquier visión monopólica.

 

Uno de los
temas centrales será la evaluación y la ratificación de la agenda ya concertada
en la Cumbre anterior, referida a la erradicación del hambre, cuyo eje es la
implementación del Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del
Hambre 2025 propuesto conjuntamente por la FAO y la CEPAL. A pesar de tener el
valor de apuntar a una necesidad indiscutible, este plan ha recibido fuertes
críticas de organizaciones campesinas y originarias, por apuntalarse en una
ambigua “agricultura familiar”, en vez de potenciar la redistribución de la
tierra y la adopción de modos de producción agrícola sustentables, colocando
como protagonistas primarios al campesinado y a los pueblos originarios. Sin
duda que las delegaciones contarán para la Cumbre con el informe sobre los
avances prácticos en la implementación del plan, que fuera objeto de análisis
en la II Reunión de Ministros y Responsables de Desarrollo Social, realizado en
Octubre 2015 en Caracas con la asistencia de 25 países.

 

Otro asunto
de primera magnitud será la discusión sobre la forma de avanzar por sobre la
flagrante desigualdad que azota la región, considerando que como factor
agravante, la región experimenta la caída de los precios de las materias
primas, exhibiendo una vez más su dependencia de un modelo exportador primario
sumado a la brutalidad especuladora que afecta los términos de intercambio del
comercio internacional. Es previsible que las expresiones y decisiones
referidas a las inequidades y exclusión social se mantengan en el campo de
priorizar el desarrollo macroeconómico sin poner bajo la lupa las injustas
estructuras de propiedad de las cuales deriva directamente la situación
consignada.

 

Por otra
parte, es un hecho que la presidencia pro témpore saliente, a cargo de Ecuador,
impulsará la discusión y aprobación de la “Agenda 2020”, que contempla
precisamente como objetivos primordiales reducir la pobreza extrema y las
desigualdades; promover la educación, la ciencia y la innovación tecnológica,
contrarrestar el cambio climático y fomentar la protección medioambiental,
mejorar la infraestructura y la conectividad en la región, como así también
proveer fuentes de financiamiento para el desarrollo.

 

A pesar de
las innumerables críticas realizadas por la mayoría de los movimientos
sociales, agrupaciones ambientalistas y de derechos humanos acerca de la
mediocridad y tibieza de los resultados alcanzados en la reciente Conferencia
de las Partes sobre el Cambio Climático (COP21) en París, se estima que se
pondrá de relieve la importancia de que los países de la región lograron
mayormente adoptar una posición conjunta. El principio de responsabilidades
compartidas pero diferenciadas entre los países más contaminantes y la gran
mayoría de países con menor desarrollo industrial, en especial la deuda
histórica de aquellos, la acción inmediata y verificable en la reducción de
emisiones y la indispensable transferencia de tecnología y recursos para la
mitigación del efecto invernadero, fueron los ejes del posicionamiento del
grueso de las naciones de Latinoamérica y el Caribe.

 

La IV Cumbre
de la CELAC hará alusión también a los comicios celebrados en Venezuela y Argentina,
reafirmando la vocación democrática de la región. Sin embargo, es improbable
que en los documentos finales se exprese algo sobre la tremenda manipulación
mediática nacional e internacional sufrida por los gobiernos de ambos países,
como así tampoco acerca de la guerra económica ejercida por sectores
especuladores en el país caribeño. Una especial nota de preocupación se hará
oír seguramente sobre las dificultades para completar el proceso en la elección
presidencial en Haití, aunque es difícil que la Cumbre mencione la posibilidad
de una cercana retirada de las tropas de la Minustah de aquel país, fuerzas que
lejos de contribuir a la normalización social y democrática, operan como
fuerzas de ocupación.

 

Por otro
lado, no puede descartarse alguna anécdota disruptiva protagonizada por el
recién llegado presidente argentino (o por parte de algún reemplazo si alguna
dolencia menor le impidiera asistir a Quito), atendiendo a las muestras de
sumiso realineamiento con EEUU exhibidas en un reciente encuentro del Mercosur.
Si tal suceso ocurriera, es claro que será controlado por el conjunto, que
difícilmente permita el fracaso de la Cumbre por irrupciones de este tipo.

 

Esto podría
ser además indicador de fortaleza del proceso iniciado, habida cuenta de
recientes indicadores del avance electoral de sectores conservadores, opuestos
a la independización regional de los arbitrios de signo neocolonial.

 

Una tensión
subyacente en este sentido será la amenaza para la soberanía regional del
Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que actualmente involucra
a Chile, Perú, México (y potencialmente como actuales observadores a Costa Rica
y Colombia). Dicho tratado, a ser ratificado este año por los distintos
parlamentos de los países participantes (12 en total), es un instrumento
jurídico que formaliza los intereses de dominio corporativo, evadiendo la
posibilidad de control social democrático. Aún cuando no sea mencionado
explícitamente en los documentos de la Cumbre, es improbable que los
representantes no vean los alcances contraproducentes del mismo, sobre todo en
relación a la incipiente cooperación intraregional en términos de soberanía
tecnológica y la necesidad de los pueblos de acceder a una mejor calidad de
vida.

 

En resumen,
sobrevolará la cumbre, aunque de manera algo atenuada, la tensión dialéctica
persistente entre los intereses subyacentes en los distintos modelos de
integración regional: uno que responde a una visión conservadora, mercantilista
y dependiente y aquel que hace grandes esfuerzos por liberar a estas tierras
del sello colonial que le fue impuesto a través de sucesivas dominaciones.

 

El gran
desafío de esta IV Cumbre de la CELAC será entonces mantener con firmeza la
mira en consolidar la integración soberana con equidad social y desarrollo
sustentables.

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