Pensamiento Crítico
BRASIL

2019-01-21

El xenófobo


A pesar de que apenas el 0,4% de los habitantes en Brasil es extranjero, el presidente Jair Bolsonaro, desafió: "No cualquiera entra en nuestra casa, ni cualquiera entrará a Brasil a través de un pacto adoptado por terceros. No al Pacto Migratorio” de Naciones Unidas.


Por Mariano Vázquez


El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, criticó el Pacto Mundial para la Migración. Eso generó alarma mundial. "Brasil es soberano para decidir si acepta o no migrantes. Quien por ventura venga para aquí deberá estar sujeto a nuestras leyes, reglas y costumbres, como también deberá cantar nuestro himno y respetar nuestra cultura. No cualquiera entra en nuestra casa, ni cualquiera entrará a Brasil a través de un pacto adoptado por terceros. NO AL PACTO MIGRATORIO", tuiteó el pasado 9 de enero de 2019 Jair Messias Bolsonaro.

 

No araba en el mar. El día anterior, el Ministerio de Relaciones Exteriores emitía un telegrama comunicando a las Naciones Unidas la salida de Brasil del Pacto Global para Migración.

 

El despacho diplomático de Itamaraty iba dirigido a las misiones de la ONU en Ginebra con el objetivo de que “informen, por nota, respectivamente al Secretario General de las Naciones Unidas y al Director General de la Organización Internacional de las Migraciones, además de cualquiera de los otros interlocutores considerados relevantes, que Brasil se disocia del Pacto Global para Migración Segura, Ordenada y Regular”. Asimismo, el documento advierte que Brasil no deberá “participar de ninguna actividad relacionada al pacto o a su implementación”.

 

El ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, calificó al Pacto como un “instrumento inadecuado para lidiar con el problema (migratorio)”.

 

El pacto global para las migraciones consta de orientaciones para la protección de los expatriados a nivel mundial. El texto comenzó a debatirse en 2007 en busca de respuestas coordinadas entre los países a los flujos migratorios para garantizar los derechos humanos de los migrantes más allá de su nacionalidad y situación. Esta retirada se produce un mes después de que Brasil, bajo el mandato del presidente usurpador Michel Temer, suscribiera el acuerdo supranacional.

 

En la actualidad, producto de las hambrunas, las guerras, los cambios en el clima y el terrorismo internacional el flujo de migrantes ha aumentado a casi 260 millones en el mundo, lo que equivale al 3,4 por ciento de la población global.

 

“La cuestión migratoria es en sí una cuestión global. Todas las regiones del mundo son afectadas por los flujos migratorios, ya sea como polo emisor, o como lugar de tránsito, o de destino. De ahí la necesidad de respuestas de ámbito global”, escribió el ex canciller brasileño Aloysio Nunes en su cuenta en Twitter.


Aloysio, que representó o Brasil en las negociaciones de implementación del pacto, había criticado la idea de abandonarlo ya que el mismo no “autoriza migración indiscriminada” si no que “busca apenas servir de referencia para un ordenamiento de los flujos migratorios. Eso, sin la menor interferencia  con la definición soberana de cada país de su política migratoria”.

 

De esta manera, el Brasil de Bolsonaro se suma a una creciente ola xenófoba de la que participan presidentes como Donald Trump (Estados Unidos), Sebastián Piñera (Chile) y Mauricio Macri (Argentina). Surfean también ese marejada chauvinista gobiernos como los de República Dominicana, Italia, Hungría y Austria.

 

“El pacto mundial migratorio está lejos de ser una respuesta integral a los problemas que enfrentan las personas que migran, tanto en los países de origen como de tránsito y destino. Sin embargo, contiene avances importantes para promover y facilitar la migración regular y proteger a los y las migrantes en situación de vulnerabilidad”, explicó a CLATE el abogado laboralista Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma.

 

Recordó el especialista que el esta herramienta “incluye la necesidad de que los Estados se comprometan a asegurar el acceso a los servicios básicos por parte de todos los migrantes, más allá de su estado migratorio, y el respeto a los derechos humanos sin importar la nacionalidad”.

 

El gobierno de Bolsonaro afirmó que su rechazo al Pacto Global para Migración Segura, Ordenada y Regular se fundamenta en que sus disposiciones afectan su soberanía nacional. Falso. Por un lado, su propio texto expresa que este es “un marco de cooperación no vinculante que reconoce que ningún Estado puede abordar la migración por sí mismo debido a la naturaleza intrínsecamente transnacional del fenómeno”, al tiempo que “reafirma el derecho soberano de los Estados a determinar su política migratoria nacional y su prerrogativa de gobernar la migración dentro de su jurisdicción, de conformidad con el derecho internacional”.

 

Para colmo, Brasil posee uno de los porcentajes de inmigrantes más bajos de toda América. Los argumentos oficiales no se condicen con la realidad. No hay incidencia económica ni poblacional.

 

Un ejemplo del clima de odio creado por la nueva administración ultraderechista ocurrió en la ciudad brasileña de Pacaraima, fronteriza con Venezuela, que ha recibido fuertes contingentes de ciudadanos venezolanos, que han enardecido la xenofobia entre la población local. Bolsonaro agitó el fuego discriminador amenazando: “No cualquiera entra en nuestra casa”.

 

Sobre bases falsas y la criminalización que los gobiernos de derecha ejercen sobre los expatriados es que Bolsonaro puede mentir arteramente a pesar de que las estadísticas oficiales lo desmientan: el porcentaje de migrantes sobre el total de la población de Brasil ronda el 0,4 por ciento, mientras que son aproximadamente 3 millones de ciudadanos brasileños que se encuentran fuera del país. La diatriba intolerante del mandatario afecta a sus conciudadanos en el exterior que, debería saberlo, son protegidos por el pacto global.

 

Las políticas de odio promovidas por el presidente del país más importante de la región “van en consonancia con una tendencia preocupante basada en la gestión de las migraciones desde una perspectiva securitaria y de avasallamiento de derechos, que tiene lugar en la región, pero también en Europa y América del Norte, anclada en una visión inmediatista que juzga las consecuencias y no las causas que llevan a las personas a migrar, utilizando discursos basados en el odio y la violencia sobre quienes migran, falsificando datos para vincular migración a criminalidad y soslayando el aporte fundamental de los migrantes a la economía, la cultura y la sociedad de destino”, argumentó Luis Campos.

 

Reafirmó la necesidad de que “todos los países de nuestra región fortalezcan sus vínculos, facilitando la movilidad de las personas en condiciones regulares y con la garantía de plena vigencia de los derechos humanos sin importar la nacionalidad ni la condición migratoria, garantizando el derecho a migrar, no migrar, permanecer y retornar al lugar de origen”.


Compartir en FB
<anterior            próxima>